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Vanguardia 08 Jul, 2026 05:00

Se acabó la tregua incómoda para Sheinbaum

Dicen que a los gobernantes muchas veces les toca escoger entre lo malo y lo peor. Para la presidenta Claudia Sheinbaum, el tiempo que estuvo México en el Mundial fue agridulce: nunca lo disfrutó porque la exhibió, pero le funcionó para distraer la atención tres semanas.

Sheinbaum no lo gozó. Pareció sufrirlo más. Mientras todo México trataba de conseguir un lugar en el estadio, Sheinbaum huía de su butaca asegurada. La Presidenta que presume dos veces a la semana su popularidad de 70 por ciento, no pudo ir al estadio. Le tuvo miedo a los abucheos. Todavía en las mañanas de los días de partido no se atrevía ni a decir dónde lo iba a ver. Lo anunciaba a la mera hora del silbatazo inicial. Así de arrinconada. La Presidenta se escondió, pero eso no la libró de que la abuchearan y corearan negativamente su nombre en los lugares públicos donde el pueblo se reunía a ver los partidos.

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