HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
El Diario 18 Jul, 2026 19:34

Periodista peruano escribe libro sobre su detención por el ICE

Como periodista, ha sido instinto para Ricardo Quintana Chávez registrar lo que lo rodea, ya sea escribiendo en su libreta de reportero o grabando con su celular cada vez que algo le llama la atención.

Durante su tiempo en Alligator Alcatraz y después en Camp East Montana –instalaciones de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) plagadas de acusaciones de abusos a los derechos humanos–, la única herramienta a su disposición fue su memoria.

“Tu mente está entrenada para ver todo desde un punto de vista periodístico”, dijo Quintana a El Paso Matters en español, durante una entrevista telefónica reciente desde su casa en Callao, Perú, cerca de Lima. “Vi tantas cosas, pero no tenía lápiz ni papel, así que tenía que decirme a mí mismo: ‘Toma nota, recuerda esto’”.

“¿Pero al igual, cómo lo puedo olvidar?”, dijo.

Quintana, de 57 años, originario de Perú, había vivido en Estados Unidos durante cuatro años cuando la policía lo detuvo el verano pasado por vender ceviche sin permiso en una playa de Florida, una infracción civil que por lo general conlleva solo una multa. En cambio, fue arrestado y transferido a custodia del ICE, pese a tener un caso de asilo pendiente que le permitía permanecer y trabajar en el país mientras esperaba su audiencia migratoria. Pasó unos 50 días bajo detención del ICE, antes de aceptar un incentivo de salida voluntaria y ser regresado a Perú en septiembre.

Ahora, ocho meses después, Quintana ha autopublicado un libro, “Alias Ceviche: Un Periodista Peruano. 7 Cárceles del ICE”, en el que documenta sus experiencias bajo detención en instalaciones del condado y del ICE tras su arresto. La edición en pasta blanda, de 172 páginas, y una edición para Kindle salieron a la venta en mayo.

“Esta no es una historia de odio. No es un manifiesto político. Podría haber momentos en los que esto se lea como un reclamo, y no me voy a disculpar por eso”, se lee en el epílogo.

“Pero no es el propósito. Es simplemente lo que vi, lo que sentí, lo que aprendí en esas semanas que cambiaron mi vida para siempre”, escribe.

En un comunicado enviado por correo electrónico, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) dijo que un caso de asilo pendiente o una autorización de trabajo no confieren ningún tipo de estatus legal en Estados Unidos. “Si una persona entra a nuestro país de manera ilegal, está sujeta a detención o deportación. Cada extranjero ilegal recibe el debido proceso”, señala el comunicado.

Igual que 400 mil migrantes más

Quintana forma parte de los aproximadamente 400,000 inmigrantes que han sido ingresados a detención migratoria a partir de un arresto en el interior del país —y no en la frontera— desde que el presidente Donald Trump asumió el cargo para un segundo periodo en enero de 2025, de acuerdo con el Instituto Brookings.

El DHS afirmó en enero que más de 600,000 personas habían sido deportadas en 2025, incluidas aquellas que fueron rechazadas en la frontera por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés), aunque organizaciones que dan seguimiento al tema ubican las deportaciones del ICE más cerca de las 350,000, sin contar los rechazos fronterizos. Un monitor de vuelos de deportación de la organización Human Rights First reporta al menos 3,300 vuelos de deportación de enero de 2025 a mayo de este año, aunque el número de pasajeros por vuelo no está disponible públicamente.

Los ampliamente criticados esfuerzos de detención masiva han generado una multitud de acusaciones de violaciones a los derechos humanos y a las prácticas federales de detención, incluidas las de Camp East Montana.

Mientras que estaba previsto que se abrieran centros adicionales de detención masiva bajo la exsecretaria del DHS, Kristi Noem, entre ellos uno en El Paso, el director interino del ICE, David Venturella, indicó recientemente que el parque industrial de bodegas planeado en la ciudad de Socorro, previsto para albergar a 8,500 detenidos, se reducirá de tamaño y en su lugar incluirá un centro de entrenamiento, dijo la representante federal Verónica Escobar, demócrata por El Paso.

Y justo un año después de su apertura, Alligator Alcatraz —una instalación de detención migratoria dentro de la Reserva Nacional Big Cypress, en Ochopee, Florida— completó este mes el traslado de todos sus detenidos a otras instalaciones, y el Departamento de Seguridad Nacional citó preocupaciones por huracanes. El DHS no ha revelado cuántas personas fueron trasladadas ni a dónde, y no ha dicho si las instalaciones en los Everglades se cerrarán de manera permanente.

Desde el punto de vista de Quintana, los centros de detención masiva nunca debieron haber abierto tan rápido y a una escala tan grande, o simplemente no debieron haber abierto.

En su libro, Quintana relata haber visto a guardias insultar y agredir a los detenidos, y a detenidos pelear por restos de comida, con frecuencia sándwiches de jamón para el desayuno, la comida y la cena. Describe el olor de los inodoros desbordados sin limpieza inmediata: de dos a tres inodoros sin divisiones por celda, para 70 o más detenidos. Recuerda haber escuchado a detenidos llorar de rabia, de miedo, de dolor.

Relata haber estado encadenado al piso en Alligator Alcatraz. Describe que las instalaciones de detención eran abiertamente frías, con las luces encendidas a todas horas. Describe la deficiente atención médica que recibían los detenidos —cuando la recibían—, y cita como excepción a un proveedor de salud que mostró algo de compasión hacia él y hacia otros detenidos.

El DHS, en un comunicado que emite con regularidad a los medios en respuesta a este tipo de acusaciones, dijo que a todos los detenidos se les proporcionan tres comidas al día, agua potable, ropa, ropa de cama, duchas, jabón y artículos de higiene personal, y que dietistas certificados evalúan las comidas. La agencia dijo que brinda “atención médica integral” a los detenidos, y que, para muchos, “esta es la mejor atención médica que han recibido en toda su vida”.

Comparte otras historias

En su libro, Quintana, a quien apodaron “Ceviche” mientras estuvo bajo custodia del ICE, también relata historias de sus compañeros de detención. Escribe sobre ellos bajo sus alias, ya que no siempre recuerda sus nombres reales o, en ocasiones, protege su identidad, dijo.

Estaba “Bacteria”, un plomero cubano de unos 40 años que a menudo bailaba breakdance para entretener a los demás, y “Chispita”, un venezolano de unos 20 años que hablaba abiertamente sobre ser homosexual, hasta que un detenido jamaiquino recién llegado lo amenazó. Eventualmente fueron enviados a celdas distintas.

Estaba “Chiquitito”, un joven hondureño que se parecía al actor Dwayne “The Rock” Johnson, solo que mucho más bajito. Quintana escuchó a “Chiquitito” hablar con su padre en una videollamada. Le pedía perdón por algún error desconocido que había cometido contra la familia en su país. El padre respondió: “nunca”, escribe Quintana.

Y luego estaba Luis “Frío”, un mecánico e influencer venezolano, conocido por sus videos de “cómo hacer” en redes sociales. Mientras estuvo detenido en Alligator Alcatraz, “Frío” enfermó gravemente y fue hospitalizado. Se rumoró que había muerto. Pero en realidad había sido trasladado a Camp East Montana y finalmente fue deportado. Ha seguido ganando seguidores en sus plataformas de redes sociales.

Los detenidos pasaban el tiempo leyendo y jugando cartas; algunos hacían lagartijas contra la pared o abdominales en sus literas. Pero, sobre todo, caminaban de un lado a otro y dormían. Y rezaban por regresar a casa, escribe Quintana.

“La gente no quería quedarse más en los Estados Unidos. Quería su esquina, la señora de la tienda, la comida de su mamá”, se lee en un pasaje de su libro. “Y el sistema los tenía ahí, sin decirles ni cuándo ni por qué, destruyéndolos de a pocos con esa luz artificial y ese frío programado”.

Contenido Patrocinado