La crisis migratoria vivida en Ceuta continúa siendo objeto de reflexión semanas después de que miles de personas cruzaran la frontera desde Marruecos. Más allá de las explicaciones centradas en el control fronterizo o en las tensiones diplomáticas entre ambos países, varios expertos consideran que aquel episodio puso de manifiesto problemas estructurales que llevan años gestándose en el reino alauí.
Entre esas voces destaca la del economista Jamal Bouoiyour, que en un análisis publicado en el diario francés Le Monde plantea una lectura distinta de lo sucedido. A su juicio, la salida de tantos jóvenes no puede entenderse únicamente como consecuencia de la actuación de las redes de tráfico de personas o de un episodio puntual de tensión política.
El experto sostiene que la mayoría de quienes emprendieron el camino hacia Ceuta no escapaban de una guerra, de un colapso institucional ni de una emergencia humanitaria. Procedían de un país que, sobre el papel, mantiene estabilidad política y ha registrado avances económicos durante los últimos años. Precisamente esa aparente contradicción es la que, según explica, obliga a analizar con mayor profundidad las razones del descontento social.
Bouoiyour considera que muchos jóvenes optaron por abandonar su país porque perciben que las oportunidades de progreso son cada vez más limitadas, incluso en un contexto de crecimiento económico.
Una economía que crece sin reducir las desigualdades
El economista argumenta que Marruecos ha logrado consolidar indicadores macroeconómicos positivos y ha impulsado importantes proyectos de modernización. Sin embargo, esos avances no se han traducido en una mejora equivalente para amplios sectores de la población.
Uno de los principales problemas señalados es el elevado desempleo, especialmente entre los jóvenes, las mujeres y los titulados universitarios. A ello se suman importantes diferencias entre regiones, bolsas de pobreza persistentes y una movilidad social que, según el análisis, permanece prácticamente bloqueada.
Bouoiyour cita además un dato que considera especialmente significativo: en 2025 más de 400.000 jóvenes alcanzaron la edad de incorporarse al mercado laboral, pero cerca de 230.000 de ellos ni siquiera lograron acceder a un empleo.
Para el economista, esta realidad evidencia que el crecimiento económico por sí solo ya no basta para responder a las expectativas de una generación que aspira a mejores condiciones de vida. La riqueza continúa aumentando, sostiene, pero esa prosperidad no se traduce automáticamente en perspectivas de futuro para una parte importante de la sociedad marroquí.
Esa desconexión entre los buenos datos económicos y la percepción ciudadana alimenta la frustración de miles de personas que consideran cada vez más difícil construir un proyecto de vida dentro del país.
La propuesta de un nuevo modelo para recuperar la confianza
A partir de este diagnóstico, Bouoiyour defiende que Marruecos necesita afrontar una transformación más profunda que un nuevo plan económico. En su opinión, el verdadero desafío pasa por redefinir el contrato social entre las instituciones y la ciudadanía.
El economista plantea que el modelo vigente ha agotado parte de su capacidad para responder a las demandas actuales. Considera imprescindible reforzar aspectos como la igualdad de oportunidades, el mérito, la transparencia institucional, la competencia económica y una mayor movilidad social que permita a los jóvenes desarrollar sus proyectos sin que el origen o las conexiones personales condicionen su futuro.
Asimismo, sostiene que las élites políticas y económicas son conscientes de las reformas necesarias, aunque los intereses compartidos entre distintos grupos de poder dificultan que esos cambios lleguen a materializarse con la rapidez que reclama la sociedad.
Desde esta perspectiva, la crisis de Ceuta no sería un hecho aislado, sino el síntoma visible de un malestar acumulado durante años. Para Bouoiyour, mientras no se afronten las causas estructurales relacionadas con el empleo, las desigualdades y las oportunidades de desarrollo, episodios similares podrían repetirse en el futuro, independientemente de la evolución económica del país o de las relaciones entre Marruecos y España. @mundiario