La guerra entre Estados Unidos e Irán vuelve a tener un frente especialmente sensible en el mar. Mientras Donald Trump insiste en que todavía existe margen para un acuerdo, los ataques y los incidentes contra buques comerciales se multiplican en dos de las principales arterias marítimas de Oriente Próximo: el estrecho de Ormuz y el Bab el-Mandeb. La diplomacia pierde terreno al mismo tiempo que aumenta el riesgo para las navieras.
El episodio más significativo de la jornada se produjo en el golfo de Omán. Un helicóptero MH-60 de la Armada estadounidense lanzó dos misiles Hellfire contra el carguero Vela Nova, con bandera de Panamá, después de que Washington asegurara que el buque había ignorado varias advertencias y trataba de vulnerar el bloqueo naval impuesto sobre los puertos iraníes.
Según el Comando Central estadounidense, los proyectiles fueron empleados para inutilizar el sistema de dirección del barco. Fuentes marítimas situaron el incidente frente a la costa de Pakistán. La compañía de seguridad Vanguard informó inicialmente de que el buque había sido alcanzado por un misil y había sufrido un incendio, posteriormente extinguido, mientras que sus 17 tripulantes se encontraban fuera de peligro.
El incidente es relevante no solo por el ataque en sí, sino porque muestra hasta qué punto el conflicto está afectando a la navegación comercial. Un buque civil que intenta atravesar una zona sometida a bloqueo se convierte en un potencial objetivo militar, aunque Washington sostenga que actuó después de advertencias reiteradas.r
Casi al mismo tiempo, en el extremo meridional del mar Rojo, los hutíes de Yemen informaron de nuevas operaciones contra barcos. Un ataque contra un pequeño carguero en el estrecho de Bab el-Mandeb dejó cuatro tripulantes muertos, según las autoridades yemeníes, además de dos rescatistas.
Los hutíes, aliados de Irán, aseguraron también haber atacado un buque saudí que transportaba equipamiento militar. La información sobre este segundo episodio no había sido confirmada inmediatamente por Riad.
La importancia de estos ataques reside en que afectan a dos puntos de estrangulamiento diferentes. Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, mientras que Bab el-Mandeb comunica el mar Rojo con el golfo de Adén. Cualquier deterioro simultáneo de ambas rutas aumenta el coste y la complejidad del transporte marítimo entre Asia, Oriente Medio y Europa.
No se trata, por tanto, de incidentes aislados. Para las compañías navieras, cada ataque implica revisar rutas, seguros, tripulaciones, tiempos de navegación y costes operativos. Y cuando el riesgo se prolonga, algunas empresas optan sencillamente por no atravesar determinadas zonas.
Ormuz vuelve a perder tráfico
El estrecho de Ormuz es el punto más delicado. Antes de la guerra, por sus aguas circulaban aproximadamente entre 130 y 140 buques diarios. Ahora la actividad se encuentra muy por debajo de esos niveles. Los datos de seguimiento marítimo citados por Reuters muestran hasta qué punto se ha deteriorado la circulación. El lunes solo seis buques de mercancías atravesaron el estrecho: cuatro entraron en el golfo Pérsico y dos salieron de la zona. En los diez días anteriores, la media había sido de unos once.
La cifra resulta todavía más significativa cuando se compara con el funcionamiento habitual de esta vía. Ormuz soportaba antes del conflicto una parte esencial del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado. Su bloqueo o funcionamiento restringido no necesita traducirse en una interrupción total para producir efectos económicos: basta con que aumente considerablemente el riesgo de cruzarlo.
Ese es precisamente el escenario que empieza a preocupar a los mercados. El Brent subió este martes un 1,4%, hasta los 88,91 dólares por barril, mientras el crudo estadounidense avanzó un 1,3%, hasta los 83,20 dólares.
El deterioro del tráfico coincide con otro retroceso de las expectativas de un acuerdo entre Irán y Estados Unidos. Teherán mantiene que el estrecho permanecerá cerrado mientras Washington no acepte sus condiciones para poner fin a la guerra. Entre ellas figuran la liberación de activos iraníes congelados y el final de determinados conflictos regionales.
Washington, por su parte, ha elevado sus propias exigencias. Trump llegó a reclamar que Irán pague compensaciones por personas fallecidas durante décadas de guerras, ataques y protestas. Al mismo tiempo, el presidente estadounidense continúa alternando amenazas de una nueva escalada con declaraciones en las que asegura que todavía puede alcanzarse un acuerdo.
Esa ambigüedad tiene un coste. Cada vez que las negociaciones parecen avanzar, las navieras pueden recuperar parte de la confianza. Cuando vuelven las amenazas, el tráfico retrocede y aumenta la prima de riesgo. La situación es especialmente delicada porque el conflicto ya no afecta únicamente a las instalaciones militares de Estados Unidos, Israel o Irán. El transporte comercial se ha convertido en uno de los espacios donde se mide la intensidad real de la guerra.
Iranian Foreign Ministry spokesperson Esmail Baghaei said Iran will not reopen the Strait of Hormuz until the United States ends its naval blockade on Iranian ports. Iran wants the U.S. to lift blockade, pay compensation for months of war damage, lift economic sanctions and… pic.twitter.com/jABYrN4exa
— The Associated Press (@AP) August 10, 2026
Estados Unidos asegura que ya ha desviado 55 buques comerciales, inutilizado dos y abordado otros dos para hacer cumplir el bloqueo frente a las costas iraníes. Cada nueva intervención añade presión sobre un sistema marítimo que necesita previsibilidad para funcionar.
La asfixia simultánea de los dos cuellos de botella más importantes del comercio global ha empujado la crisis de Oriente Próximo a un punto de quiebre internacional. El anuncio del jefe de seguridad de Irán, Mohsen Rezaei, de que Ormuz continuará bloqueado de facto para el tránsito de crudo transoceánico, coincide con la declaración de "embargo marítimo" por parte de las milicias hutíes respaldadas por Teherán en el estrecho de Bab el-Mandeb.
La estrategia aérea y marítima de guerra asimétrica demuestra que no se necesitan invasiones terrestres para desestabilizar el planeta: basta con mantener bajo jaque militar los dos pasos de los que depende el 20 % del petróleo y el flujo de suministros hacia el canal de Suez.
Y mientras la Casa Blanca y el régimen iraní intercambian condiciones infranqueables para un armisticio, las aguas de la región operan como el termómetro de una tregua que parece desvanecerse. Donald Trump exige que Irán reconozca públicamente la libre navegación sin peajes e inspecciones militares sobre buques, mientras que Teherán condiciona firmemente la reapertura de Ormuz al cese absoluto de los combates en Gaza y el Líbano junto con el desbloqueo de sus activos financieros congelados en el extranjero. @mundiario