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Publimetro 23 Aug, 2026 05:28

C7 Salud Mental: Lo que vemos en redes no siempre es lo que es

Agosto es el mes de las fotos de vacaciones. Para algunas personas, también es el mes en que las redes sociales duelen más de lo habitual.

Durante estas semanas los muros se llenan de playas, viajes, familias sonrientes, cenas con amigos y atardeceres desde lugares que no son la ciudad. Y aunque pocas personas lo admitan, a veces basta con unos minutos de desplazarse por la pantalla para que aparezca una sensación incómoda. No es exactamente envidia. Es algo más sutil: la impresión de que todos los demás parecen estar viviendo una vida más interesante, más plena o más feliz que la propia.

Esa experiencia tiene un nombre en psicología: comparación social. No es algo nuevo ni exclusivo de las redes. Los seres humanos siempre hemos evaluado nuestra situación en relación con quienes nos rodean. Lo que sí es nuevo es la escala. Nunca antes habíamos tenido acceso, en cuestión de minutos, a los momentos más destacados de cientos de personas al mismo tiempo.

El problema no es observar la vida de los demás. El problema es que solemos contrastar nuestra experiencia completa —con sus días difíciles, sus preocupaciones y sus momentos ordinarios— con una versión cuidadosamente seleccionada de la vida ajena. Es una comparación desigual desde el principio. Nadie suele publicar la discusión antes del viaje, el vuelo retrasado, el cansancio acumulado o el hotel que resultó muy distinto a las fotografías.

“No competimos con la vida real de los demás. Competimos con su versión publicada.”

Para algunas personas este efecto es pasajero. Para otras, especialmente cuando atraviesan momentos de vulnerabilidad emocional, puede intensificar sentimientos de insuficiencia, soledad o tristeza. Eso no significa necesariamente que exista un problema grave. Pero sí es una señal que vale la pena observar.

Una pregunta útil es esta: ¿cómo me siento después de pasar tiempo en redes sociales? No durante, sino después. Si la respuesta frecuente es que te sientes peor que antes de entrar, esa información merece atención. No habla de las redes en general. Habla de cómo están influyendo en tu bienestar en este momento específico de tu vida.

Esto no es una invitación a eliminar las redes ni a demonizarlas. Son herramientas, y como toda herramienta, su impacto depende de cómo las utilizamos. Pero sí vale la pena hacer una revisión honesta: ¿a quién sigo y cómo me hace sentir? ¿Estoy usando las redes para conectar o para distraerme de algo que no quiero mirar? ¿Cuánto tiempo les dedico y qué estoy dejando de hacer mientras tanto?

Hacerse estas preguntas no requiere conocimientos de tecnología ni formación en psicología. Requiere algo mucho más sencillo: prestar atención a lo que sucede dentro de nosotros mientras hacemos scroll.

Las redes sociales no van a desaparecer. Pero la relación que tenemos con ellas sí puede transformarse. Y a veces el cambio más importante no consiste en mirar menos la pantalla, sino en compararnos menos con lo que aparece en ella.

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