Mientras la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) insiste en mantener una estrategia basada en bloqueos, plantones, chantajes y presión política. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) fijó una postura que marca una diferencia de fondo sobre el futuro de la educación pública en México.
En un pronunciamiento dirigido al Gobierno de la República, a los trabajadores de la educación y al pueblo de México, el SNTE rechazó de manera categórica “cualquier forma de radicalismo, violencia, provocación, chantaje o extorsión”, al tiempo que reivindicó el diálogo como la única vía para resolver las diferencias entre el magisterio y las autoridades.
No se trata de una declaración menor.
Durante años, la CNTE ha convertido al chantaje en su principal espacio de negociación. El cierre de carreteras, los bloqueos ferroviarios, el secuestro de vialidades, la toma de edificios públicos y los plantones en el corazón de la Ciudad de México se transformaron en instrumentos de presión para arrancar concesiones presupuestales y políticas.
Los costos de esa estrategia los pagaron millones de ciudadanos, miles de comerciantes y, sobre todo, los estudiantes que dejaron de recibir clases.
El mensaje del SNTE apunta justamente en sentido contrario.
La organización encabezada por Alfonso Cepeda Salas sostiene que la defensa de los derechos laborales del magisterio puede realizarse sin afectar el derecho superior de niñas, niños y jóvenes a recibir educación.
La escuela, afirma el sindicato, sigue siendo el espacio donde verdaderamente se construye el futuro del país.
Y tienen razón.
Ninguna nación alcanza mayores niveles de desarrollo cerrando escuelas. Ninguna economía mejora cuando los alumnos permanecen semanas sin clases. Ningún proyecto de país puede consolidarse si millones de estudiantes acumulan rezagos educativos provocados por conflictos políticos ajenos a las aulas.
México necesita maestros enseñando, no maestros bloqueando.
La verdadera transformación comienza frente al pizarrón, no en el chantaje. Se construye en cada salón de clases donde un niño aprende a leer, donde un adolescente descubre la ciencia o donde un joven encuentra herramientas para aspirar a una mejor calidad de vida.
Ahí nace la igualdad de oportunidades.
El propio comunicado del SNTE recuerda que su prioridad es fortalecer la escuela pública como el principal instrumento para combatir la desigualdad social.
Esa visión coloca nuevamente a la educación como política de Estado y no como moneda de cambio en negociaciones políticas.
El contraste con la CNTE resulta inevitable.
Mientras una organización reivindica el diálogo institucional, la otra continúa apostando por la confrontación.
Mientras una defiende que las escuelas permanezcan abiertas, la otra utiliza la suspensión de clases como mecanismo de presión.
Mientras una privilegia la construcción de acuerdos, la otra mantiene la lógica del conflicto permanente.
No significa desconocer que existen demandas legítimas del magisterio. Las hay y deben atenderse. Salarios, prestaciones, condiciones laborales, infraestructura escolar y fortalecimiento del sistema educativo requieren soluciones de largo plazo.
Pero esas respuestas difícilmente surgirán mediante el chantaje o la afectación de millones de estudiantes.
La educación no puede seguir siendo rehén de intereses políticos ni económicos.
México enfrenta enormes desafíos en competitividad, innovación, desarrollo tecnológico y formación de capital humano. En ese contexto, cada día perdido en las aulas representa una oportunidad menos para una generación completa.
Por ello resulta relevante que el sindicato magisterial más numeroso de América Latina haya decidido enviar un mensaje claro: la educación debe estar por encima de la confrontación.
Hoy, más que nunca, el país necesita escuelas abiertas, maestros enseñando y alumnos aprendiendo. Necesita construir oportunidades, no bloquearlas; formar ciudadanos, no utilizarlos como rehenes de disputas sindicales.
Porque el futuro de México no se escribe en los plantones, en la parálisis institucional educativa, en el rezago y la deficiente calidad de la educación y en servidores públicos envueltos en el sospechosismo de actividades criminales.
Se escribe todos los días en cada salón de clases del país.