En ocasiones, una entrevista vale más por lo que fija como rumbo que por las novedades que anuncia. La conversación de Marta Ortega con la revista Vogue pertenece a esa categoría. No revela un gran cambio estratégico ni anticipa una revolución en Inditex. Hace algo quizá más importante: confirma que la mayor empresa española por proyección internacional no piensa renunciar a los principios que la convirtieron en un fenómeno global.
Hay dos mensajes que merecen una lectura pausada. El primero tiene acento gallego. El segundo habla el lenguaje universal de la moda.
El primero consiste en reafirmar que A Coruña y, sobre todo, Arteixo siguen siendo el auténtico centro de gravedad de Inditex. En un mundo donde las grandes corporaciones deslocalizan centros de decisión en busca de ventajas fiscales o financieras, la multinacional gallega insiste en mantener el núcleo creativo, tecnológico y ejecutivo allí donde nació. No es una decisión sentimental. Es una apuesta empresarial, sin duda inspirada por Amancio Ortega, también coincidente con la estrategia de su otra hija, Sandra Ortega, la heredera de Rosalía Mera, cofundadora de Zara y primera mujer de Ortega.
Arteixo, en A Coruña, continúa siendo una ventaja competitiva, no un ancla. El lujo inspira; la accesibilidad define a Zara
Desde ese complejo industrial situado en el noroeste de España se coordina una maquinaria capaz de interpretar las tendencias, diseñar colecciones, fabricar con rapidez y abastecer miles de tiendas en todo el mundo. El éxito de Inditex no depende únicamente del talento de sus diseñadores o de la potencia de su marca. Depende de un ecosistema construido durante décadas en Galicia, donde logística, creatividad, tecnología y capacidad de decisión forman parte de un mismo proceso.
El segundo mensaje resulta igualmente relevante porque desmonta una idea que lleva años sobrevolando el sector: que Zara terminaría convirtiéndose en una marca de lujo. Marta Ortega responde con una claridad poco habitual en un mundo acostumbrado a los matices calculados. No quieren ser una firma de lujo. Les inspira ese universo, colaboran con algunos de sus grandes nombres y admiran su creatividad, pero no desean abandonar la esencia que ha definido a Zara desde sus orígenes: ofrecer prendas bien diseñadas para el mayor número posible de personas.
Marta Ortega en la revista Vogue. / Mundiario
La afirmación de Marta Ortega en Vogue tiene una dimensión empresarial, pero también cultural. Durante demasiado tiempo, parte de la industria ha identificado prestigio con exclusividad y exclusividad con precios cada vez más elevados. Inditex propone una interpretación distinta. El diseño puede aspirar a la excelencia sin convertirse en un privilegio reservado para unos pocos. La creatividad no pierde valor porque llegue a millones de consumidores.
Eso no significa ignorar los desafíos que afronta el sector. La presión competitiva del ultra fast fashion, las exigencias medioambientales o la transformación digital obligan a revisar permanentemente los procesos. Precisamente por ello adquiere más importancia la insistencia de Marta Ortega en un modelo basado en producir según la demanda, minimizar los excedentes y mantener una cadena de suministro extraordinariamente flexible. En un momento en que la sostenibilidad ya no puede ser solo un argumento de marketing, la eficiencia también se convierte en una responsabilidad empresarial.
Conviene, además, interpretar sus palabras desde una perspectiva más amplia. Inditex no solo representa una historia de éxito económico. Es uno de los pocos grupos europeos capaces de competir de igual a igual con gigantes estadounidenses y asiáticos desde una ciudad periférica del continente. Ese hecho debería invitar a una reflexión sobre el valor estratégico del tejido empresarial gallego y español.
Galicia suele aparecer en los titulares por razones demográficas o por sus dificultades industriales. Sin embargo, alberga una empresa que marca tendencias en la distribución mundial, condiciona la evolución del comercio minorista y sirve de referencia para buena parte del sector textil internacional. Mantener ese liderazgo exige inversiones, innovación y talento, pero también conservar aquello que ha hecho diferente a la compañía.
Quizá el mayor acierto de Marta Ortega haya sido comprender que modernizar una empresa no implica desdibujar su identidad. Las colaboraciones con grandes creadores, la presencia creciente en los grandes acontecimientos de la moda o la sofisticación estética de Zara no persiguen convertir la marca en un símbolo de exclusividad. Pretenden reforzar su capacidad creativa sin romper el vínculo con el consumidor que hizo posible su expansión mundial.
En tiempos en los que muchas compañías parecen obsesionadas por parecer otra cosa distinta de lo que son, el mensaje de la presidenta de Inditex tiene un valor singular. Reivindica que el liderazgo también puede consistir en permanecer fiel a una idea sencilla: hacer buen diseño, mantener el centro de decisiones en Galicia y demostrar que la ambición global no obliga a olvidar las raíces. Ese equilibrio entre identidad local y vocación internacional explica buena parte del éxito de Inditex. Y, a la vista de las palabras de Marta Ortega, también parece llamado a definir su futuro. @mundiario