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Quadratin 25 Mar, 2026 13:23

Plan B, autoritario y antirrepublicano

Finalmente el llamado Plan B de Sheinbaum en materia político-electoral está en ruta de posible aprobación por parte de Morena y sus aliados del Verde y el PT. De aprobarse, si el PT da sus votos a favor, esto significaría que México continuará deslizándose aceleradamente hacia un mayor deterioro de su democracia (véase el indicador de The Economist o el reporte de V-Dem, los cuales ilustran tal erosión), porque las reformas contenidas en dicha propuesta presidencial tienen como objetivo principal una mayor concentración y centralización del poder en el ejecutivo federal, acabar con el federalismo y el principio del municipio libre, así como restar autonomía e independencia a los órganos electorales para que el gobierno federal detente el control de la organización de las elecciones.

Tienen razón quienes han señalado que al adelantarse para 2027 la realización de “la consulta para la revocación de mandato” de Claudia Sheinbaum, con derecho a hacer campaña, se desnivelará enormemente la ya de por sí dispareja cancha del juego político en esas elecciones en las que se renovará la totalidad de la Cámara de Diputados Federal, se renovarán 17 gubernaturas, casi todos los ayuntamientos y congresos locales, al igual que la mitad de los integrantes del poder judicial. Eso favorecerá a Morena, incluso sobre sus propios aliados y alentará la ya conocida práctica antidemocrática de “los acordeones”. Esta es la apuesta de Claudia Sheinbaum y de Morena.

La revocación de mandato, debe quedar claro, es un instrumento del que en sistemas democráticos hacen uso los opositores e inconformes con el desempeño de un gobierno para que la sociedad, mayoritariamente, decida si el gobernante cuestionado continúa en funciones o si debe dimitir de inmediato.

Sin embargo, este instrumento fue usado por el chavismo (con Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela) para impulsar desde el gobierno toda la maquinaria para mantenerse indefinidamente en el poder, distorsionando así su propósito, muy a la usanza de los populismos.

López Obrador también manoseó esa figura de democracia participativa durante su mandato para ratificarse, sin que nadie de la oposición lo hubiese exigido. Se gastaron en ello miles de millones de pesos, contrariando así –como tantas veces han hecho- su falso discurso de “austeridad republicana”.

Actualmente, la Constitución Política establece que dicha revocación puede solicitarse por un determinado porcentaje (3%) de ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores y que este ejercicio puede hacerse un año después de las elecciones intermedias. De salir adelante esta reforma en curso (mezclada con otras propuestas que atentan contra la soberanía de los estados y del municipio libre, supuestamente para “ahorrar dinero público” y destinarlo a infraestructura en las entidades federativas), la consulta de revocación se realizará junto con las elecciones de 2027.

En realidad, la verdadera preocupación de Sheinbaum es afianzarse en el poder, el cual ella misma debe percibir debilitado. Diferentes versiones coinciden en que la titular del ejecutivo tiene temor de que si la “revocación” se efectúa en el 2028, y ella va sola en la boleta, le puedan “mover el tapete” desde Palenque, en medio de crecientes rumores en el sentido de fuertes tensiones entre el titiritero y su pretendido títere. Si no se  lograra la destitución de Sheinbaum, pareciera que desde el sureste sí pretenderían debilitarla y poner en evidencia que López Obrador sigue siendo el jefe real del proyecto “cuatroteísta”.

Dicho de otra manera, independientemente de si son ciertas o no algunas de esas versiones, en el fondo lo que menos les importa a Sheinbaum, López Obrador y Morena, son “los ahorros” en el gasto público, sino cómo aseguran su continuidad indefinida en el ejercicio del poder, aun en medio de la existencia de tensiones en el grupo gobernante. Si acaso hay diferencias entre Palenque y Palacio Nacional, no son más que de matices sobre cómo joder al país y a sus adversarios.

No hay interés real en combatir la corrupción ni en ir contra los narcopolíticos de Morena, porque son parte de su mismo engranaje. Y al no hacerlo, las amenazas intervencionistas de Donald Trump seguirán presentes, como también seguirá bien puesta sobre México la etiqueta de “narcoestado autoritario”. 

Apostemos porque se preserven las libertades democráticas y los principios básicos de la República. Por ello mismo es tan estratégicamente importante la unidad de las oposiciones. Ese debe ser el camino.

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