1.- La clave de lo ocurrido que con el proceso legislativo del Plan B de reforma electoral (o Plan D en la contabilidad lopezobradorista) se debe buscar en las dos o tres ocasiones en que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en el marco oficial de la mañanera reiteró de manera contundente: “yo ya cumplí”.
2.- Con esas tres palabras, la presidenta de la República dejó muy en claro que el proceso estaba en manos de otros responsables, y aunque nunca precisó acreditaciones fue muy obvio que la iniciativa en sí misma --cuarta oportunidad-- venía del Palacio Downton Abby de Palenque y que los liderazgos legislativos y partidistas de Morena no los tenía la titular del Ejecutivo federal sino el presidente emérito López Obrador.
3.- En este contexto, las lecturas estratégicas deben ser más abiertas de las directamente tradicionales. El PT de Alberto Anaya sin duda que --como dicen en el pueblo-- “no come lumbre” y sólo por circunstancias y apoyos muy especiales enfrentaría un mandato de la Presidencia emérita como institución de poder; es decir, que el PT de Anaya jugó en la cancha de la presidenta y ahí la prioridad no fue la revocación.
4.- La “cabeza fría” de la presidenta Sheinbaum se fijó en las mañaneras y en la forma en que se deslindó del proceso legislativo, mientras los mandos lopezobradoristas literalmente se hacían bolas y se confrontaban entre sí como cochecitos chocones de feria.
5.- Las relaciones políticas y de poder entre los dos Palacios --el Nacional y el Downton Abby de Palenque-- están muy bien articuladas pero su funcionalidad depende de que el Palacio del sur entienda que públicamente los hilos del poder están en el Palacio del centro y que a ninguno de los dos conviene que comiencen a confrontarse entre grupos porque estarían mandando mensajes equivocados a los aspirantes a diputados federales, locales, alcaldías y gobernaturas que ciertamente se están decidiendo en Palenque, pero sin cumplir con el requisito de sensibilidad política de que el Palacio Nacional deba necesariamente de involucrarse.
6.- A partir de la experiencia en las alianzas de López Obrador con pequeños partidos para superar el candado del artículo 54 constitucional que impone la condición de que ningún partido por sí mismo puede tener más del 60% de las curules --de manera independiente de las victorias distritales--, el Partido Verde y el PT tienen muy claras sus condicionalidades, y en las negociaciones últimas los enviados de Palenque les ofrecieron el oro y el moro, pero después de mensajes y regaños que no se debieran de darse entre aliados, por mucho que los chicos sean los parientes pobres de la coalición.
7.- El mensaje de López Obrador fue directito: nada de condiciones exigidas, al margen de que las demandas estuvieran planteadas en el proceso de la formalización de la alianza, pero desde Palenque quisieron dar el mensaje directo de quién es el sheriff del pueblo.
8.- Lo que viene ahora es tratar de identificar los espacios políticos de maniobra de Palacio Nacional en la definición de la agenda de Morena porque pareciera que el partido lopezobradorista agota sus posibilidades en la agenda del presidente emérito y sus cuadros políticos que fueron forjados en los últimos siete años, sin tomar en cuenta a Palacio Nacional.
9.- Y también se tiene que aclarar el tema de las agendas no del presidente emérito sino de lo que debe ser considerada como una coalición dominante, toda vez que Morena por sí misma no alcanza siquiera la mayoría absoluta de 51% y en el 24 apenas la rebasó por el reacomodo de militantes del PT y del Verde.
10.- Es decir, que el mensaje implícito --en modo de mensaje explícito-- está contenido en las tres palabras mágicas: “yo ya cumplí”, y las cosas salieron o no salieron o responsabilidades de otros liderazgos, y de ahí se salta a la interpretación obvia: Palacio Nacional tiene sus propias agendas políticas y no parece dispuesto a que sigan tomando el espacio del Palacio central con el desdén de la subordinación.
11.- En términos estrictos, en realidad no está en riesgo la alianza Sheinbaum-López Obrador / López Obrador-Sheinbaum, sino que el funcionamiento de la política en la superficie y de la política en las redes subterráneas deben de tener acuerdos muy explícitos para no llegar a que uno de los dos diga “pero si yo lo quería y no cumpliste” y le respondan con claridad “yo ya cumplí" y la responsabilidad estaría en otra parte, en otros aliados y en otros representantes del Palacio Downton Abby de Palenque.
12.- Como se están dando el cruce de recriminaciones entre los dos Palacios, focos rojos se están encendiendo y titilando en la coalición dominante que no quiere ser reconocida de manera horizontal sino impuesta en forma vertical y unidireccional. Lo que viene ya no es el Plan C (E en la contabilidad lopezobradorista), sino que el Plan D (o F) gira en torno a la supervivencia del proyecto transexenal sólo si consiguen la mayoría absoluta legislativa.
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