El suelo colombiano tembló durante cuatro minutos que parecieron interminables y dejó al país ante una de las mayores emergencias naturales de las últimas décadas. El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el oeste de Colombia ha provocado más de 130 fallecidos, más de 500 heridos y un escenario de destrucción que afecta especialmente al eje cafetero, Cali y varias zonas del departamento del Chocó. Mientras los equipos de rescate continúan buscando supervivientes entre los edificios derrumbados, el país afronta una carrera contrarreloj marcada por el dolor, la incertidumbre y la necesidad de reconstruir.
La emergencia llega en un momento especialmente delicado: el presidente Abelardo de la Espriella apenas llevaba tres días en el cargo cuando tuvo que asumir su primera gran crisis de Estado. El mandatario declaró la emergencia nacional y prometió liderar personalmente la respuesta ante una tragedia que ha obligado al nuevo Ejecutivo a demostrar su capacidad de reacción antes incluso de completar su estructura institucional.
Las ciudades más afectadas reflejan la magnitud del desastre. Pereira concentra una parte importante de las víctimas, mientras Cali, una de las principales urbes del país, mantiene activas las labores de rescate en distintos puntos donde todavía podrían encontrarse personas atrapadas. Quibdó, Manizales y Armenia también sufren graves daños, con infraestructuras afectadas, servicios interrumpidos y comunidades enteras enfrentadas a la pérdida de viviendas y familiares.
Para el eje cafetero, el terremoto tiene además una dimensión emocional profunda. El movimiento sísmico ha despertado recuerdos del devastador terremoto de Armenia de 1999, una tragedia que dejó cerca de 1.200 muertos y marcó la memoria colectiva de una región acostumbrada a convivir con la amenaza sísmica. Más de dos décadas después, muchas familias vuelven a experimentar el miedo de ver cómo en cuestión de segundos desaparece lo construido durante años.
Un desafío inesperado para el Gobierno de la Espriella
La tragedia supone la primera gran prueba política para Abelardo de la Espriella, que asumió la Presidencia con el compromiso de acercar el Gobierno a las regiones. La emergencia ha obligado al nuevo mandatario a abandonar los primeros planes de gestión para concentrar todos los esfuerzos en la atención humanitaria y la coordinación de los equipos de respuesta.
Desde Bogotá, donde declaró oficialmente la emergencia nacional, De la Espriella hizo un llamamiento a la unidad y aseguró que la prioridad absoluta son las víctimas. El presidente afirmó que Colombia superará la crisis con el apoyo del Estado, la cooperación internacional y la colaboración entre instituciones, en un mensaje destinado a transmitir estabilidad en un momento de enorme vulnerabilidad.
La gestión del desastre también pone sobre la mesa una cuestión clave: la preparación institucional. El Ejecutivo todavía se encontraba en fase de reorganización tras el cambio de Gobierno y algunas entidades estratégicas para la gestión de emergencias no habían completado sus relevos. La designación del ingeniero geólogo David Suárez Tamayo al frente de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo se convierte así en una pieza fundamental para coordinar la respuesta.
Rescate, reconstrucción y la presión de una emergencia nacional
Los equipos desplegados trabajan no solo para encontrar supervivientes, sino también para garantizar asistencia básica a miles de afectados. El despliegue del Gobierno incluye puestos de mando en Bogotá, Cali, Quibdó y Armenia, además de la presencia de ministros y responsables militares en las zonas más golpeadas.
La magnitud del terremoto ha activado también la ayuda internacional. Estados Unidos anunció una contribución de 15,5 millones de dólares destinada a refugios temporales, alimentos, protección y evaluación de daños. El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) confirmó igualmente una donación de 500.000 dólares para apoyar las primeras actuaciones de emergencia.
El respaldo ha llegado desde gobiernos de diferentes corrientes políticas, una muestra de que las catástrofes naturales suelen romper las fronteras ideológicas. Mandatarios como Javier Milei, José Antonio Kast y Daniel Noboa expresaron su solidaridad, mientras que líderes como Luiz Inácio Lula da Silva, Claudia Sheinbaum y Pedro Sánchez también ofrecieron apoyo a Colombia.
Más allá del balance inicial de víctimas, el gran reto comenzará cuando termine la fase de rescate. La reconstrucción de viviendas, carreteras, hospitales e infraestructuras dañadas exigirá recursos, coordinación y tiempo. Para miles de colombianos, la emergencia no acabará cuando desaparezcan los escombros, sino cuando puedan recuperar una vida que el terremoto interrumpió en apenas unos minutos. @mundiario