Tras el trascendental partido entre Argentina e Inglaterra, las calles volvieron a recordar que el fútbol puede ser mucho más que un deporte. Los enfrentamientos entre grupos de hinchas argentinos y los incidentes registrados tras la eliminación de Francia en París reabrieron un debate que atraviesa generaciones: ¿dónde termina la pasión y dónde comienza la violencia?
El fútbol genera, muchas veces, una violencia confundida con la pasión. La pasión une, emociona y crea identidad; la violencia destruye, excluye y termina alejando a las familias de los estadios.”
El mundial amplifica las emociones porque el equipo nacional representa mucho más que un resultado deportivo. En el caso del choque entre Argentina e Inglaterra, explica que la rivalidad trasciende lo futbolístico debido a la carga histórica que aún conserva la Guerra de Malvinas. Ese componente emocional, cuando no encuentra límites, puede transformarse en agresividad.
Hay heridas históricas que permanecen en la memoria colectiva y el fútbol suele convertirse en el escenario donde muchas personas descargan frustraciones, nacionalismos extremos o conflictos que exceden completamente al deporte.
Los disturbios ocurridos antes del encuentro entre argentinos e ingleses son, para Molina, un ejemplo de cómo una rivalidad histórica puede ser utilizada por pequeños grupos violentos que nada tienen que ver con el espíritu deportivo. Del mismo modo, los incidentes registrados en París tras la derrota de Francia demuestran que el fenómeno no responde a una nacionalidad determinada.
La violencia no tiene camiseta. Cambian los colores, cambian los países, pero el mecanismo psicológico es el mismo: algunos confunden defender una identidad con atacar al otro, la verdadera pasión futbolera se expresa alentando, emocionándose y acompañando al equipo, no agrediendo a rivales, fuerzas de seguridad o bienes públicos.
El gran desafío de federaciones, clubes, gobiernos y medios de comunicación es educar para que la pasión siga siendo el alma del fútbol y nunca una justificación para la violencia.
En un Mundial donde millones de personas celebran el deporte como un espacio de encuentro entre culturas, los episodios ocurridos en la previa de Argentina-Inglaterra y en las calles de París recuerdan que la emoción más poderosa del planeta también exige responsabilidad. @mundiario