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El Economista 25 Mar, 2026 08:05

La paradoja del bienestar: Trabajadores piden más salud mental y empleadores más productividad

La salud mental en el trabajo plantea una paradoja entre lo que los colaboradores quieren y esperan frente a lo que los empleadores y áreas de Recursos Humanos consideran relevante.

Mientras que dos tercios de los trabajadores opinan que la salud mental tiene una alta prioridad estratégica en el mundo laboral, poco menos de la mitad de los reclutadores de Recursos Humanos la considera en ese nivel de importancia.

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    La brecha entre las expectativas de unos y otros es amplia: 76% de trabajadores encuestados por OCC considera muy importante la salud mental como una estrategia de RH para este 2026, frente al 48% de los reclutadores que le dan ese mismo nivel de prioridad, de acuerdo con el estudio Tendencias de Recursos Humanos 2026.

    No es tan fácil implementar estas prácticas (de bienestar para la salud mental). Considero que por ahí puede estar la brecha (...) no es que no se les esté dando la prioridad, sino que no al mismo nivel como los colaboradores lo necesitan”, de acuerdo con Karen Villanueva, gerente de inteligencia de negocio y mercado de OCC.

    Por qué la salud mental es un asunto de Recursos Humanos

    Esa diferencia respecto la prioridad de la salud mental para los empleadores y reclutadores tiene distintas aristas: desde que sea considerada un gasto, no saber cómo y qué estrategias llevar a cabo o tener un objetivo enfocado sólo en la productividad y beneficio económico, advierten especialistas.

    “(Las empresas) responden a fines distintos. Los centros de trabajo son unidades productoras que están insertadas en un modelo económico que aprecia la acumulación del capital. Eso no tiene nada que ver con la salud mental. Todos los centros de trabajo persiguen un número. Así está organizado nuestro mundo, los centros de trabajo no persiguen la salud”, explica Jorge Mérida, vicepresidente de Salud Mental en el Trabajo del Colegio Nacional de Psicología Clínica para el Trabajo (Conapsit).

    Sin embargo, la salud mental y la productividad sí están relacionadas, de ahí que aquellas empresas que le den prioridad tanto con una cultura libre de prácticas de riesgo que afectan al trabajador y atención tendrán trabajadores más enfocados en sus tareas, en mejores condiciones cognitivas y un bienestar general.

    “Mientras no se den cuenta de la relación entre productividad y bienestar emocional o mental, entonces se va a dar prioridad por parte del empleador a la productividad, mientras que la persona sí le va a dar mayor importancia a su salud”, advierte Marco Antonio Bautista Santiago, psicólogo e investigador y docente en la Universidad Iberoamericana.

    Además, en empresas que sólo priorizan los resultados numéricos y la productividad las prácticas para prevenir y atender transtornos mentales derivados del trabajo puede ser vista como un gasto y parte de la cultura que normaliza el estrés crónico como algo “natural” en el mundo laboral, de acuerdo con Joel Cuéllar López, psicólogo organizacional.

    “Hay una cultura laboral, que se puede resumir en la frase de ‘si no te quieres estresar entonces no trabajes, no hay una diferenciación entre un estrés saludable -que nos permite completar tareas- y un estrés crónico para el que nuestro cuerpo no está diseñado”, detalla Cuellar.

    Trabajadores dan un alta prioridad a la salud mental en el trabajo

    Por su parte, la importancia que otorgan los trabajadores a la salud mental es porque entre un 15% y 20% de la población trabajadora, de acuerdo con Conapsit, tuvo algún transtorno mental en los últimos doce meses.

    “La gente sí se da cuenta porque lo vive: jornadas bajo presión excesiva, estrés elevado, cumplir con cuotas productivas”, expone Bautista Santiago.

    Además, esta importancia a la salud mental tiene un factor generacional, pues las poblaciones menores de 30 años conciben el empleo como parte de su vida, no como su objetivo primordial, por lo que también buscan flexibilidad, autocuidado, y una cultura laboral que no sólo tenga prácticas y beneficios para atender la salud mental sino que no generen riesgos que mermen la calidad de vida del empleado.

    “(Los colaboradores) están viendo, sobre todo trabajadores 30 años o menos, que no sólo la remuneración económica es importante, sino que hay un montón de cosas alrededor del trabajo que sirven como el ambiente del trabajo”, explica Cuellar. Entre ellas menciona pasar menos tiempo en los traslados, convivir más y mejor con familia y amigos, que se respeten los horarios tanto de entrada como de salida.

    El 39% del talento de entre 26 a 30 años de edad y el 37% de la población trabajadora de entre 31 a 40 años considera la flexibilidad laboral como una clave para el bienestar, por encima de las generaciones mayores, de acuerdo con datos de OCC.

    “No solamente quiero una empresa que me dé, quizás, acceso a servicios de salud mental si los necesito, sino también que una empresa que no genere esos elementos riesgosos: inestabilidad en el empleo, escaso reconocimiento, inadecuada supervisión o retroalimentación, sobrecarga de trabajo jornadas prolongadas, trabajo informal, todos elementos riesgosos para la salud mental”, dice Mérida.

    ¿Qué es la salud mental y cómo cuidarla en el trabajo?

    La salud mental es un estado de bienestar físico, social, intelectual y cognitivo que permiten a los seres humanos ser funcionales en sus grupos sociales.

    “Ser funcional, ya sea en la familia, en el trabajo, en su comunidad. La salud mental no es solamente la ausencia de algún problema o ausencia de enfermedad, sino más bien es es como el bienestar que abarca pues todas esas áreas de la vida”, explica Jorge Mérida.

    Una persona que tiene una buena salud mental es exitosa en el trabajo, en sus relaciones interpersonales y desarrolla todo su potencial y es productivo.

    El bienestar mental se afecta cuando se encuentra en un ambiente de tensión constante y que genera estados de estrés, ansiedad o depresión, añade Bautista

    En el espacio laboral es un asunto de corresponsabilidad entre los trabajadores y la organización, la cual también puede obtener beneficios y mejoras en su productivas en tanto cuente con colaboradores mental y emocionalmente saludables.

    “Yo puedo cuidar muy bien, me duermo a mis horas, hago ejercicio, no fumo, no bebo, socializo, pero si la emisión de estos elementos riesgosos no cesan en el trabajo pues por más protección que yo pueda hacer, no voy restablecer mi salud”, explica Mérida.

    Para las empresas también hay un costo al no generar culturas de prevención y atención a la salud mental de los trabajadores. Por ejemplo, una alta rotación de personal, ausentismo de colaboradores que somatizan el estrés, y una “desesperanza aprendida”, es decir, un comportamiento en que harán lo mínimo.

    ¿Qué hacer para cuidar mi salud mental?

    Los especialistas coinciden en que si los factores que desencadenan problemas de salud mental y física en los trabajos no hay autocuidado que pueda garantizar bienestar. Sin embargo, eso no implica abandonarse y dan algunas recomendaciones para realizar tanto en lo individual como por la empresa.

    • Acudir al médico con regularidad para prevenir malestares físicos y mentales.
    • Alimentarse sanamente y realizar actividad física al menos 30 minutos por tres días a la semana.
    • Disminuir el consumo de sustancias como el alcohol.
    • Socializar tanto en el trabajo como fuera.
    • Afrontar problemas de forma activa en lugar de evadirlos.
    • Desplegar autocompasión y aceptación para reconocer los límites propios.
    • Prácticas la respiración consciente.
    • Buscar actividades para canalizar las emociones como cantar, oír música, pintar, colorear.
    • En las empresas promover la sabiduría, es decir, la capacidad de autorregulación emocional, la espiritualidad y definir objetivos trascendentes, como pensar en el beneficio de realizar una tarea laboral.
    • Atender la soledad en el trabajo, promover la socialización, pues la soledad se asocia a menor salud mental y física.
    • Cumplir con la normatividad asociada a mejorar las condiciones de trabajo, como la Norma 035 o la capacitación para eliminar la violencia laboral.Y a nivel de gobiernos, mejorar y ampliar la atención a la salud mental.
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