Luego de cinco años de ausencia, el regreso de Conor McGregor a UFC desata el interés de los aficionados, todo está listo para su primera aparición desde julio de 2021, en la que enfrentará a Max Holloway en una pelea estelar sin título en juego, pero que pone a prueba su legado.
El irlandés vuelve después de un lustro fuera del octágono y lo hace contra un rival que ya venció en 2013, pero que ahora definirá si McGregor conserva algo del peleador que cambió el negocio de las artes marciales mixtas o si su nombre pesa más que su presente deportivo.
La pelea será el combate estelar de UFC 329, programado para el 11 de julio de 2026 en la T-Mobile Arena de Las Vegas.
El evento tendrá como atractivo principal la revancha entre McGregor vs. Holloway 2, con cartelera estelar prevista para las 21:00 horas del Este de Estados Unidos.
Las expectativas en el encuentro son altas, su última pelea terminó con una fractura de pierna ante Dustin Poirier en 2021 y su regreso se produce después de múltiples lesiones, polémicas y una sanción de 18 meses por incumplimientos de localización dentro del programa antidopaje de UFC.
McGregor contra Holloway, la revancha
Conor McGregor y Max Holloway ya se enfrentaron en 2013, en ese entonces McGregor ganó por decisión, aunque era una etapa temprana de ambos dentro de UFC.
Luego de eso Holloway construyó una carrera larga, activa y respetada, especialmente en peso pluma.
McGregor, en cambio, convirtió una carrera más corta dentro de esa división en una plataforma global: fue campeón, noqueó a José Aldo en 13 segundos, subió de categoría, conquistó el cinturón ligero y llevó su figura más allá de UFC.
Esto implica que Holloway representa continuidad competitiva, mientras que McGregor implica impacto, negocio y espectáculo.
La leyenda y el personaje
McGregor no vuelve como un peleador cualquiera, sino como una marca deportiva millonaria.
Su ascenso cambió la forma en que UFC vendió peleas, conferencias, rivalidades y eventos de pago por evento; él convirtió insultos, trajes, predicciones y excesos en parte del espectáculo.
Ese personaje hizo crecer su figura, pero también hace cuestionar cuánto de esa leyenda sigue vivo cuando se apaga la promoción y empieza la pelea.
Por eso UFC 329, más que un regreso, representa un examen en que el exitoso peleador de 37 años debe probar ritmo, timing, resistencia, defensa y poder después de un periodo prolongado sin competir.
Su ego sigue intacto
En la previa, McGregor se definió como “el mejor peso pluma desde Bruce Lee” y reclamó un lugar mayor en las discusiones sobre los mejores de todos los tiempos en esa división.
Pero eso no es sorpresa, es parte de la personalidad de McGregor; sin embargo, vale la pena mencionar que en peso pluma, nombres como José Aldo, Alexander Volkanovski y el propio Max Holloway suelen aparecer con más fuerza en los rankings históricos.
La crítica principal contra McGregor es que su etapa en la división fue brillante, pero corta, y no defendió el cinturón antes de subir de peso.
Su regreso también se da con un discurso más personal, en entrevista con Ariel Helwani, McGregor habló de momentos oscuros, errores y perdón personal.
En ese encuentro expresó la frase “me perdono a mí mismo”, como parte de una faceta más introspectiva antes de su retorno.
Ahora falta saber cómo se desempeña en el octágono, si gana con autoridad, su discurso de renacimiento tendrá respaldo competitivo; si pierde mal, la distancia entre el personaje y el peleador será más difícil de ocultar.
Holloway no es un rival de nostalgia
Respecto al rival, Max Holloway no aparece en esta pelea para completar una postal del pasado, se presenta como un rival con volumen, experiencia y una carrera que lo mantiene dentro de las conversaciones relevantes de UFC, y eso eleva el riesgo para McGregor.
Sin embargo, es importante señalar que la pelea se disputará en peso wélter, no en peso pluma, que es la división donde construyó su mito.
Es decir, una victoria no convertiría automáticamente a McGregor en el mejor de la historia ni tampoco borraría años de ausencia ni preguntas sobre su disciplina, pero sí le permitiría recuperar una posición competitiva y comercial dentro de UFC.
En contraste, una derrota revelaría que el irlandés siendo una figura enorme para el negocio, pero que intenta vivir del pasado, y que tendrían más sentido como espectáculo que como aspiración real a la élite.