La Casa Blanca ha elevado el tono del enfrentamiento con Teherán al anunciar una estrategia de represalias directas contra objetivos civiles estratégicos iraníes. Donald Trump aseguró que cualquier ataque contra embarcaciones en el estrecho de Ormuz será respondido con la destrucción de infraestructuras como puentes o centrales eléctricas, incluso en zonas próximas a la capital iraní.
La amenaza llega en un momento de máxima tensión, después de varios días de operaciones militares estadounidenses contra posiciones vinculadas a las capacidades navales, logísticas y aéreas de Irán. El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) sostiene que sus ataques buscan reducir la capacidad iraní para poner en peligro el tráfico comercial en una de las rutas marítimas más importantes del planeta.
El conflicto se concentra en el estrecho de Ormuz, un paso por el que circula una parte esencial del suministro energético mundial. Aunque Washington afirma que la vía continúa abierta, la realidad es que numerosas compañías navieras han reducido sus operaciones por el temor a ataques con drones, misiles o acciones de bloqueo.
Dos estrechos bajo amenaza y un impacto directo en la economía global
La crisis no se limita a Ormuz. Los hutíes de Yemen, aliados de Irán, han advertido de posibles acciones contra el estrecho de Bab el Mandeb, otra ruta estratégica situada entre el mar Rojo y el océano Índico. Un cierre efectivo de esta zona complicaría todavía más el transporte de petróleo procedente de Arabia Saudí y otros productores del Golfo.
El escenario preocupa especialmente porque una interrupción simultánea de ambas rutas tendría consecuencias globales. Los cargamentos podrían verse obligados a utilizar trayectos mucho más largos, aumentando los costes de transporte y presionando al alza los precios del crudo.
El mercado ya ha reaccionado a la incertidumbre. El barril de Brent llegó a superar temporalmente los 95 dólares antes de moderar la subida, mientras que el precio de los carburantes en Estados Unidos volvió a convertirse en un problema político para la Administración Trump.
Además del impacto económico, el conflicto comienza a generar desgaste interno en Estados Unidos. Parte del electorado conservador cuestiona la duración y el coste de la operación militar, mientras que los demócratas critican una estrategia que consideran incapaz de definir una salida clara al enfrentamiento.
Sin acuerdo a la vista mientras aumentan las víctimas y los ataques
Las vías diplomáticas permanecen bloqueadas. Irán ha buscado apoyo de países intermediarios como Pakistán para mantener abiertos canales de negociación, pero Washington sostiene que Teherán no está actuando con voluntad real de alcanzar un acuerdo.
La tensión también se extiende a otros países de la región. Irán ha amenazado con responder contra instalaciones estratégicas de sus vecinos del Golfo si continúan los ataques estadounidenses. Mientras tanto, se han registrado ofensivas contra posiciones militares norteamericanas en varios países aliados.
El balance humano aumenta con el paso de los días. Estados Unidos reconoce bajas entre sus tropas y cientos de heridos, mientras Irán informa de decenas de civiles muertos y cientos de personas afectadas por los bombardeos. En Teherán se han escuchado explosiones durante la madrugada y las defensas antiaéreas han vuelto a activarse ante nuevos ataques.
El riesgo ahora es que la disputa por Ormuz deje de ser únicamente un enfrentamiento bilateral y se convierta en una crisis regional con consecuencias para el comercio, la energía y la seguridad internacional. La falta de avances diplomáticos mantiene abierta una puerta hacia una escalada de mayor alcance. @mundiario