El presidente estadounidense ha elevado de nuevo el tono contra los miembros europeos de la Alianza Atlántica, a los que acusa de no haber respaldado suficientemente a Estados Unidos durante sus recientes operaciones militares en Oriente Próximo. Trump asegura sentirse “decepcionado” por la actitud de sus socios y no descarta que Washington pueda replantearse el despliegue de tropas en el continente.
Durante una comparecencia junto al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, Trump explicó que su presencia en la cumbre de la OTAN estuvo condicionada en parte por la implicación del mandatario turco en la organización del encuentro. Según sus palabras, la falta de apoyo europeo habría generado un nuevo motivo de fricción dentro de una alianza que ya arrastra diferencias sobre financiación, estrategia militar y reparto de responsabilidades.
El dirigente estadounidense volvió a insistir en una de sus principales críticas históricas: el coste económico que, según él, asume Washington para garantizar la seguridad de Europa. Trump recordó las grandes inversiones realizadas por Estados Unidos desde la creación de la OTAN y defendió que sus aliados deberían mostrar una mayor reciprocidad.
Groenlandia reaparece en el discurso de Trump
Más allá del pulso con la OTAN, Trump recuperó una de sus ideas más controvertidas: la posibilidad de que Groenlandia pase a estar bajo control estadounidense. El territorio autónomo, actualmente vinculado al Reino de Dinamarca, se ha convertido en un punto recurrente dentro de la visión geopolítica del presidente norteamericano.
La insistencia en Groenlandia refleja el creciente interés estratégico de Estados Unidos por el Ártico, una región donde aumentan la competencia internacional, la importancia de las rutas marítimas y el valor de los recursos naturales. Aunque la propuesta ha generado rechazo entre las autoridades danesas y groenlandesas, Trump mantiene que el control de la zona tendría un valor clave para la seguridad nacional estadounidense.
Este planteamiento se suma a una política exterior más transaccional, en la que la Casa Blanca condiciona sus compromisos internacionales a beneficios directos para Estados Unidos. Una postura que inquieta a varios gobiernos europeos por el riesgo de debilitar los mecanismos tradicionales de cooperación occidental.
Las tensiones también alcanzan a Italia
Trump también abordó sus diferencias con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, con quien asegura haber mantenido una relación positiva antes de que surgieran desacuerdos por la crisis en Oriente Próximo.
El presidente estadounidense reprochó a Meloni no haberse implicado en determinadas acciones relacionadas con Irán y el estrecho de Ormuz, una zona clave para el transporte mundial de petróleo. Aunque afirmó que mantiene una buena valoración personal de la dirigente italiana, reconoció que la relación política se ha deteriorado.
El nuevo episodio evidencia una fractura más amplia dentro del bloque occidental: mientras Estados Unidos reclama mayor alineamiento de sus aliados con sus decisiones estratégicas, varios países europeos buscan mantener una mayor autonomía en política exterior. La continuidad del liderazgo estadounidense en la OTAN vuelve así a situarse en el centro del debate internacional. @mundiario