El mercado español de los carburantes afronta una nueva controversia que mezcla competencia, geopolítica y sanciones internacionales. Varios operadores petrolíferos señalan a Petroprix como posible receptor de algunos cargamentos de gasóleo llegados desde Marruecos en los últimos meses, unas importaciones que han levantado sospechas dentro del sector por un posible origen ruso del combustible. La compañía low cost, una de las cadenas de estaciones de servicio que más ha crecido en España, ha evitado pronunciarse sobre estas operaciones.
La investigación interna del sector surge después de que distintos actores hayan detectado un incremento inusual de las entradas de diésel procedente de Marruecos. Según los registros de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), en apenas dos meses llegaron a España cuatro buques con gasóleo desde puertos marroquíes como Tánger o instalaciones cercanas a Casablanca.
Entre esos movimientos se encuentran varios cargamentos que habrían tenido como destino terminales españolas. Fuentes del mercado petrolero consultadas por El País apuntan que el diésel transportado por el buque Aldebaran, que llegó a Bilbao el pasado 22 de mayo procedente de una operación gestionada por Futura Energy, habría sido adquirido por Petroprix. También vinculan a la compañía con el combustible descargado previamente por el Sea Dragon en el mismo puerto vasco y con otro cargamento recibido en Barcelona a principios de mayo a través del buque Kriti Episkopi.
La sospecha del sector no se centra únicamente en quién compra el producto, sino en la ruta comercial utilizada. Desde que la Unión Europea prohibió en 2023 la importación directa de productos petrolíferos rusos como respuesta a la invasión de Ucrania, algunos países terceros han aumentado sus compras de energía a Moscú. Los operadores creen que parte de ese combustible podría estar llegando después a Europa mediante procesos de reexportación.
La ruta Marruecos-Rusia que inquieta al mercado energético
Marruecos se ha convertido en uno de los países señalados por los analistas debido al crecimiento de sus compras de diésel ruso. Según datos de la plataforma Kpler, el país norteafricano importó cientos de miles de toneladas de gasóleo procedente de Rusia durante 2025, una tendencia que se habría mantenido durante 2026.
Los operadores petrolíferos consideran difícil justificar económicamente determinadas operaciones si no existe un importante descuento asociado al producto. Marruecos no dispone de grandes recursos propios de petróleo ni cuenta con una capacidad de refino suficiente para abastecer este flujo, por lo que el atractivo comercial estaría, según estas fuentes, en adquirir combustible más barato y posteriormente redistribuirlo.
Esta situación se produce además en un momento especialmente sensible para el mercado internacional del diésel. La reducción de la oferta disponible, junto a las tensiones geopolíticas en distintas regiones del mundo, ha incrementado la presión sobre los precios y ha convertido cada cargamento en un elemento estratégico.
Competencia, sanciones y el debate sobre el origen del carburante
La controversia plantea una doble preocupación para la industria española. Por un lado, está la posibilidad de que productos vinculados indirectamente a Rusia estén entrando en Europa pese a las sanciones comunitarias. Por otro, las grandes compañías del sector advierten de que estas prácticas podrían generar una ventaja competitiva para determinados operadores capaces de acceder a combustible más barato.
La Asociación de la Industria de los Combustibles de España (AICE) ha defendido la necesidad de perseguir cualquier fraude relacionado con los hidrocarburos y ha señalado que las importaciones cuyo origen pudiera ser irregular afectan al conjunto del mercado.
Desde las compañías independientes de bajo coste rechazan, sin embargo, que estas acusaciones puedan dirigirse contra Petroprix. Fuentes próximas al sector consideran que se trata de una interpretación interesada por parte de competidores tradicionales ante el avance de nuevas cadenas de estaciones de servicio.
Según esta visión, la logística internacional de combustibles funciona habitualmente mediante grandes terminales de almacenamiento desde las que posteriormente se distribuye el producto hacia diferentes mercados. Además, recuerdan que el operador español que compra el carburante recibe oficialmente un producto cuyo origen declarado es Marruecos, sin que exista necesariamente información sobre todos los pasos anteriores de la cadena.
Petroprix, símbolo del auge del modelo low cost
Más allá de la polémica sobre el origen del diésel, el caso refleja la transformación que vive el negocio de las gasolineras en España. Petroprix se ha convertido en uno de los principales exponentes del modelo low cost, basado en precios ajustados, automatización y una expansión rápida de su red.
La empresa prevé alcanzar una facturación cercana a los 1.400 millones de euros en 2027 y, tras la adquisición de las 40 estaciones de servicio de Eroski, contará con unas 245 instalaciones. Fundada por los hermanos Manuel, Raquel y Juan Carlos Santiago en Martos (Jaén), la compañía también ha iniciado su expansión internacional con presencia en Portugal, Chile y Panamá, además de estudiar su entrada en Estados Unidos.
El crecimiento de Petroprix se produce en paralelo a una fuerte concentración del sector. Ballenoil ha sido adquirida recientemente por Moeve, antigua Cepsa, mientras que Plenergy pasó a manos del fondo de inversión Portobello. Un movimiento que demuestra que las gasolineras independientes ya no son actores secundarios, sino piezas clave de la nueva batalla por el mercado energético.
La investigación sobre los cargamentos procedentes de Marruecos todavía no ha demostrado ninguna irregularidad. El Ministerio para la Transición Ecológica abrió actuaciones para analizar la situación, mientras operadores logísticos como Exolum han advertido de la dificultad de rastrear completamente el origen último de un producto que puede pasar por varios países antes de llegar al consumidor final.
El debate, por tanto, va más allá de Petroprix. En juego está la capacidad de Europa para controlar sus cadenas energéticas, garantizar una competencia justa y evitar que las sanciones internacionales pierdan eficacia a través de nuevas rutas comerciales. @mundiario