nullLos Blanchet /Caldo de Cultivo
No existe actividad humana a la que, en la percepción del colectivo, se le asocie más a la mentira que la política. Peor aún, dicha asociación, a fuerza del tiempo y a punta de descaro, llega a normalizarse y a aceptarse. Se puede mentir diariamente desde el podio mañanero sin consecuencias.
La pregunta no es acerca de los límites -o la falta de ellos-, que pudiera tener el gobernante en turno para mentir, sino más bien hasta qué punto el gobernado tiene el aguante, la tolerancia o la indiferencia ante el torrente ininterrumpido de falsedades, verdades a medias y versiones acomodadas a conveniencia.
Y no es que no haya habido buena dosis de estos elementos en el pasado, pero hoy, México ya está acostumbrado a la mentira consuetudinaria, a la degradación del discurso político, al abaratamiento del oficio, a la desprofesionalización (si se me permite el término), de la función pública.
Se tergiversa la realidad a pesar de las evidencias. “Es una manipulación digital”, respondieron a la viralización de la mujer que aparece asoleándose en un balcón de Palacio Nacional, con la confirmación de otros testigos también con cámaras, aunque el aparato propagandístico sí la haya usado en la imagen presidencial a propósito de la inundación de Poza Rica el año pasado.
“Fue un rayo el que causó el incendio de la refinería”, aunque el video filtrado muestre un auto explotando en llamas al circular sobre agua con hidrocarburos. “No existe derrame petrolero en el Golfo. Fue culpa de un barco que pasó” y “sólo son unas gotitas”, responden a cuestionamientos sobre el desastre ecológico que sigue fuera de control.
“Se acabó la corrupción”, se decía, mientras se armaba el entramado del huachicol fiscal, el saqueo más masivo y escandaloso de la historia. “Con nosotros la gasolina no costará más de 10 pesos”. Ajá.
“Somos el país más democrático del Mundo”, aseveración contradicha por la cooptación del instituto electoral junto al Poder Judicial y la publicación del V-Dem Institute, que ya nos clasifica como una autocracia electoral.
¿Dónde está el límite? ¿Algún día reaccionarán las ranas dentro de la olla?
La era de la visibilidad
¿Necesidad o Adicción? Vivimos en la total digitalidad. Por lo mismo, la visibilidad y el reconocimiento se han convertido en una moneda de cambio muy valiosa. Las redes sociales y el internet nos ofrecen herramientas para hacernos visibles, para darnos a notar en un mundo cada vez más conectado. Pero, ¿es realmente necesario estar siempre en la vitrina? ¿Qué ventajas y riesgos conlleva esta búsqueda constante de atención? ¿Cuál es la necesidad imperativa de ser visto?
Entendiendo que una sociedad en la que la información es poder, la visibilidad se ha convertido en un objetivo en sí mismo y las redes sociales permiten compartir logros, opiniones y vida personal con el mundo entero, aunque muchos carezcan de todo lo anterior, llevándolos a sólo crear apariencias, banalidades y un sin fin de tarugadas, pero aún así, sienten re bonito que auténticos seguidores desconocidos las “laiken”, aplaudan y hasta las imiten. Eso es un regocijo y alimento para el ego.
En mi percepción, el ego es el amigo imaginario que todos tenemos, que nos hace creer que somos el centro del Universo, la ultima chela del estadio o Juan Camaney en línea torera y que no está del todo mal de repente el “Valórate Princes@” sea gratificante y necesario.
Pero la búsqueda constante de visibilidad también tiene un lado oscuro. La necesidad de alimentar el ego y la falta de resistencia a la frustración pueden llevar a comportamientos poco saludables como la adicción a la validación, la comparación y la envidia, la pérdida de la privacidad, la desinformación y la superficialidad, mismos que han llevado a muchas personas a la depresión y a la falta de reconocimiento como un ser humano común y corriente con un cúmulo de defectos, necesidades y áreas de oportunidad, las cuales yo les llamo de diferente manera en mi humilde francés.
En conclusión, diría que la visibilidad es una herramienta poderosa aunque no es para todos, ya que cuando se exacerba el ego es como darle alas a los alacranes o a las vacas. Si se requiere, debe utilizarse con moderación y conciencia. También es fundamental encontrar un equilibrio entre la necesidad de ser visto y la necesidad de proteger la privacidad y la salud mental.
Mientras intento poner en práctica todo lo anterior, le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.
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