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El Imparcial 07 Jul, 2026 09:44

Tensiones México-EU endurecen el T-MEC

Efecto Multiplicador

La revisión anual del T-MEC hasta el año 2036 marca definitivamente un cambio de paradigma.

Durante tres décadas, desde el Tlcan hasta la primera etapa del nuevo tratado, Norteamérica apostó por la estabilidad como principal incentivo para atraer inversión. Hoy (desde la semana pasada -desde el 1 de julio-), la lógica es distinta: La integración económica queda sujeta a una supervisión política permanente.

La explicación no puede reducirse a una sola causa.

Estados Unidos ha endurecido su política comercial por razones que incluyen la competencia estratégica con China, la relocalización de cadenas productivas, la seguridad nacional, la migración, el combate al tráfico de fentanilo y la exigencia de mayor certidumbre para las empresas.

A ello deben sumarse las controversias comerciales acumuladas en materia energética, agrícola y laboral, así como diferencias regulatorias que han generado paneles de solución de controversias.

México tampoco llega a esta revisión en su mejor momento.

Aunque nuestra nación se mantiene como uno de los principales socios comerciales de EU, persisten factores que elevan la percepción de riesgo: Inseguridad en corredores industriales, incertidumbre regulatoria, debilidad del estado de Derecho, cuestionamientos sobre la autonomía de algunas instituciones (principalmente el poder ejecutivo y el judicial más el INE) y conflictos derivados de reformas constitucionales.

Ninguno de estos elementos explica por sí solo la postura estadounidense, pero en conjunto contribuyen a un ambiente de mayor escrutinio.

Los números ilustran tanto las fortalezas como las vulnerabilidades; México exporta anualmente más de 600 mil millones de dólares, de los cuales alrededor del 80% tiene como destino a los consumidores y a la industria de la Unión Americana.

La manufactura representa aproximadamente el 90% de las exportaciones mexicanas, mientras que la Inversión Extranjera Directa (IED) supera los 38 mil millones de dólares anuales en años recientes. Esa integración convierte a México en un actor indispensable para Norteamérica, pero también incrementa su exposición a cualquier cambio en la relación bilateral.

El riesgo económico no necesariamente será una salida masiva de inversiones.

Es más probable observar un fenómeno distinto: Decisiones de inversión más lentas, proyectos escalonados y una mayor preferencia por contratos de manufactura antes que por inversiones permanentes de gran escala.

En otras palabras, muchas empresas podrían optar por producir en México sin comprometer inicialmente grandes activos fijos, mientras evalúan la evolución política y regulatoria de la nación azteca.

Ese escenario tendría grandes costos, pues diversos estudios económicos muestran que la incertidumbre institucional reduce la inversión privada y en consecuencia, el crecimiento potencial.

Si México aspira a expandirse de forma sostenida por encima del 3% anual, requerirá una fuerte aceleración de la inversión productiva. Sí, por el contrario, la incertidumbre mantiene cautelosos a los inversionistas, el crecimiento podría permanecer alrededor de tasas más modestas, insuficientes para cerrar las brechas de productividad frente a otras economías emergentes.

El desafío consiste en ofrecer reglas claras, seguridad jurídica y cumplimiento efectivo del T-MEC. El capital internacional puede convivir con gobiernos de distintas orientaciones ideológicas; lo que difícilmente acepta es la incertidumbre prolongada.

La próxima década (de aquí al 2036) será, más que una revisión del tratado, un examen permanente de la confianza que México sea capaz de generar. El “nearshoring” no desaparecerá por decreto ni por diferencias políticas, pero tampoco florecerá automáticamente.

La competencia por la inversión será cada vez más intensa y los países que ofrezcan mayor certidumbre institucional serán los que capten la mayor parte de la nueva manufactura de Norteamérica. Un Gobierno anti-empresarial, querido por las masas, es veneno para el desenvolvimiento económico; ese que genera empleos y calidad de vida.

NOGALEROS DE CAPA CAÍDA

Los productores sonorenses de nuez están ‘que no los calienta ni el sol’ ante la pérdida de ventas en los mercados asiáticos.

En los albores de este siglo tan sólo en la Costa de Hermosillo existían 2 mil hectáreas de árboles nogaleros y, dos décadas después, la superficie sembrada era 10 veces mayor, al registrarse unas 20 mil hectáreas.

A la fecha tal superficie ha retrocedido por lo menos 3 mil hectáreas y la tumbadera de árboles le sigue de frente aquí y en las diversas regiones agrícolas de Sonora.

¿Qué hacer?

El reto no es sólo producir más nuez, sino migrar de una estrategia basada en volumen a una basada en valor. Si no se acelera esa transición, países como: Sudáfrica, Australia e incluso Brasil nos seguirán ganando participación en el mercado asiático, especialmente en China, que continúa siendo el principal comprador mundial de nuez pecanera.

Javier Villegas Orpinela es presidente del Colegio de Economistas de Sonora, director de Correo y Telegrama y profesor en el Departamento de Economía Unison.

Twitter: @JvillegasJavier

Facebook: Javier Villegas Orpinela

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