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El Economista 08 Jul, 2026 07:00

Liderazgo en tiempos mundialistas

En todo México se viven tiempos de éxtasis y euforia por el Mundial de Futbol 2026, del que somos sede. En las últimas semanas hemos presenciado la hermandad entre países con expresiones de entusiasmo y empatía de millones de aficionados que, durante 90 minutos, se olvidan de los conflictos, rivalidades, guerras, carencias y problemas cotidianos; hemos visto como todos dejan de lado las diferencias y se unen en torno a un deporte y a un balón que arrebata la pasión de multitudes.

En esta temporada mundialista los mexicanos hemos sido testigos de situaciones sobrecogedoras e inesperadas, como la sorpresa y agradecimiento de Japón ante el apoyo brindado a su selección, así como la lección de humildad que dio su equipo al disculparse con su afición por haber quedado eliminados; o la muestra de educación al dejar sus lugares en los estadios impecablemente limpios. También destaca el caso de la selección de Irán que agradeció el cálido recibimiento que tuvo en la ciudad de Tijuana, e incluso se escribió una canción resaltando este gesto para difundir las muestras de solidaridad recibidas, sin importar las cuestiones políticas. De igual manera, ha llamado la atención la cantidad de jugadores de ascendencia africana, incluidos como nunca antes, en un gran número de equipos europeos, que nos han regalado jugadas espectaculares.

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Y bueno, para hablar de lo que nos ha entregado la Selección Mexicana de Futbol, no sé ni por dónde empezar:

  • México es el primer país en ser sede de una Copa Mundial de la FIFA por tercera ocasión, adicional a haber sido sede del Mundial Femenil de 1971 (torneo no organizado por FIFA).
  • La Selección Mexicana logró avanzar a octavos de final como líder de grupo, lo cual no sucedía desde 1986.
  • También, se convirtió en la tercera selección en la historia de la Copa del Mundo en ganar sus primeros cuatro partidos sin recibir un solo gol, igualando las marcas de Brasil (1986) e Italia (1990).
  • Además, tenemos a Gilberto Mora, el segundo jugador más joven, después de Pelé, en ser titular en un partido de eliminación directa.

La lista podría seguir y no terminaría de mencionar datos apasionantes que nos tienen a todos al borde del sillón. Pero es aquí donde viene el contraste y el cuestionamiento general. Un millón de aficionados reunidos en torno al Ángel de la Independencia es un reflejo representativo de nuestra sociedad, que muestra gran riqueza en diversidad de género, edad, ideología y estratos sociales alrededor de un objetivo común: apoyar a la Selección Mexicana

¿Y si pudiéramos emocionarnos, unirnos, alinearnos y trabajar juntos por muchas más metas, como mejorar la situación que vive nuestro querido México, en estos tiempos de pesadumbre con dificultades económicas, políticas, de seguridad, empleo, desigualdad, insuficiencia en la cobertura de salud, calidad de educación y todos los problemas cotidianos que aquejan a los mexicanos?

Estoy segura que es posible si todos los que amamos a México nos unimos con el mismo propósito. Pero seamos conscientes, quienes tenemos el privilegio de la educación tenemos también mayor obligación y debemos actuar coordinados ya.

Es tiempo de líderes con fortaleza interna, aptos para capitalizar su experiencia, criterio y madurez para sacar lo mejor de sí mismos en pro de los demás; líderes con autoconfianza, valentía y vocación de servicio, que además de las fortalezas desarrolladas en su trayectoria profesional cuenten con sólidas habilidades humanas, que dejen huella y sean un referente para las siguientes generaciones, para así construir una nación líder y sustentable a largo plazo,  y  entonces y solo entonces, podamos gritar con entusiasmo: ¡Viva Mexico!

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