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Mundiario 21 Aug, 2026 03:19

El plan secreto de las ballenas: por qué el deshielo les deja vía libre para invadir Groenlandia

Mientras algunas especies pierden hábitat debido a los efectos del cambio climático, otras encuentran temporalmente nuevas oportunidades en regiones que durante décadas fueron demasiado frías o permanecieron cubiertas de hielo. Es precisamente lo que parece estar ocurriendo en el mar de Groenlandia oriental, donde el calentamiento de las aguas y la reducción del hielo marino están favoreciendo la presencia estival de miles de ballenas.

Un estudio publicado en Frontiers in Marine Science documenta una transformación especialmente llamativa: ballenas de aleta, jorobadas y minke, especies que históricamente eran poco frecuentes en la costa oriental de Groenlandia, están apareciendo ahora en grandes concentraciones y alimentándose juntas. La investigación, dirigida por Mads Peter Heide-Jørgensen, combina observaciones realizadas durante décadas con campañas aéreas, testimonios de cazadores inuit y datos obtenidos mediante seguimiento por satélite. 

No se trata simplemente de que haya "más ballenas" en el Ártico. Lo relevante es por qué están allí y qué revela su llegada sobre la reorganización del ecosistema.

La costa oriental de Groenlandia se encuentra en una de las regiones del planeta donde los cambios ambientales son especialmente rápidos. Desde la década de 1990, la temperatura superficial del mar en el área estudiada ha aumentado aproximadamente 2 °C, mientras que el borde del hielo marino durante el verano se ha desplazado progresivamente hacia el norte.

Para una ballena, sin embargo, la temperatura del agua no es necesariamente la cuestión decisiva. Lo fundamental es encontrar alimento. Y ahí aparece la pieza central del estudio: el capelán, un pequeño pez asociado tradicionalmente a aguas frías y que constituye una presa importante para numerosas especies de ballenas.

Los investigadores señalan que, desde mediados de la década de los 2000, los capelanes han desplazado parte de sus zonas de alimentación desde aguas relativamente más cálidas situadas al norte de Islandia hacia el mar de Groenlandia. Las ballenas, grandes depredadores móviles capaces de recorrer enormes distancias, parecen haber seguido ese desplazamiento.

En el verano de 2024, los investigadores estimaron que visitaron el mar de Groenlandia al menos 4.000 ballenas jorobadas, 6.000 ballenas de aleta y 6.000 ballenas minke. Es decir, unas 16.000 ballenas de estas tres especies en una misma región durante la temporada de alimentación.

De unas pocas observaciones a decenas de ellas

Los registros históricos permiten apreciar la magnitud de este cambio, reflejado en que los estudios realizados desde barcos no registraron ballenas jorobadas en la zona hasta 2006. Un año después se reportaron siete avistamientos, una cifra que ascendió a 26 en 2015 y que en 2024 superó las 150 observaciones. Un fenómeno similar ocurrió con las ballenas minke, cuyos avistamientos fueron escasos hasta mediados de los años noventa para luego pasar a registrarse con regularidad, alcanzando una media de entre 10 y 20 ejemplares anuales a partir de 2001.

Las ballenas de aleta también experimentaron un incremento considerable. Y en agosto de 2025 se produjo una de las imágenes más reveladoras del nuevo escenario: una embarcación llegó a observar hasta 50 ballenas de barbas simultáneamente frente a la costa oriental de Groenlandia, alrededor de los 69 grados de latitud norte, ya al norte del círculo polar ártico.

Las campañas aéreas de 2015 y 2024 reforzaron esa impresión, al encontrar una distribución prácticamente continua de las especies entre aproximadamente 60° y 70° norte. La evidencia es, por tanto, más amplia que un simple aumento puntual de avistamientos. El trabajo científico identifica una modificación persistente de la distribución geográfica de grandes cetáceos. 

La explicación más probable de por qué las ballenas se concentran allí es relativamente sencilla: la comida. Al ser animales altamente móviles, las ballenas de barbas pueden desplazarse enormes distancias siguiendo las concentraciones de sus presas; por lo tanto, cuando el capelán modifica su distribución, los depredadores que dependen de él tienen un poderoso incentivo para modificar también la suya.

El calentamiento no está "atrayendo" directamente a las ballenas como si buscaran aguas más cálidas. Es una relación indirecta: el calentamiento altera las condiciones oceanográficas y la distribución del hielo; esos cambios modifican la localización y disponibilidad de las presas; las ballenas responden siguiendo el nuevo mapa alimentario.

La investigación no demuestra que el calentamiento sea beneficioso para las ballenas en términos generales. Demuestra que, en este lugar concreto y durante este periodo, algunas especies están aprovechando una nueva concentración de recursos. De hecho, algunas investigaciones recientes sobre otros ecosistemas del Atlántico Norte muestran que las ballenas también están modificando sus dietas y la manera en que se reparten los recursos cuando cambian las condiciones ambientales. 

Un “cambio de régimen” en el ecosistema de Groenlandia

La llegada de grandes cantidades de rorcuales puede modificar las relaciones entre depredadores y presas. Si las ballenas permanecen de forma habitual durante el verano, aumentará la presión sobre determinados peces y otros organismos que forman parte de la misma red alimentaria.

Pero también puede ocurrir lo contrario: la llegada de grandes concentraciones de presas puede permitir que diferentes especies de ballenas compartan el mismo territorio sin competir exactamente por los mismos recursos.

El estudio describe la situación de Groenlandia oriental como un cambio importante en el régimen ecológico. Especies asociadas al hielo, como los narvales, empiezan a compartir espacio con especies de ballenas de barbas que tradicionalmente evitaban las zonas cubiertas de hielo.

Las especies no responden todas de la misma manera. Algunas retroceden. Otras se desplazan. Algunas encuentran nuevas oportunidades. Y otras pueden quedar atrapadas si sus presas, competidores o hábitats cambian más rápido de lo que ellas pueden adaptarse.

Aunque la espectacular concentración de cetáceos podría interpretarse fácilmente como una buena noticia, el aumento de las ballenas no significa que todo sea positivo, ya que científicamente sería una conclusión demasiado simple. Que una especie aparezca en mayor número en una determinada región no implica necesariamente que el ecosistema se encuentre en mejor estado, sino que puede deberse a que los recursos están siendo redistribuidos.

El problema es precisamente determinar cuánto tiempo puede mantenerse esa nueva situación. El capelán es una especie fundamental para numerosas cadenas alimentarias del Atlántico Norte. Si su distribución continúa desplazándose, otras especies tendrán que responder. Y si posteriormente cambian la temperatura, la productividad marina, las corrientes o la disponibilidad de alimento, las mismas ballenas podrían volver a modificar su distribución.

El retroceso del hielo abre progresivamente zonas antes difíciles de navegar, aumentando potencialmente la actividad marítima. Por lo tanto, el mismo proceso que permite a una ballena alcanzar una nueva zona de alimentación puede facilitar también la llegada de barcos, pesca y otras actividades humanas. @mundiario

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