Desde la eliminación de México, hay quien comenzó a despedir el Mundial. Si bien entendible a nivel local, es prematuro. Falta la final entre España y Argentina, que se antoja inmejorable, y hay cosas que siguen aquí gracias al futbol. Por ejemplo, la colección Gelman, que hasta el domingo se puede apreciar en el Museo de Arte Moderno.
Vayan a visitar el acervo que reúne la mayor cantidad de Fridas y otras piezas de enorme valía (María Izquierdo, Orozco, Rivera…). Si quieren, para no desentonar con el ambiente mundialista, pueden iniciar la visita al revés: pasen y aprecien “Las Futbolistas” (1922), de Ángel Zárraga, una de las veinte que dedicó a esa temática hace un siglo, cuando aún faltaba para el primer mundial (Uruguay, 1930).
Luego ya se pueden dar su vuelta por la Gelman, que no estaría aquí sin el Mundial. Bueno, mitad y mitad: la Gelman iba a terminar su estancia mexicana en junio, pero el gobierno mexicano, puesto contra la pared hasta en temas de cultura, amplió la estancia hasta el 19 de julio para despresurizar la crisis por la polémica venta, perdón, entrega de esa riqueza cultural al banco Santander.
Ayer, apenas terminado el partido, la sala del MAM que alberga a la Gelman comenzó a atestarse. Apúrense. Vale la pena. Y si ya están sintiendo el agüite de que ahora sí es hora de hacer recuentos porque el domingo termina el Mundial, dos consuelos: uno, el cuadro de Zárraga y su vecino “Las Dos Fridas”, de Kahlo, no se irán porque son de la colección permanente del MAM; y dos, dice el gobierno que la Gelman regresa en 2028 al Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. Mientras, el domingo, voy España. ¿Ustedes?