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Quadratin 27 Mar, 2026 14:16

Luchar es un acto de resistencia, no de rebeldía: Resistencia Estudiantil

CUERNAVACA, Mor., 27 de marzo de 2026.- En un ambiente cargado de simbolismo y bajo el resguardo de la Asamblea de los Pueblos, los voceros de la Resistencia Estudiantil UAEM abrieron la mesa de diálogo con un mensaje contundente: su lucha no es un acto de rebeldía, sino de supervivencia. Con el rostro cubierto —medida que defendieron como necesaria ante el historial de hostigamiento institucional—, los jóvenes exigieron a las autoridades universitarias y a la sociedad civil detener la criminalización de un movimiento que nació del miedo, pero que hoy se sostiene en la exigencia de dignidad y seguridad para quienes habitan las aulas.

El movimiento recordó que el hartazgo no surgió de la nada, sino de una acumulación de ausencias y de la violencia feminicida que ha golpeado al estudiantado. Los voceros trajeron a la mesa los nombres de Aylin, estudiante de Psicología asesinada en 2025, y de Kimberly, cuya desaparición el pasado 20 de febrero marcó el punto de no retorno. Los estudiantes cuestionaron severamente la seguridad de los campus, señalando que los registros de ingreso de Kimberly demuestran que la vulnerabilidad se encuentra dentro de las propias instalaciones universitarias, convirtiendo la educación en una actividad de alto riesgo para las mujeres.

Exigencias del Movimiento

Durante su intervención, la Resistencia Estudiantil marcó una distancia definitiva con las estructuras tradicionales de poder dentro de la universidad. Ratificaron el desconocimiento de la FEUM, así como de los consejos universitarios y técnicos, acusándolos de ser organismos que han intentado silenciar las demandas legítimas de la base estudiantil. Para los jóvenes, estas figuras de representación han sido cómplices de la opacidad institucional, lo que los obligó a organizarse de manera autónoma y horizontal para visibilizar sus exigencias a través de consignas, asambleas e intervenciones artísticas.

El colectivo defendió el uso de la iconoclasia simbólica y las tomas de instalaciones como herramientas legítimas de libertad de expresión y derecho a la protesta. Aseguraron que las pintas y los murales en los edificios no son actos vandálicos, sino un grito de “aquí estamos y no vamos a desaparecer”. Para los estudiantes, cada espacio transformado es un recordatorio de que la normalidad no puede regresar mientras las condiciones estructurales de violencia sigan intactas y mientras la voz de las juventudes permanezca ignorada por la burocracia universitaria.

Finalmente, los voceros enfatizaron que la disposición al diálogo tiene una condición innegociable: la firma de garantías de no represalias que cuenten con validez institucional real. Advirtieron que no aceptarán promesas verbales ni documentos ambiguos, pues el movimiento ha aprendido a desconfiar de los canales oficiales. “Hoy no solo defendemos un pliego petitorio, defendemos nuestra vida y nuestro derecho a estudiar en condiciones dignas”, concluyeron, dejando claro que el regreso a la normalidad académica depende exclusivamente de la voluntad política de la Rectoría para proteger a quienes hoy alzan la voz.

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