Plas Johnson, el saxofonista cuyo sonido quedó grabado en la memoria colectiva gracias al mítico solo de The Pink Panther Theme, ha fallecido a los 94 años en Los Ángeles. Su muerte pone fin a la trayectoria de uno de los músicos de estudio más influyentes del siglo XX, un artista que quizá no siempre ocupó el primer plano, pero cuya interpretación ayudó a definir una de las melodías cinematográficas más reconocibles de todos los tiempos.
La noticia fue confirmada por sus hijos, Eric Johnson y Stephanie Oliver, al diario The New York Times. Aunque su nombre no alcanzó la popularidad de muchos de los artistas a los que acompañó, Plas Johnson fue una figura esencial detrás de cientos de grabaciones y un ejemplo del papel decisivo que los músicos de sesión han tenido en la historia de la música popular.
Su gran momento llegó en 1963, cuando el compositor Henry Mancini confió en él para dar vida al tema principal de la película La Pantera Rosa, dirigida por Blake Edwards y protagonizada por Peter Sellers como el inolvidable inspector Jacques Clouseau. El característico tono sensual, misterioso y juguetón del saxofón de Johnson se convirtió en la firma sonora de la saga y trascendió la propia película.
Mancini explicó años después que había creado aquella pieza pensando en el estilo de Johnson. En sus memorias, Did They Mention the Music?, escritas junto al periodista Gene Lees, el compositor destacó que solía imaginar sus arreglos alrededor de músicos concretos y que el sonido del saxofonista de Luisiana encajaba exactamente con la atmósfera que buscaba.
La grabación de aquel tema también quedó en la memoria de Johnson como una experiencia excepcional. Según contó años después, apenas fueron necesarias un par de tomas para completar la interpretación. La reacción de los músicos presentes, que aplaudieron al finalizar la sesión, confirmó que estaban ante algo especial. El sencillo alcanzó los primeros puestos de las listas de música contemporánea para adultos y terminó ganando tres premios Grammy.
Un músico invisible para el gran público, imprescindible para la industria
La historia de Plas Johnson representa la de muchos artistas que permanecen en la sombra pese a haber participado en algunas de las canciones más importantes de la cultura popular. Su talento no se medía por la fama personal, sino por su capacidad para aportar exactamente el sonido que una grabación necesitaba.
Nacido el 21 de julio de 1931 en Donaldsonville, Luisiana, creció en una familia profundamente vinculada a la música. Su madre era pianista y cantante, mientras que su padre tocaba el saxofón alto. Tras mudarse a Nueva Orleans durante su adolescencia, comenzó a desarrollar un estilo propio que terminaría convirtiéndole en uno de los saxofonistas más solicitados de Estados Unidos.
Con apenas quince años ya tocaba junto a su hermano Ray, pianista, formando el Johnson Brothers Combo. Aquella etapa en Nueva Orleans, una ciudad clave para la evolución del jazz y el rhythm and blues, marcó una identidad musical que después trasladaría a los estudios de grabación de Los Ángeles.
A lo largo de su carrera, Johnson se convirtió en un auténtico especialista en transformar una canción con unas pocas notas. Su manera de tocar, elegante y precisa, hizo que productores y artistas recurrieran constantemente a él cuando buscaban un sonido reconocible y con personalidad.
El saxofonista que acompañó a las mayores estrellas
Su lista de colaboraciones es prácticamente un recorrido por la historia de la música estadounidense. Trabajó con nombres como Frank Sinatra, Barbra Streisand, B.B. King, Marvin Gaye, Nat King Cole, Ella Fitzgerald, Sam Cooke, The Beach Boys, Steely Dan o Rod Stewart.
Harold Battiste, músico y figura destacada de los estudios de grabación de Los Ángeles, llegó a afirmar que cuando los productores no podían contar con Johnson buscaban a alguien que pudiera sonar como él. Una frase que resume el prestigio de un intérprete capaz de convertirse en referencia incluso sin aparecer en las portadas.
El propio Johnson definía su trabajo con una sencillez que reflejaba su profesionalidad. “Solo hay que saber cuándo empezar y cuándo parar”, explicó en una entrevista en 2005. Esa filosofía resume una carrera basada en la escucha, la precisión y la capacidad de ponerse al servicio de la música. @mundiario