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El Imparcial 18 Jul, 2026 09:07

El dueño mediocre

Dueñez* empresaria

Los hombres mediocres repiten que es mejor malo conocido que bueno por conocer.

Tuve la fortuna de haber sido impactado en mi vida por varios libros. Uno de los que más me marcó fue “El Hombre Mediocre”, de José Ingenieros. Él fue un médico italo-argentino, representante destacado del pensamiento positivista, con ideas muy revolucionarias.

Este libro nos habla de tres categorías de individuos sociales:

El hombre inferior: Aquel que es incapaz de adaptarse a la sociedad debido a sus carencias morales o intelectuales, reduciéndose a ser un lastre, o un parásito.

El hombre mediocre: Aquel que se adapta pasivamente a las normas sociales sin cuestionarlas, carece de individualidad y repite lo que otros dicen actuando como rebaño.

El hombre superior: Aquel que se eleva sobre la masa guiado por un ideal, buscando la magnanimidad, el progreso y la transformación creadora.

Ingenieros describe así al hombre mediocre: Falta de individualidad, detesta la innovación, se refugia en la comodidad de lo conocido, es envidioso y hostil contra el talento ajeno. ¿Identifican a estos personajes?

Podemos también tipificar de esa forma a los líderes: Inferiores, mediocres y superiores. Cuando las instituciones, los gobiernos y la educación caen bajo el liderazgo de hombres y mujeres mediocres, el progreso de la sociedad se estanca. Lo mismo sucede cuando una empresa cae bajo el mando de un dueño mediocre, la creación de riqueza se entumece.

En el ejercicio de la dueñez empresaria nos enfrentamos constantemente a ese enemigo silencioso que no figura en los estados financieros, pero que destruye el valor de las organizaciones de forma implacable. Este enemigo es el conformismo, que es capaz de ocultarse bajo muchas caretas.

La mediocridad corporativa engendra una inercia organizacional paralizante donde nada se renueva. Cuando una empresa es colonizada por este espíritu, las decisiones se diluyen en la burocracia, la dispersión catapulta el costo de oportunidad, la innovación se proscribe y el talento superior es visto como una amenaza.

El mediocre, movido por la envidia y el temor a ser evidenciado, boicotea cualquier intento de disrupción. Es la antítesis del desarrollo. Bajo su mando o influencia, las empresas entran en una esclerosis moral y operativa, se vuelven predecibles, grises y, eventualmente, obsoletas.

La dueñez, como energía renovadora, es una fuerza eminentemente idealista en el sentido que le otorgaba Ingenieros. Es el impulso creador que se niega a aceptar que “las cosas siempre se han hecho así”.

Mientras el mediocre imita, el buen dueño imagina y transforma, rompe la gravedad del conformismo porque posee un ideal de futuro y una visión de largo plazo que provoca incomodidad, cuestionamiento constante y la audacia de asumir riesgos calculados.

El liderazgo de dueñez exige tres condiciones que el hombre mediocre jamás podrá cumplir:

Criterio propio: Capacidad de decidir con base en convicciones e intuición estratégica, no por sistema. Quien carece de juicio propio no puede gobernar una empresa.

Coraje patrimonial: Disposición a arriesgar recursos y reputación en pos de la trascendencia del negocio. Jugar a lo seguro preserva la riqueza… por un tiempo.

Humildad intelectual: Apertura para rodearse de mentes superiores y delegar la operación para enfocarse en el verdadero gobierno. El empresario arrogante tarde o temprano pierde la realidad o destruye a su equipo.

Para que una empresa familiar o institucional sobreviva y florezca en mercados hipercompetitivos, es imperativo desterrar la cultura de la mediocridad de sus órganos de gobierno. Necesitamos rescatar el valor de la inconformidad.

El dueño superior es un líder visionario, magnánimo, echado para adelante, innovador, que nunca termina de mirar hacia arriba. El inferior es aprovechado, limitado, no es fiar. El mediocre, va con la corriente.

La dueñez no es una posición jerárquica, es un estado mental y una disciplina de liderazgo. Es el antídoto definitivo contra la inercia del conformismo en una dinámica de renovación perpetua. Sin dueñez, sólo queda la lenta agonía de la mediocridad.

Carlos A. Dumois

[email protected]

http://www.cedem.com.mx

Carlos A. Dumois es presidente y socio Fundador de Cedem.

* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

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