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El Financiero 26 Mar, 2026 02:00

México ante una gran oportunidad

A Norma y Lalo con gran afecto

Este año se llevará a cabo el proceso de revisión del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un hecho de la mayor relevancia para el futuro económico del país. Lo más probable es que el tratado siga vigente, aunque no creo que vaya a extenderse por 16 años, ya que eso implicaría una pérdida de apalancamiento para el presidente Trump. Pero la continuidad del T-MEC será una gran noticia para México.

En un mundo de mayor proteccionismo comercial en el que Estados Unidos está imponiendo aranceles a prácticamente todos los países, poder exportar un alto porcentaje de bienes a nuestro vecino del norte sin arancel será una gran ventaja. El año pasado, en ese contexto de elevado proteccionismo, el 82% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos no enfrentó arancel alguno.

En este sentido, veo dos motivos para ser optimistas respecto al futuro del acuerdo.

El primero es que Estados Unidos está dando al T-MEC un trato que no ha dado a ningún otro acuerdo comercial. El año pasado, mientras todos los países enfrentaban aranceles para exportar al mercado estadounidense, México y Canadá podían — con excepción de los bienes gravados bajo la sección 232, como acero, aluminio y automóviles — exportar sin arancel a su socio comercial, siempre que lo hicieran a través del canal del T-MEC. Hace unas semanas, tras la declaración de la Suprema Corte de Estados Unidos sobre la ilegalidad de los aranceles derivados de la IEEPA, Trump respondió imponiendo aranceles de 10% a prácticamente todo el mundo, pero volvió a exentar los bienes que entran por el tratado norteamericano. Si Estados Unidos estuviese considerando romper el acuerdo, no le daría ese trato único.

El segundo motivo es que en las consultas públicas, que forman parte del proceso de revisión, resultó evidente que el sector privado estadounidense está abrumadoramente a favor de que el T-MEC siga adelante.

La revisión no será sencilla y aunque sin duda tendrá modificaciones, creo que el T-MEC seguirá adelante porque así conviene a Estados Unidos, pues México le ayuda a ser más competitivo gracias a las complejas cadenas de valor que han desarrollado ambos países.

Si se llega a un equilibrio como el actual, en el que México y Canadá son los únicos países del mundo que pueden exportar una amplia gama de bienes sin arancel a Estados Unidos, nuestro país estará en una posición única para atraer inversión, tanto extranjera como doméstica. México será visto como el lugar más atractivo del planeta para producir y exportar al mercado más grande del mundo.

Creo que esta oportunidad puede ser incluso mayor que la que trajo el tratado original, el TLCAN. Esto ya que, al poco de haberse firmado, China ingresó a la Organización Mundial de Comercio y se convirtió, en 2003, en el principal exportador hacia Estados Unidos. Ahora China está inmersa en un conflicto comercial con nuestro vecino del norte que le ha significado perder cuota en ese mercado a favor de México, que en 2023 se convirtió en el primer exportador a Estados Unidos. En este sentido, nuestro país está ahora en una mejor posición de en la que estaba después de la entrada en vigor del TLCAN.

Además, México puede beneficiarse del boom de inversión en inteligencia artificial que se está dando en Estados Unidos: puede producir servidores, construir centros de datos y dar servicios de pruebas y empaque para la industria de semiconductores. Esto ya está ocurriendo: el año pasado las exportaciones automotrices mexicanas a Estados Unidos cayeron 7%, mientras que las exportaciones de equipo electrónico y de cómputo crecieron 47%.

En parte, esta recomposición obedece a que el sector automotriz enfrentó aranceles sectoriales de 25% (sin contar el contenido estadounidense), por lo que un objetivo del gobierno mexicano en el proceso de revisión debe ser la eliminación de los aranceles a los automóviles, al acero y al aluminio. Pero, en todo caso, aún si no se logra, esta recomposición es positiva: reduce la concentración del país en automóviles (que representa un riesgo estructural para la economía) y permite posicionarse para subirse a la ola de inversión en inteligencia artificial.

Para aprovechar esta oportunidad en todo su potencial, México debe invertir en infraestructura, sobre todo energética. Ante la falta de espacio fiscal, ello requiere inversión privada. En ese sentido, el anuncio de proyectos mixtos de infraestructura es una buena noticia. Mejor aún sería revertir la reforma energética que garantiza a la CFE una cuota de mercado del 54%, disposición que, además de constituir una mala política económica, es violatoria del T-MEC.

Si se hace la tarea, México puede alcanzar mayores tasas de crecimiento económico y, con ello, seguir reduciendo la pobreza.

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