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Radar Inteligente
Mundiario 04 Aug, 2026 01:36

Iniciar en redes sociales a los 11 o 12 años se asocia a un peor rendimiento escolar

La discusión sobre el impacto de las redes sociales en la infancia y la adolescencia ha dejado de centrarse únicamente en la salud mental para extenderse con fuerza al ámbito educativo. Durante años, investigadores, docentes y familias han debatido si plataformas como Instagram, TikTok o Facebook afectan realmente a la capacidad de aprendizaje de los menores o si simplemente reflejan diferencias sociales y familiares ya existentes.

Un nuevo estudio publicado en la revista Nature Human Behaviour aporta uno de los análisis más amplios realizados hasta la fecha sobre esta cuestión. Su principal conclusión no pasa desapercibida: los alumnos que abrieron su primera cuenta personal en redes sociales entre los 11 y los 12 años obtuvieron, años después, peores resultados en pruebas estandarizadas de matemáticas e italiano que quienes esperaron hasta los 14 o 15 años para incorporarse a estas plataformas.

Aunque los investigadores subrayan que el trabajo no demuestra una relación causal definitiva, consideran que las evidencias apuntan a que la incorporación temprana a las redes sociales puede convertirse en un factor que influye negativamente sobre el rendimiento académico.

La investigación, dirigida por el sociólogo Marco Gui, analizó los datos de 5.227 alumnos pertenecientes a 28 centros educativos del norte de Italia. Los investigadores combinaron cuestionarios sobre hábitos digitales, realizados entre 2023 y 2024, con los resultados oficiales obtenidos por los estudiantes en pruebas estandarizadas de italiano, matemáticas e inglés durante varios cursos académicos.

El objetivo era responder a una pregunta muy concreta: ¿existen diferencias en el rendimiento escolar dependiendo del momento en que un adolescente comienza a utilizar redes sociales?

Los alumnos que abrieron su primera cuenta en sexto curso, con aproximadamente 11 o 12 años, obtuvieron posteriormente resultados inferiores en comparación con quienes retrasaron esa decisión hasta noveno curso, cuando tenían entre 14 y 15 años.

Una diferencia equivalente a varios meses de aprendizaje

En 2º de la ESO, los alumnos que comenzaron antes en redes sociales registraban resultados aproximadamente 0,22 desviaciones estándar inferiores en lengua italiana y 0,18 en matemáticas. Dos años después, en 4º, la brecha permanecía prácticamente intacta en italiano y aumentaba en matemáticas hasta alcanzar 0,27 desviaciones estándar.

Los propios autores traducen esas cifras a un lenguaje más comprensible: una diferencia cercana a 0,2 desviaciones estándar equivale aproximadamente a seis meses de escolarización. Es decir, la distancia observada no representa un pequeño descenso anecdótico, sino un desfase educativo potencialmente relevante.

El estudio no afirma que las redes sociales sean, por sí mismas, las responsables directas del menor rendimiento; sin embargo, sí identifica varios mecanismos plausibles que ayudan a explicar la asociación encontrada. Uno de los indicadores más sólidos fue la frecuencia con la que los adolescentes consultaban el móvil durante el día, ya que los jóvenes que revisaban constantemente el dispositivo eran también quienes habían abierto antes sus cuentas en redes sociales y quienes obtenían peores resultados en matemáticas e italiano.

Según los investigadores, la explicación podría encontrarse en un fenómeno cada vez más estudiado por la psicología cognitiva: la atención fragmentada.

Las notificaciones permanentes, la expectativa constante de nuevos mensajes o publicaciones y la necesidad de comprobar continuamente qué ocurre en el entorno digital generan un estado de alerta que dificulta mantener la concentración durante tareas largas y cognitivamente exigentes, como estudiar, leer o resolver problemas matemáticos.

El problema no sería únicamente el tiempo dedicado a las redes, sino la interrupción continua de los procesos de atención profunda. Al respecto, la investigación también encontró otra diferencia significativa: los estudiantes que comenzaron antes a utilizar las redes sociales declaraban haber contado con una menor supervisión parental durante sus primeros años de uso.

Este dato no permite establecer una relación directa entre control familiar y rendimiento académico, pero sí sugiere que el contexto doméstico podría desempeñar un papel relevante en la forma en que los menores utilizan estas plataformas. La edad de acceso, el tiempo de exposición y el acompañamiento de padres o tutores aparecen como variables estrechamente relacionadas.

Un estudio sólido, pero con límites

Uno de los resultados más llamativos es que la asociación negativa no apareció en la asignatura de inglés, ante lo cual los autores plantean una explicación interesante: gran parte del contenido que consumen los adolescentes en redes sociales está publicado precisamente en ese idioma.

Aunque ese aprendizaje sea informal, la exposición constante al idioma podría proporcionar práctica adicional en vocabulario, comprensión o pronunciación, compensando parcialmente posibles efectos negativos sobre otras materias.

Se trata, sin embargo, de una hipótesis que requerirá nuevas investigaciones.

Precisamente por el intenso debate que rodea el uso de redes sociales entre menores, los propios investigadores insisten en interpretar los resultados con prudencia, recordando que se trata de un trabajo observacional. Esto significa que, si bien identifica asociaciones estadísticas robustas, no puede demostrar que abrir una cuenta de forma temprana provoque automáticamente peores notas.

Es posible que intervengan otros factores difíciles de medir completamente, como características familiares, hábitos educativos, nivel socioeconómico, personalidad o motivación académica. Aun así, el diseño longitudinal del estudio y el tamaño de la muestra fortalecen la consistencia de los resultados y aportan uno de los conjuntos de evidencias más completos disponibles hasta ahora.

Estas conclusiones llegan en un momento especialmente sensible, en el que diversos gobiernos occidentales estudian limitar el acceso de los menores a determinadas plataformas digitales. De hecho, mientras Australia ya ha aprobado restricciones para menores de 16 años y el Reino Unido analiza iniciativas similares, los autores del estudio consideran que establecer edades mínimas puede ser una herramienta útil, aunque advierten de que esa medida, por sí sola, difícilmente resolverá el problema.

A su juicio, el verdadero desafío consiste en reducir la capacidad de las plataformas para captar de forma permanente la atención de los menores mediante sistemas de notificaciones, recomendaciones algorítmicas y dinámicas diseñadas para maximizar el tiempo de permanencia. @mundiario

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