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El Financiero 26 Mar, 2026 06:27

Hacer política

El quehacer político es fundamental para el desarrollo de las naciones. Sin embargo, esta labor se ha depreciado porque el poder ha corrompido su verdadera esencia. Lograr hacer de la política el campo común de convivencia de las diferencias, para avanzar juntos en un mismo proyecto, parece haberse desvanecido. Que en una sociedad existan distintos puntos de vista, divergentes formas de solucionar un problema o perspectivas que parecen muy alejadas entre sí, solo refleja que las sociedades actuales son plurales y ofrecen una gran variedad de opciones para abordar un mismo problema.

Los estadistas se diferencian de los políticos precisamente por su capacidad para convocar a todos bajo un mismo proyecto, pese a las diferencias, y para ubicar en el plano del largo plazo la convivencia pacífica y armónica. Esto implica que nadie es mejor que el otro; son simplemente diferentes aproximaciones a una misma realidad las que marcan posibles conflictos. Estos pueden superarse, como lo explicó Habermas, mediante el debate racional, donde nadie tiene la verdad por ser mejor, sino por tener el mejor argumento. La racionalidad se convierte así en el camino a recorrer para encontrar la mejor solución, la más viable.

Lo contrario es polarizar: enfrentar, con o sin argumentos, al otro simplemente por ser diferente. México ha perdido territorio, población y avances por guerras internas y externas. Por eso, los mexicanos rechazamos la confrontación. La Revolución Mexicana mermó familias enteras y esa experiencia pervive en la conciencia nacional, al igual que otros muchos episodios que nos debilitaron. Confrontarnos puede ser algo natural si se escucha al otro y se trata de entender su causa. Descalificar sin escuchar es una vanidad que a veces cuesta sangre. Los mexicanos parece que hemos olvidado la enseñanza histórica de lo que implica hacer política.

Estamos inmersos, además, en un mundo también polarizado, con guerras y ataques para decidir el nuevo orden geopolítico. No hay razones: hay la búsqueda del poder, del más fuerte; no de la razón ni de la construcción común. Parece que hemos perdido siglos de civilización; que las armas nucleares, capaces de acabar con el planeta, de nuevo se esgrimen; que los países han decidido invertir más en armamento que en desarrollo. Y surge la inteligencia artificial. La democracia se basaba en el pensamiento humano; hoy hay quien afirma que es incompatible con la libertad. Y parece que las nuevas tecnologías han hecho que perdamos la carrera de la inteligencia, pero no así la de la conciencia.

Este es el mundo de hoy, en el que debemos alejarnos de la polarización, de lo que parece ser el camino más fácil, sin tomar en cuenta al otro, porque es así como podemos perder la conciencia. La política abarca ya nuevos horizontes, nuevas formas de plantear los debates, de comprender al otro, de entender nuevas soluciones y de abrir caminos a la conciencia, única vía para construir un mejor desarrollo.

En México, nuestro gobierno da pena. No sabe explicar nada; se pierde ante la realidad. No puede abandonar la polarización. Busca el poder sin otro fin que el poder mismo. No escucha al contrario: este no existe porque no piensa como “debe”. Cada vez es más confusa la comunicación. No hay argumentos; se elude el debate. Es muy doloroso ver las reacciones de nuestra presidente, quien ante cualquier cuestionamiento se irrita, reclama y vuelve al pasado. No existe el futuro, y menos el futuro común que debe construirse en unidad nacional, la cual está cada vez más dañada. El quehacer político es la única vía para poder avanzar juntos: reconocer diferencias y encontrar convergencias para avanzar por el mejor camino, aquel que guíe nuestras divergencias y privilegie nuestras afinidades.

México puede y debe sobrevivir a esta época sombría, donde parece que la oscuridad, la ambición, la mentira y la fuerza son las que pintarán el futuro. Cuando en realidad somos luminosos, diversos, musicales, esforzados y vitales. Dejemos atrás la ofensa y la descalificación; abramos nuestras mentes y nuestra conciencia a una mejor convivencia. Eso lo merecemos. Ojalá Claudia Sheinbaum Pardo lo entienda también.

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