Los tiempos de crisis siempre son aprovechados para hacer dinero, sacar ventaja política y hasta para concretar actos de corrupción. Los políticos, policías y gobernantes entienden muy bien este sistema. La crisis de seguridad que se vive en ciertas zonas de Baja California tiene un ingrediente que se esconde en los entretelones de la mesa de seguridad: la impunidad policíaca en los operativos ilegales.
Nadie se opone a la mano dura contra los delincuentes, o a que el Narco deje de operar impunemente por nuestras calles y en las actividades ordinarias en nuestros barrios. La principal exigencia ciudadana es la seguridad, que actúen con todo el peso de la ley y con una estrategia efectiva que represente mano dura contra las células del crimen organizado.
Pero, esto no es el día o el mes de la purga; no se trata de que aprovechando la crisis de seguridad y de violencia en el Valle de Mexicali tengan carta abierta o luz verde para que los policías estatales hagan lo que quieran, desde “reventar” casas sin orden de cateo, robar dinero o “mercancía”, detener a transeúntes o automovilistas por su simple aspecto.
Es grave lo que ocurre en Baja California con el asesinato de cuatro policías en menos de dos meses: Un mando de la Fiscalía en Ensenada y otro en Tecate, mientras que el pasado fin de semana fueron acribillados los agentes de la FESC: Rubén López Orduño y Enrique Guerrero Sánchez.
Para armar los operativos y poner de “cabeza” al Valle de Mexicali tuvieron que matar a dos agentes de la FESC, después de que el narco amenazó a los policías que participaron en el operativo contra “El Isra” de Los Rusos, en donde la Unidad de Inteligencia abatió a su cuñado, “El Compadre Guicho”.
Al interior de la Fuerza Estatal de Seguridad se viven dos realidades: la de los mandos militares que busca justificar y esconder la realidad con operativos ilegales a través del Grupo PROTEO, y la de los mandos civiles, cuyos policías se sienten impotentes y desesperados que ya comenzaron a cometer abusos de autoridad e ilegalidades con la famosa Unidad Técnica de la FESC.
Varias familias denunciaron cateos ilegales y robos de artículos de sus casas en el Valle de Mexicali; en diferentes ejidos reventaron las puertas de sus casas, en la mayoría no había nadie. En otros domicilios que sí son casas de seguridad del narco (que siempre supieron dónde y cómo operaba) se hicieron perdedizas varias cosas, entre ellas dinero.
Desde el domingo 28 de junio, son 12 células de agentes de la Fiscalía, Guardia Nacional, FESC y militares que tienen luz verde para hacer lo que quieran en la zona sur y norte del Valle.
En estos operativos no hemos visto a los Harfuch (agentes federales de la Secretaría de Seguridad Ciudadana), ni tampoco hemos visto al helicóptero y aviones de caza militares como cuando descubrieron dos hangares en el Kilómetro 57.
Pareciera que para esconder las ilegalidades de la FESC, la estrategia de Laureano Carrillo es “lavar” la cara de la corporación con boletines de prensa sobre cateos en dos casas de seguridad, pocas armas decomisadas, vehículos con reporte de robo recuperados y una docena de detenidos, sin que hasta el momento hayan capturado a alguno de los autores materiales o intelectuales de los asesinatos de los policías estatales.
REFLEXIÓN EN VOZ ALTA: Los policías de la FESC deben recordar que los mandos militares en poco más de 1 año se van a ir condecorados a sus casas en el centro del país o a Europa como Tizoc Aguilar, mientras que ellos y los mandos civiles aquí se quedarán a enfrentar todas las ilegalidades de los operativos. Los están usando como carne de cañón, otra vez.
*- El autor es periodista de Baja California.