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Quadratin 26 Mar, 2026 08:06

Tiempos Modernos: La complejidad que no queremos ver

Los problemas sociales que nos atraviesan no son simples ni sencillos. Son profundamente complejos, y por eso las soluciones que requieren tampoco pueden ser lineales, inmediatas o “de sentido común”. Necesitan ser tan complejas como los propios problemas. Esto, desde la vida cotidiana, cuesta trabajo entenderlo: la urgencia nos empuja a pedir respuestas rápidas, y la política electoral suele ofrecerlas con entusiasmo. Pero la realidad social no funciona así.

Por eso existen especialistas, instituciones, equipos de tiempo completo que estudian, diagnostican y diseñan políticas públicas. Y por eso también es indispensable escuchar a los colectivos de la sociedad civil, que muchas veces han producido conocimiento situado, metodologías y diagnósticos que el Estado no alcanza a ver.

La historia reciente ofrece ejemplos de cómo la simplificación puede convertirse en un acto de irresponsabilidad. En su momento, un candidato presidencial afirmó que resolvería el conflicto entre el gobierno y el EZLN “en quince minutos”. Hoy esa frase se recuerda como una muestra de la distancia entre la complejidad de un conflicto social y la superficialidad de ciertas promesas. La política electoral tiende a vender soluciones simples; la política de gobierno, en cambio, exige enfrentar la complejidad.

Un caso similar ocurre con quienes proponen que, para combatir la inseguridad, basta con que la ciudadanía se arme. La idea reaparece cíclicamente: armarse en casa, defenderse por cuenta propia, “hacer justicia”. Y, sin embargo, en la práctica ya vemos cómo esta lógica se ha ido materializando, incluso fuera de los marcos legales. Pero si aceptamos que el Estado es quien detenta el monopolio legítimo de la fuerza, entonces la propuesta de armar a todos rompe ese principio y, con ello, erosiona la razón misma de ser del Estado. Lo que algunos actores plantean —quizá sin entenderlo— es la renuncia del Estado a su función básica: garantizar seguridad sin delegarla en la violencia privada.

Los efectos de esa lógica están a la vista. El caso del menor de edad que atacó y asesinó a dos profesoras en Michoacán no puede explicarse únicamente como un asunto individual o patológico. No es solo un problema del menor: es un síntoma de una descomposición social que produce sujetos en condiciones extremas, donde la violencia se vuelve una forma de expresión, de respuesta o de escape. La discusión pública se ha centrado en cuántos años debe pasar en prisión, como si castigar más resolviera el problema. Pero esa es otra solución simple frente a un fenómeno profundamente complejo.

La evidencia académica es clara: la violencia juvenil no surge en el vacío. Está vinculada a contextos familiares fracturados, entornos comunitarios violentos, acceso fácil a armas, modelos de masculinidad que exaltan la fuerza, y ausencia de redes institucionales de contención. Investigadores como Juan Carlos Ramírez Rodríguez han mostrado cómo las masculinidades hegemónicas en México producen formas de agresión que se expresan desde edades tempranas. Rita Segato ha insistido en que la violencia no es un accidente, sino un lenguaje aprendido en sociedades donde la fuerza se convierte en forma de reconocimiento. Y estudios del Instituto Nacional de Psiquiatría han documentado cómo la exposición a violencia, armas y consumo de sustancias incrementa la probabilidad de conductas agresivas en adolescentes.

Nada de esto se resuelve con castigos más duros, ni con armar a la población, ni con promesas de quince minutos. Se resuelve —si es que puede resolverse— con políticas públicas complejas, sostenidas, interdisciplinarias, que articulen Estado, academia y sociedad civil. Y, sobre todo, con la comprensión de que los problemas sociales no admiten atajos.

La complejidad no es un obstáculo: es la condición real del mundo que habitamos. Ignorarla solo nos condena a repetir los mismos errores, una y otra vez.

Referencias:

  • Connell, Raewyn W. (2015). Masculinidades. UNAM / PUEG.
  • Ramírez Rodríguez, Juan Carlos (2010). “Masculinidades y violencia en México”.
  • Segato, Rita Laura (2016). La guerra contra las mujeres. Buenos Aires: Prometeo.
  • Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (varios años). Estudios sobre violencia juvenil y salud mental.
  • ONUDD (2018). Estudio global sobre armas de fuego.
  • Weber, Max (1919). La política como vocación (ediciones múltiples en español).

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