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El Diario 06 Jul, 2026 07:14

David Faitelson: Otra noche más...

A las 9 de la noche con 7 minutos, el Azteca estaba exhausto. No tenía de dónde sacar más fuerza. No tenía un último aliento, un canto, algún grito, alguna consigna. Estaba completamente agotado.

El cielo estaba obscuro y el final era evidente. Guillermo Ochoa lloraba desconsolado mientras Harry Kane saltaba corriendo desde la banca como si el tema de la altitud no le afectara.

La música también había cambiado: los ritmos de Juan Gabriel que sonaron durante gran parte de la tarde habían cambiado por el "Hey Jude" de los Beatles. Los ojos enrojecidos, las manos que intentaban ocultar las lágrimas.

Se acabó. El sueño terminó en la fresca noche del verano del sur de la Ciudad de México.

Raúl Jiménez hablaba enérgicamente en el medio del círculo. Sus compañeros escuchaban.
No hubo ni un solo reclamo para los futbolistas mexicanos. La gente estaba triste, agobiada y puede que algo decepcionada, pero entendían que cada jugador dejó todo lo que tenía en la cancha y que no había nada que refutarles.

Un niño es abrazado por su papá. Una pareja de jóvenes se consuelan mutuamente. Una abuelita trataba de tranquilizar a sus nietos. El estadio estaba sufriendo.

Para esto le alcanzó justamente a México. Dentro de un panorama que parecía sombrío, estos futbolistas esparcieron la ilusión por el graderío y por las calles.

Mostraron una cara del País que todos sabíamos que existía, pero que era necesario mostrar. Llevaron buenas noticias para un pueblo ávido de ellas, sonrisas a barrios desamparados y esperanza a pueblos que lo necesitan.

En la cancha había una fecha de caducidad. Lo sabíamos todos. Porque el "¿Y si, sí?" y la altitud sobre el nivel del mar no serían suficientes cuando el grado de dificultad subiera. Alcanzó para Sudáfrica, para Corea, para Chequia y hasta para Ecuador.

Los ingleses son los ingleses. Sus futbolistas son mejores que los nuestros. Se cometieron tres errores puntuales en defensa que terminaron costando muy caro y cuando quisimos regresar, siempre faltaba algo para hacerlo.

Del 0-2 al 1-2, luego, cuando teníamos una ventaja numérica en la cancha, viene el desprendimiento y el penalti que Harry Kane cobró para la sentencia definitiva.

Todavía hubo tiempo de volver con más ímpetu que orden e ideas. No fue posible. Centros y centros y más centros. Pickford sacaba de puños, Guéhi despejaba de cabeza. Aguirre sacó a Quiñones y jugó con 3 centrodelanteros. Ni así alcanzó.

No fuimos a Cuartos de Final porqué no pertenecemos al club de las 8 mejores Selecciones del mundo. No se trasciende en el futbol por pasión, deseo, delirio en las calles. Se hace tomando las decisiones adecuadas, escogiendo a los personajes indicados, con estructura, orden, planeación y visión.

Necesitamos crear más futbolistas, para tener tres como el niño Mora y dos como Erik Lira y llevarles hasta las mejores Ligas del mundo para cuando llegue el momento de ponerlos frente a Bellingham, Kane, Rice o Gordon, puedan competir en el mismo nivel.

¿Qué hace distinto a lo de anoche a otros momentos en la historia del futbol mexicano?
¿San Nicolás de los Garza 1986? ¿East Rutherford 1994? ¿Montpellier 1998? ¿Jeju 2002? ¿Leipzig 2006? ¿Soweto 2010? ¿Fortaleza 2014? ¿Samara 2018? Volvimos a competir como siempre y a perder como siempre. Sólo que esta vez lo hicimos en casa, lo cual, notablemente era una ventaja.

No la pudimos aprovechar porqué la realidad es que no tenemos el futbol para hacerlo. Lo que Aguirre y este grupo de jugadores hicieron fue muy notable. Convirtieron una época de desgracia en una de esperanza. Hasta ahí alcanzó.

"Hey Jude, don't make it bad". La voz de John Lenon sonaba por los altavoces del Azteca.
Los futbolistas, cabizbajos, en camino al vestuario. Los aficionados, apesadumbrados, buscaban las rampas de salida.

Otra noche más en la historia del futbol mexicano, donde llorar ayuda para desahogarse, donde reír ayuda para olvidarse. Otra noche más donde despertamos abruptamente de un sueño.
Otra noche más.

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