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Mundiario 29 Jun, 2026 09:00

Asia se queda en manos de Japón y Australia

El Mundial de 2026 debía ser una oportunidad histórica para el fútbol asiático. Nunca antes una Copa del Mundo había contado con tantos representantes del continente y nunca antes Asia había tenido tantas opciones de demostrar que la distancia con Europa y Sudamérica se estaba reduciendo. Sin embargo, a las puertas de las eliminatorias, la realidad vuelve a plantear algunas dudas.

Nueve selecciones asiáticas lograron clasificarse para esta edición gracias a la ampliación del torneo a 48 equipos. Japón, Australia, Corea del Sur, Uzbekistán, Arabia Saudí, Jordania, Qatar, Irak e Irán consiguieron su billete para una Copa del Mundo que prometía convertirse en la mayor presencia asiática de la historia.

Sin embargo, tras la fase de grupos únicamente sobreviven dos. Japón logró avanzar a las eliminatorias y Australia también sigue en competición, mientras que Corea del Sur, Uzbekistán, Arabia Saudí, Jordania, Qatar, Irak e Irán ya se despidieron del torneo.

La situación deja una fotografía curiosa. Asia ha aumentado su presencia en el Mundial gracias al nuevo formato, pero todavía le cuesta convertir esa presencia en éxito deportivo. Tener más representantes no significa necesariamente tener más candidatos para pelear por las rondas finales.

La gran excepción sigue siendo Japón. La selección nipona lleva años consolidándose como la principal potencia futbolística del continente y se ha convertido en una habitual de las eliminatorias mundialistas. Su crecimiento ya no puede considerarse una sorpresa.

La victoria sobre Alemania en Qatar 2022 y sus buenas actuaciones en los últimos grandes torneos han confirmado que es una selección capaz de competir contra cualquiera.

Australia representa un caso diferente. Aunque geográficamente pertenece a Oceanía, forma parte de la Confederación Asiática de Fútbol desde 2006. El cambio permitió a los Socceroos competir regularmente contra rivales de mayor nivel y abandonar una Oceanía en la que apenas encontraban oposición.

Dos décadas después, la decisión parece plenamente justificada. Desde su llegada a Asia, Australia se ha clasificado para todos los Mundiales y ha conseguido mantenerse como una de las selecciones más competitivas de la región.

Aun así, los números reflejan que el salto definitivo sigue pendiente. Mientras Europa mantiene una enorme presencia en las eliminatorias y Sudamérica continúa colocando a buena parte de sus representantes entre los favoritos, Asia sigue dependiendo de uno o dos equipos para sostener sus aspiraciones.

 

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El problema para Asia es que sus dos supervivientes afrontan ahora desafíos de máxima dificultad. Japón tendrá que medirse a Brasil, una de las grandes favoritas al título, mientras que Australia se enfrentará a Egipto, una de las selecciones más sólidas de esta edición. Sobre el papel, ninguno de los dos representantes asiáticos partirá como favorito, lo que refuerza la sensación de que el continente todavía depende de actuaciones excepcionales para competir con las grandes potencias.

Ahora toda la presión recae sobre Japón y Australia. Son los últimos supervivientes de un continente que llegó al Mundial con nueve representantes y que vuelve a mirar a sus dos referentes habituales para demostrar que el crecimiento del fútbol asiático es algo más que una cuestión de plazas disponibles. Porque aumentar la cantidad era el primer paso. El siguiente consiste en competir de verdad con las grandes potencias del fútbol mundial. @mundiario

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