Ningún ser humano debería morir en el camino de la migración, denunció el sacerdote Francisco Javier Bueno Guillén, director de la Casa del Migrante en Juárez, al pedir a las autoridades una investigación pronta y transparente sobre los homicidios de las dos mujeres originarias de Ecuador y El Salvador que fueron asesinadas en junio en la Zona Norte de Chihuahua.
“Ante el dolor que no debe pasar desapercibido, desde Casa del Migrante en Juárez expresamos nuestra profunda consternación por el asesinato de dos mujeres migrantes en nuestro estado y, particularmente, por la noticia de que una de ellas permanecía sin ser reclamada en el Servicio Médico Forense”, dijo el sacerdote.
Llegan sus restos con su familia
Hasta el fin de semana, sólo una de ellas había sido entregada a su familia, a través de las autoridades de El Salvador, después de haber sido encontrada sin vida el sábado 27 de junio junto a la carretera de Chihuahua a Ciudad Juárez, a la altura del kilómetro 313, cerca del Rancho El Abuelo; mientras que la otra migrante, que fue estrangulada, golpeada, y encontrada sin vida el 20 de junio cerca de Samalayuca, permanecía en el Semefo, aunque las autoridades de su país ya habían dado a conocer su muerte.
“Más allá de una nota informativa, esta realidad nos confronta como sociedad. Detrás de cada persona migrante hay un rostro, un nombre, una familia y una historia marcada por la esperanza de encontrar un lugar seguro para vivir. Ningún ser humano debería morir en el camino de la migración, y mucho menos permanecer en el anonimato o el olvido”, dijo el sacerdote.
A través de un comunicado de prensa emitido por el propio Bueno Guillén y compartido a través de las redes sociales del albergue católico, hizo un llamado a las autoridades “para que estos hechos sean investigados con prontitud y transparencia, para que las víctimas sean tratadas con el respeto y la dignidad que merecen, y para que sus familias puedan conocer la verdad y encontrar justicia”.
‘Una herida para toda la humanidad’
“También invitamos a la sociedad a no acostumbrarse al sufrimiento de quienes migran. Cada vida perdida es una herida para toda la humanidad.
La indiferencia nunca puede ser la respuesta”, destacó al encomendar las almas de las dos mujeres a la misericordia de Dios.
Además de orar por sus familias, para que encuentren consuelo en medio del dolor, el sacerdote pidió a la Virgen María de Guadalupe, “Madre de los Migrantes, que acompañe a quienes hoy recorren caminos marcados por la incertidumbre y fortalezca a quienes trabajan por la defensa de la vida y la dignidad humana”.