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El Imparcial 24 Jul, 2026 09:43

México está viviendo una de sus peores épocas

De política y cosas peores

¡Hoy! ¡Sí, hoy aparece aquí “El Chiste Más Pelado en Todo lo que Va del Mes”! En los registros de la sicalipsis ese chascarrillo está marcado con cinco equis (xxxxx, si conté bien), lo cual es indicativo de su extremada picardía. Sirva esta anotación de aviso a las personas púdicas o pudorosas poseídas por pudicia o pudicicia, quienes deberán abstenerse incluso de posar los ojos en ese relato, so riesgo de ver maculada su virtud. Mis cuatro lectores, dueños ellos y ellas de amplio criterio e inteligente sentido del humor, encontrarán el mencionado cuento al final de esta columna. Es obviedad decir que en México no hay ley. Igualmente inútil resulta declarar que no existe la justicia, y que reina una absoluta impunidad. La Presidenta se empeña en proclamar que ha disminuido el número de los crímenes de alto impacto, pero la realidad tiene otros datos, como lo muestra el reciente homicidio del alcalde de Temoac, Morelos, en pleno Palacio Municipal de esa ciudad. Los hechos dan la razón a Trump cuando señala el poder que el narcotráfico tiene en nuestro País. Ahora que de la efímera ebriedad de la Copa del Mundo pasamos a la penosa sobriedad que los hechos nos imponen, podemos decir sin caer en equivocación que México está viviendo una de sus peores épocas. Herencia es ésa dejada por López Obrador, cuya arrogancia y supina ineptitud llevaron al País a la ruina en todos los renglones: La administración pública, la economía, la salud, la educación, la impartición de la justicia, el ejercicio democrático, la integridad de las fuerzas armadas, la seguridad. El bando de bandidos que congregó en torno de sí; la rampante corrupción que propició; su populismo demagógico; sus erradas políticas; todo eso dio origen a un pudridero que contamina ahora en muchos y diferentes modos el Gobierno de la persona a quien dejó en su lugar a condición de que no lo ocupara. AMLO pactó con los más ricos y compró como mercancía a los más pobres. Las consecuencias de su mal Gobierno, seguramente uno de los peores de la historia, durarán por décadas. A otra cosa. El joven Leovigildo le pidió a la linda Susiflor que fuera su novia. Respondió ella: “No, no, no y mil veces no”. “Está bien -dijo Leovigildo-. Te lo volveré a pedir mañana. Hoy te noto algo indecisa”. “Mi marido me es fiel”. Eso le dijo doña Panoplia a su amiga Gules. “A mí también -manifestó ella-. El que me engaña es mi esposo”. Colchorela estaba más desprestigiada que Argentina después de la Copa del Mundo. El padre Arsilio la reprendió paternalmente: “Las chicas buenas van al Cielo, hija. ¿Sabes a dónde van las chicas malas?”. “Sí, padre. Van a todas partes”. El profesor le preguntó a Pepito: “¿Qué es un solípedo?”. Aventuró el chiquillo: “¿Un ebrio solitario?”. (Esa palabra, “solípedo”, la usaba don Antonio María Zertuche, ínclito profesor del glorioso Ateneo Fuente, para motejar a un mal estudiante. “¡Solípedo!” -le decía con enojo por no decirle burro, jumento o asno, palabras que le parecían vulgares). Un tipo le comentó a otro: “Mi mujer es adivinadora”. “¿De veras?” -se interesó el otro. “Sí -confirmó el primero-. Me hace ver mi suerte”. Y ahora he aquí “El Chiste Más Pelado en Todo lo que Va del Mes”. En el lecho conyugal la señora se dirigió a su marido: “Muchas veces te he dicho que tienes los ojos muy grandes, pero nunca te he preguntado a qué se debe eso. Te lo pregunto ahora. ¿Por qué crees que tienes los ojos tan grandes?”. Respondió el esposo: “Es que de niño lloraba mucho. A fuerza de tanto llorar me crecieron los ojos”. “¡Jod…! -exclamó con tono ácido la doña-. ¿Y por qué no se te ocurrió mear mucho?”. (No le entendí). FIN.

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