Sergio Valle
México está convertido en un gran laboratorio político.
Somos algo así como 130 millones de ratones sometidos a pruebas de todo tipo para medir tolerancia, la capacidad que como sociedad tenemos de convertirnos en una masa verdaderamente crítica o si confirmamos, como el PRI lo hizo durante décadas, que somos borregos domesticados a los que se nos puede someter a cualquier clase engaño, por burdo que sea y seremos capaces de tolerarlo, de ignorarlo, de perdonarlo… y de pedir más.
O será acaso que tal experimento está terminado ya y la conclusión es que de plano como sociedad y como democracia naciente y en desarrollo (es un decir) nomás no tenemos remedio.
Habrá antropólogos que puedan explicarlo de forma mucho más detallada y más documentada que este reportero.
El caso de la gobernadora morenista de Baja California, Marina del Pilar Ávila, ha tomado tintes de película de Luis Estrada, en el que un absurdo es cubierto con otro y ese con otro más.
La exhibida que se le está dando a la señora alcanzó esta semana niveles (más) escandalosos, cuando surgen nuevos audios en los que ofrece información abordada en las mesas de seguridad a personas que ella misma dice no saber quiénes son.
Luego sale y culpa al ex gobernador Jaime Bonilla, también morenista en su momento, de haberla engañado diciéndole que le gestionaría una reunión con representantes del Gobierno de los Estados Unidos para buscar una solución al problema de su visa revocada.
No sé, se me ocurre que la señora puso en marcha alguna estrategia en la que es mejor quedar como tonta que como corrupta.
Pero no la limitemos, igual y tiene aptitudes para las dos cosas.
La masa acrítica compuesta por decenas de millones de mujeres y hombres en este País podría ser también la apuesta.
Por eso le digo, igual y ese experimento ya terminó y resulte que ya tienen bien medidas las cosas y saben que mientras sigan regalando cosas podrán seguir haciendo tropelías.
Igual y sí, el problema es que esa masa es desorganizada, a diferencia de esa otra masa verdaderamente crítica que tiene capacidades de organización y de cuestionar en masa y de forma articulada las acciones y los errores de un régimen.
Al final es problema también interno porque dentro del régimen subyacen sentimientos encontrados de grupos conformados por mujeres y hombres de bien que impulsaron un cambio de régimen pensando honestamente que las cosas iban a mejorar.
Al menos en términos de combate a la corrupción y un ejercicio de Gobierno decoroso y de altura de miras.
El PRI tenía mecanismos de autodepuración que se activaban al momento de que las cosas eran irreversibles, cuando un problema era insalvable o cuando un personaje estaba reventado políticamente y eso ponía en riesgo al sistema dominante.
De inmediato se depuraba, las personas problema eran expulsadas y se re oxigenaba la vida interna del partido en el poder.
Pero aquí no pasa eso, entre más de hunden más escupen.
En Palacio Nacional las presiones y los debates internos deben estar intensos, apasionados, largos y sin conclusión.
Mire que poner a la Presidenta a defender a Marina.
Sigue sucediendo lo que aquí mismo les dije hace un par de colaboraciones, que la Presidenta sigue deteniendo el cerco y enfrentando los problemas causados por aquellos y aquellas que le fueron heredados por su antecesor.
Porque Marina también fue sembrada ahí por AMLO, el propio Bonila confirmó esta semana que ella no había ganado las encuestas, pero fue impuesta por el entonces líder nacional de Morena, Mario Delgado, heredado también del macuspano que ahora firma como secretario de Educación Pública.
Y para rematar le liberan una orden de aprehensión al ex gobernador panista de Baja California, Ernesto Ruffo Appel, involucrándolo en una investigación por huachicol fiscal.
El momento político no podía ser más arriesgado, pero el régimen parece estar echando su resto.
Ya veremos quién más le ha visto la cara a la Gobernadora del Estado vecino, lo cual al parecer es frecuente y es fácil… o al menos eso quiere aparentar.