En LIISA y El Instituto hicimos una investigación nacional que evidencia una condición emocional mayoritaria para las mujeres en México: nos da orgullo ser mujer en este país. A pesar de vivir todo tipo de violencias y no tener garantizado el ejercicio pleno de derechos, nos movilizamos desde la identidad antes que paralizarnos por el miedo
En dicha investigación dos terceras partes de las entrevistadas eligieron una emoción positiva.
No obstante el temor es una realidad no es la emoción que domina. Podemos afirmar desde la evidencia que lo que viven las mexicanas es que, a pesar de todo, sostienen y avanzan.
A pesar de todo porque vivimos en un país que no nos garantiza seguridad, que nos cobra la brecha salarial cada quincena y que nos exige adaptarnos a la injusticia para poder ser. Cinco de cada diez mujeres aportan más de la mitad del ingreso del hogar y al mismo tiempo, cargan
Encontramos también que cuatro de cada diez carga con el cuidado de los hijos y dependientes. Es decir, proveemos y cuidamos a la vez, nos adaptamos a la incertidumbre de poder volver a casa, aprendimos a defendernos de una sociedad hostil y silenciosa para quienes viven en desigualdad.
En todas estas condiciones estáe el verdadero origen del orgullo que refleja la encuesta.
Somos las protagonistas sociales que resuelven. La abuela que libera el día de su hija para que esta pueda trabajar; la madre que completa la lista de útiles escolares; la mujer que abre un negocio propio porque ningún empleo se ajusta a su vida; El de todas las que empujaron, en las calles y en el Congreso, leyes como la que castiga la violencia vicaria o el feminicidio.
Conquistamos terreno en colectivo con manos y esfuerzos invisibles para un sistema patriarcal que rara vez se cuenta en clave de triunfo para nosotras .
En contraste la conversación pública insiste en un solo registro: incertidumbre, carga, agravio.
Habla de la lucha y muy poco del porqué de esa lucha, como el orgullo que la sostiene y le da sentido.
Dicha deficiencia tiene un costo político. El estudio muestra que la crisis de representación de las mujeres en México no se explica por género, ni por clase, ni por ideología. Se explica porque el mensaje que reciben es técnico: cambios estructurales, reformas, agenda. Las instituciones no alcanzan a ver que la la empatía y el arraigo se construyen desde la vida cotidiana.
La mitad de las mexicanas entrevistadas no se siente representada por la presidenta Claudia Sheinbaum. Entre las jóvenes de 18 a 44 años la cifra sube hasta ocho de cada diez. El símbolo llegó. La representación no necesariamente.Finalmente, casi dos de cada diez mujeres simpatizan con la agenda de igualdad y no se sienten representadas por nadie, ni siquiera por la presidenta.
Es el espacio político más grande que se abrirá camino a 2027 y que permanece vacío, esperando por quien primero entienda que las mexicanas avanzan, sostienen, proveen y, sobre todo, se sienten orgullosas de hacerlo.
El Instituto · LIISA. (2026). Ellas deciden. ¿Quién las representa? Radiografía nacional de las
mujeres, el poder y la política rumbo a 2027 [Encuesta nacional, n = 2,000]. Levantamiento:
Áltica. Edición para el Encuentro de Perspectivas · Aúna