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El Financiero 25 Mar, 2026 04:48

Dato mata a relato

Soy un convencido de que los países exitosos tienen organizaciones sin fines de lucro fuertes y vigorosas, que funcionan en las grietas que quedan entre el mosaico de lo público y lo privado. Desde caridades que atienden problemas de salud, otorgan servicios educativos de bajo costo, o producen bienes y servicios públicos de información, las asociaciones civiles explican el desarrollo de muchos países del mundo cuyos gobiernos no son disfuncionales, pero que tienen “visión de túnel”, como decía el gran Alejandro Hope, y no ven más allá de lo que cada agencia pública tiene en frente.

Jorge G. Castañeda, pensador, funcionario y político mexicano, hace años escribió un libro llamado “Sólo así: por una agenda ciudadana independiente”. Castañeda explica que el sector no lucrativo es sociedad civil organizada, diálogo público, y contrapesos frente al poder público. En ese libro, supe primero de la idea de que el sector de las asociaciones civiles es relativamente pequeño en México, comparado con el resto del mundo.

El INEGI ubica al tercer sector en una proporción económica cercana al 3 por ciento del PIB. Si hacemos caso a un número calculado por la OCDE en un reporte del 2020 (Taxation and Philantropy, OECD No. 27), el sector tenía 8 mil 763 organizaciones que son donatarias autorizadas, que tenían ingresos aproximados por 47 mil 659 millones de pesos en el año 2018. Eso es entre 0.19 y 0.2 por ciento del PIB. Hay más instituciones sin fines de lucro en México, pero solamente pocas de ellas son donatarias autorizadas por el SAT. El INEGI calcula el PIB total del sector en alrededor del 3 por ciento del producto.

En Estados Unidos, hay más de 1.6 millones de non-profits. Su ingreso aproximado es el 1.4 por ciento del PIB. Alemania apenas factura 0.17 por ciento del PIB en el sector sin ánimo de lucro, pero reporta 600 mil organizaciones. Latvia, un país con 1.9 millones de habitantes, tiene 2 mil. El 23 por ciento del número de AC mexicanas, con el 1.5 por ciento de la población de México.

Las AC en México, especialmente las donatarias, están en un régimen costoso y políticamente riesgoso. Presidentes como los Lic. Echeverría o López Obrador, siempre sostuvieron la teoría de que México es perfecto y no necesita arreglo; en esa lógica, las caridades, instituciones benéficas o educativas, o centros de pensamiento, son innecesarios. Lo decía el presidente López Obrador: si hay mexicanos que quieren mejorar el bienestar de otros mexicanos, deberían trabajar en el gobierno.

Bajo esa narrativa, la cúpula gubernamental ha vendido la historia de que la deducibilidad del donativo hace que los recursos de las AC sean cuasifiscales. Sin embargo, el sector no puede deducir ninguna fracción del ISR pagado a sus asalariados, y en consecuencia, enfrenta un costo laboral más alto que una empresa. Ello margina a muchas de ellas a la informalidad. Segundo, la AC no puede deducir el IVA de lo adquirido, y por lo tanto, es un contribuyente al 100 por ciento en IVA. Tercero, siguiendo al reporte de la OCDE, el 85 por ciento de los ingresos de las donatarias autorizadas viene de “cuotas”, que puede ser aportaciones de sus propios miembros, o trabajo pagado. Esto es un gran contraste con Estados Unidos, otro país donde las AC pueden hacer trabajo que compite con empresas privadas, pero allá esa fuente de ingreso es solamente el 57 por ciento. En Estados Unidos el 13 por ciento viene de la filantropía privada, y en México solamente el 6 por ciento.

Es extraño que, durante el fin de semana, el SAT anunciara que busca revocar la autorización de donataria a organizaciones que, en su mayoría, son críticas del gobierno. Esto, en sincronía con la aparición de una AC de nuevo cuño del presidente López Obrador, creada durante este mismo mes y autorizada como donataria en menos de 48 horas, para enviar donativos a Cuba. El período de autorización es inusitado, por decir lo menos. Cualquier fiscalista capaz hace este tipo de autorizaciones en un lapso de 3 a 6 meses, si te va bien.

Donemos a las AC. Aunque el recibo no sea deducible. Si tu causa son los niños con cáncer, los perros de la calle, o la información del presupuesto público, hay organizaciones que participan en casi cualquier rubro. Y: las AC no son rémoras extractoras de rentas fiscales. Son gente comprometida con causas, que literalmente se juega el pellejo para cambiar una realidad que tercamente nos convence de que no estamos bien.

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