La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) llega en un momento en el que las empresas multinacionales mantienen sus operaciones y reinversiones en México, pero evalúan con mayor cautela los proyectos de gran escala. Para el Consejo de Empresas Globales (CEG) , el siguiente paso no debe ser reabrir los fundamentos del acuerdo, sino resolver los obstáculos que dificultan su aplicación y crear condiciones para una nueva ola de inversión. Manuel Bravo, presidente del CEG , considera que el proceso de revisión previsto en el propio tratado debe aprovecharse para mejorar su funcionamiento y facilitar su cumplimiento , sin poner en duda la integración económica que México, Estados Unidos y Canadá han construido durante las últimas tres décadas. “Lo importante es que la revisión se concentre en cómo mejorar la implementación, facilitar el cumplimiento y resolver los obstáculos que han surgido durante los primeros años de operación”, dice Bravo en entrevista con Expansión .
La posición del organismo empresarial opina que el T-MEC es uno de los principales activos económicos de México y la revisión no significa, por sí misma, que el acuerdo esté en riesgo. “La revisión es un mecanismo previsto en el acuerdo y eso no significa que el tratado esté en riesgo. Una revisión bien conducida incluso puede ser positiva para los tres países”, afirma.
Una integración difícil de revertir El CEG considera que la profundidad de las cadenas productivas construidas entre los tres países durante 30 años constituye uno de los principales argumentos para preservar el acuerdo y concentrar la discusión en aspectos técnicos. “Lo deseable es discutir cómo hacer que el tratado funcione y no, de ninguna manera, reabrir su contenido central ni poner en duda los fundamentos de la integración económica de América del Norte . En eso me parece que los tres países estamos en línea”, señala Bravo. La organización representa los intereses de 61 empresas globales con operaciones en México y funciona como interlocutor entre las multinacionales, el gobierno y otros actores empresariales. Entre sus integrantes están Walmart, Toyota, 3M, PepsiCo, HSBC, L’Oréal, Bayer, Danone, Nestlé, BP, IBM, Amazon y BASF . En conjunto, las compañías que agrupa el CEG son responsables de la mitad de la inversión extranjera directa que recibe México y generan, de manera directa e indirecta, más de ocho millones de empleos . Desde esa perspectiva, Bravo sostiene que la integración regional no es únicamente un acuerdo comercial, sino una red productiva que vincula plantas, proveedores, tecnología, talento e infraestructura de los tres países. “Cuando hablan las asociaciones, las empresas e incluso las autoridades, la profundidad de las cadenas productivas que se ha dado entre México, Estados Unidos y Canadá es una base muy sólida para que todos queramos mantener este diálogo técnico, institucional y constructivo ”, afirma. La cautela no es una salida de capital El impacto de la incertidumbre comercial se observa, principalmente, en las decisiones de inversión que todavía no han sido aprobadas. Las empresas mantienen sus operaciones y los proyectos que ya tienen autorización avanzan, pero las inversiones de mayor escala requieren mayor claridad antes de comprometer capital. “Algunos proyectos continúan en ejecución y otros están en evaluación. Hay decisiones de mucho mayor escala que podrían estar en un proceso de ‘paremos y observemos’ cómo sigue avanzando esto para tener mayor claridad”, explica Bravo.El presidente del CEG pide evitar una lectura de esta cautela como una pérdida generalizada de confianza en México . Las multinacionales instaladas en el país, sostiene, mantienen sus plantas, proveedores y equipos de trabajo, además de sus compromisos de largo plazo. “Esta cautela en las decisiones de mayor escala no debe interpretarse como una salida de inversión ni como una pérdida generalizada de confianza en México. Las empresas que ya operamos en el país estamos manteniendo nuestras plantas, nuestros proveedores, nuestro talento y nuestros compromisos construidos durante muchos años”, señala. La diferencia está en el horizonte de cada proyecto . Las inversiones de corto plazo, vinculadas con operaciones ya aprobadas, continúan a un ritmo normal. Las de mediano plazo, relacionadas con ampliaciones de capacidad, modernización de líneas, incorporación de tecnología o desarrollo de proveedores, requieren análisis adicionales. En las inversiones de largo plazo —como nuevas plantas o grandes complejos industriales— el T-MEC es solo una de las variables que determinan la decisión.
El T-MEC no resuelve todos los pendientes Para el CEG, la competitividad de México no puede depender exclusivamente de las condiciones comerciales con Estados Unidos y Canadá. El país cuenta con ventajas estructurales, como su ubicación geográfica, su capacidad manufacturera, el talento y la experiencia acumulada en tres décadas de integración regional. Pero esas fortalezas necesitan acompañarse de condiciones internas que permitan convertirlas en nuevos proyectos. La disponibilidad de energía competitiva, infraestructura, agua, seguridad, certeza jurídica, certidumbre fiscal, regulación ambiental y estabilidad regulatoria son algunos de los factores que las empresas consideran antes de comprometer inversiones de gran escala. “Cuando nos vamos a las inversiones de largo plazo, es donde las condiciones y reglas comerciales, pero también la certeza jurídica, fiscal, ambiental y operativa , la disponibilidad de energía, infraestructura, agua, seguridad y talento , hacen que en algunas industrias y empresas tenga total sentido ese ‘wait and see’”, afirma Bravo. Por ello, el organismo empresarial considera que la revisión del T-MEC debe avanzar en paralelo con una agenda interna que permita mejorar las condiciones para invertir y operar en México. El CEG señala como prioridades la implementación de los cambios en materia energética, judicial y laboral , la ejecución del plan nacional de infraestructura y el fortalecimiento de la seguridad .La siguiente inversión es la que está en espera El reto para México, de acuerdo con Bravo, ya no consiste solamente en conservar las inversiones que llegaron durante las últimas décadas. El país necesita generar las condiciones para atraer nuevos proyectos, ampliar su base productiva y aumentar la participación de empresas mexicanas en las cadenas de suministro regionales . “El gran reto es cómo podemos generar la confianza para traer nuevas inversiones y más crecimiento . Las empresas globales estamos establecidas y continuamos desarrollando nuestras operaciones en México. Sin embargo, el país necesita muchos más proyectos nuevos ”, sostiene. El objetivo es que las multinacionales funcionen como empresas tractoras para atraer nuevas tecnologías, proveedores y procesos productivos al país. “Necesitamos ampliar nuestra base productiva . Nosotros, que somos empresas tractoras, necesitamos que lleguen al país nuevas y mejores tecnologías , fortalecer la participación de proveedores nacionales y las cadenas regionales . Ahí es donde realmente vamos a reiniciar ese proceso de inversiones importantes y de crecimiento”, señala. En este escenario, la revisión del T-MEC representa solo una parte de la ecuación. Para las empresas globales, México conserva una posición privilegiada dentro de América del Norte, pero la oportunidad no está garantizada. “La oportunidad existe, pero lo que no podemos permitirnos es darla por sentada. Necesitamos seguir trabajando en la capacidad de ejecución, la certidumbre regulatoria, la infraestructura estratégica para estas nuevas inversiones y en energía competitiva ”, advierte Bravo. La meta final, agrega, debe ir más allá de atraer capital. “Al final, no solo es captar capital o traer inversiones, sino cómo lo convertimos en productividad, innovación, empleo formal y desarrollo regional ”, concluye. ]]>