HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
Mundiario 16 Aug, 2026 21:00

La diplomacia del “amigo”: Trump reduce los ejercicios militares para no enfadar a Kim Jong Un

Donald Trump ha vuelto a recurrir a una de las constantes de su política exterior: la diplomacia personal como instrumento para contener a los adversarios. El presidente estadounidense ha ordenado al Pentágono reducir sustancialmente los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur, una decisión que vincula expresamente a su "muy buena relación" con Kim Jong Un y que llega apenas horas antes del comienzo de las maniobras anuales Ulchi Freedom Shield.

La decisión no supone la cancelación de los ejercicios. Las maniobras están previstas entre el 17 y el 27 de agosto y contarán con unos 18.000 militares surcoreanos. Pero el mensaje político es inequívoco: Trump considera que unas maniobras de gran escala pueden resultar demasiado costosas y, sobre todo, enviar a Pyongyang una señal que juzga innecesariamente hostil.

El movimiento resulta llamativo porque Corea del Norte no ha acompañado ese gesto con una reducción equivalente de su actividad militar. Pyongyang ha reanudado sus lanzamientos de misiles balísticos, mantiene su programa nuclear y ha profundizado su cooperación militar con Rusia. De hecho, el anuncio estadounidense coincide con una etapa en la que la relación entre Kim y Vladímir Putin continúa estrechándose.

La pregunta, por tanto, no es únicamente qué pretende Trump con Kim Jong Un. Es si la reducción de la presión militar puede abrir una negociación o si, por el contrario, acaba proporcionando a Pyongyang un margen adicional mientras mantiene intacta su estrategia nuclear.

El presidente estadounidense afirmó en Truth Social que mantiene una "muy buena relación" con Kim y sostuvo que Corea del Norte ha sido "inofensiva y respetuosa" durante su mandato. En su opinión, unos ejercicios militares costosos y de carácter potencialmente provocador no encajan con la relación que pretende mantener con Pyongyang.

Trump ha señalado además que era demasiado tarde para cancelar completamente las maniobras, pero ordenó al secretario de Defensa, Pete Hegseth, reducirlas "sustancialmente". No es la primera vez que el presidente estadounidense cuestiona estas maniobras. Durante su primer mandato ya las calificó de "provocadoras" y llegó a plantear su suspensión tras su encuentro con Kim en Singapur en 2018. Aquella experiencia terminó sin un acuerdo sobre el programa nuclear norcoreano y las conversaciones quedaron prácticamente paralizadas después de la cumbre de Hanói de 2019.

Ahora Trump regresa al mismo punto de partida, pero con una diferencia sustancial: Corea del Norte dispone hoy de un arsenal más desarrollado que entonces.

El problema: Kim no ha dejado de armarse

Trump busca reducir la tensión mediante un gesto militar. Kim Jong Un, mientras tanto, ha reforzado precisamente las capacidades que Washington y Seúl consideran más peligrosas.

Pyongyang ha continuado desarrollando misiles balísticos y su capacidad nuclear. Este mismo mes ha realizado nuevos lanzamientos y la semana pasada disparó otro misil balístico hacia el mar de Japón. Corea del Norte considera sistemáticamente las maniobras estadounidenses y surcoreanas una preparación para una invasión, mientras Washington y Seúl las presentan como ejercicios defensivos destinados a mantener la capacidad de respuesta de la alianza.

Aunque Trump reduce las maniobras militares para evitar que Kim perciba una amenaza directa, este último continúa aumentando sus capacidades bélicas precisamente para elevar el coste de cualquier eventual agresión estadounidense. El resultado de esta dinámica apunta hacia una especie de equilibrio incómodo, en el cual Washington intenta reducir la temperatura de la región mientras Pyongyang conserva el arsenal que le permite negociar desde una clara posición de fuerza.

Los ejercicios Ulchi Freedom Shield no desaparecen. Además, la alianza militar entre Washington y Seúl continúa siendo uno de los pilares de la arquitectura de seguridad en Asia oriental.

Las maniobras de este año fueron diseñadas para responder a amenazas muy distintas de las de hace una década: drones, interferencias de GPS, ataques cibernéticos y operaciones multidominio. También incorporan las lecciones adquiridas por las fuerzas norcoreanas tras su participación junto a Rusia en la guerra de Ucrania, según han señalado responsables militares estadounidenses.

Trump parece querer preservar la alianza con Corea del Sur sin convertirla en un mecanismo de presión permanente sobre Kim Jong Un. Es una distinción importante. La estrategia sería: mantener la capacidad defensiva necesaria, pero evitar demostraciones militares que puedan cerrar la puerta a una negociación.

Corea del Sur queda en una posición delicada

Corea del Sur vive a escasa distancia de una potencia nuclear que ha convertido el desarrollo de misiles en una de las prioridades de su política de defensa. La disuasión estadounidense no es una cuestión abstracta: forma parte del cálculo de seguridad cotidiano de la península.

Por ello, cualquier decisión de Washington que reduzca unilateralmente la intensidad de las maniobras puede generar dudas sobre el compromiso estadounidense, aunque no implique formalmente un cambio en las garantías de defensa.

En su mensaje, relacionó su descontento con Seúl con la negativa del Gobierno surcoreano a participar en los esfuerzos estadounidenses relacionados con Irán. El presidente estadounidense reconoció que ambas cuestiones estaban "algo sin relación", pero decidió mencionarlas juntas.

Esto revela una característica cada vez más visible de la política exterior de Trump: las alianzas son contempladas también desde una lógica transaccional. Washington espera que sus aliados acompañen determinadas iniciativas estadounidenses y, cuando no lo hacen, la Casa Blanca puede revisar otros elementos de la relación.

Corea del Norte lleva años intentando que Estados Unidos abandone el objetivo de una desnuclearización completa como condición previa para negociar. El régimen considera sus armas nucleares un elemento central de supervivencia y de capacidad negociadora.

Trump, además, ha utilizado en su segundo mandato una terminología que parece alejarse de las fórmulas más rígidas de la primera etapa de sus negociaciones con Kim. El reconocimiento de facto de Corea del Norte como potencia nuclear y la posibilidad de hablar de reducción de armamento, en lugar de insistir exclusivamente en la desnuclearización, modificarían sustancialmente el marco de cualquier futura negociación.

Trump parece más interesado en gestionar la amenaza nuclear norcoreana que en exigir una desaparición inmediata de ese arsenal. Eso podría facilitar el diálogo, pero también supondría aceptar una realidad que Estados Unidos y sus aliados llevan años intentando revertir. @mundiario

Contenido Patrocinado