nullAloys Preisser
Esta semana México y USA se sentaron en Washington a negociar el futuro del TMEC. Ebrard se reunió con Greer en la primera ronda formal antes del 1 de julio, fecha en que arranca la revisión oficial. Canadá todavía no está en la mesa.
En juego hay 834 mil millones de dólares en comercio, el 86% de las exportaciones mexicanas y una realidad que pocos dimensionan: México es el principal socio comercial de Estados Unidos.
No es una revisión técnica, es una renegociación política. Washington quiere reglas de origen más duras, menos insumos asiáticos y más manufactura en suelo norteamericano. Greer fue directo: el acuerdo debe beneficiar a ambos países, no servir de puerta trasera para productos chinos.
Para México el objetivo es que el tratado sobreviva. La alternativa son revisiones anuales hasta 2036 sin certeza de renovación, el peor escenario posible para atraer inversión. Las reglas claras a largo plazo son lo que mueve el capital.
Para Querétaro esto no es abstracto. El estado compite por manufactura avanzada porque el TMEC da certeza a empresas que toman decisiones de largo plazo. Si ese piso se mueve, las inversiones se congelan. Y un proyecto congelado es un proyecto que puede mover sus operaciones a otro lado.
México llega con buena postura, pero sin margen de error.