Alemania y Países Bajos quedaron fuera del Mundial 2026 en dieciseisavos. Dos selecciones históricas, dos eliminaciones europeas y dos tandas de penaltis que movieron el torneo. Pero meter en el mismo saco la victoria de Paraguay y la de Marruecos sería simplificar demasiado lo ocurrido.
Lo de Paraguay ante Alemania sí tiene todos los elementos de una gran campanada. Alemania llegaba como décima selección del ranking FIFA y con el peso histórico de una tetracampeona del mundo.
Paraguay, en cambio, aparecía mucho más lejos de la élite, en torno al puesto 41. La distancia entre ambas era evidente en prestigio, ranking y expectativas previas.
El partido terminó 1-1 y Paraguay se impuso en los penaltis. Fue una victoria de resistencia, carácter y supervivencia ante una selección alemana que volvió a quedarse corta en un Mundial. Por contexto, por diferencia de ranking y por historia, la eliminación alemana sí entra de lleno en el territorio de la sorpresa.
El caso de Marruecos es distinto. El impacto mediático fue enorme porque enfrente estaba Países Bajos, una selección con tradición, nombre y peso en el fútbol europeo. Pero Marruecos ya no puede analizarse como una revelación pasajera. Llegó a este Mundial por delante de Países Bajos en el ranking FIFA: séptima frente a octava. La diferencia, por tanto, no era la de un gigante contra un invitado incómodo, sino la de dos selecciones instaladas en la zona alta.
Además, Marruecos venía de cambiar su propia historia en Qatar 2022. Fue cuarta, alcanzó las semifinales y se convirtió en la primera selección africana y árabe en llegar tan lejos en una Copa del Mundo. Aquello pudo parecer una gesta aislada en su momento, pero cuatro años después empieza a leerse de otra manera: no fue solo una sorpresa, fue el inicio de una consolidación.
Por eso la lectura no puede ser la misma. Paraguay rompió el pronóstico ante Alemania. Marruecos confirmó que ya pertenece a la élite internacional. El mérito de los marroquíes no es menor por no ser una sorpresa absoluta. Al contrario: su mérito está precisamente en haber dejado de ser una selección que necesita asombrar para ser tomada en serio.
La victoria ante Países Bajos mantiene esa línea. Marruecos fue superior, generó más ocasiones y tuvo más argumentos para ganar el partido antes de llegar a los penaltis. Países Bajos, en cambio, volvió a caer en un plan demasiado reconocible con Ronald Koeman: adelantarse, proteger la ventaja y dejar de ser una selección realmente propositiva. El problema es que Marruecos no solo resistió ese escenario, sino que lo terminó inclinando a su favor.
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— Équipe du Maroc (@EnMaroc) June 30, 2026
Ese es el verdadero cambio de este Mundial. Paraguay firmó una de las historias más inesperadas del torneo. Marruecos, en cambio, firmó una victoria que confirma una realidad cada vez más evidente. No todas las eliminaciones de una potencia europea significan lo mismo. Algunas son un golpe inesperado. Otras son la demostración de que el mapa del fútbol ha cambiado. @mundiario