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Mundiario 24 Aug, 2026 14:12

El rial se desploma, pero Irán guarda un as bajo la manga para negociar

El rial iraní ha alcanzado un nuevo mínimo histórico, al superar la barrera de los dos millones de riales por dólar en el mercado, en un momento especialmente delicado para la economía de Irán. La caída se produce justo cuando Estados Unidos prepara lo que su secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha presentado como "la mayor ofensiva financiera desplegada" contra un adversario, con nuevas sanciones dirigidas no solo contra Teherán sino también contra terceros países que continúen haciendo negocios con Irán.

La depreciación de la moneda no constituye por sí sola una prueba de que la economía iraní esté al borde del colapso, pero sí revela hasta qué punto se han deteriorado las expectativas sobre su capacidad para generar divisas, sostener las importaciones y contener la inflación.

El dólar ha llegado a cotizar alrededor de 2,02 millones de riales en el mercado abierto. La diferencia con el tipo oficial del Banco Central iraní, situado aproximadamente en 1,5 millones, muestra una de las principales distorsiones de la economía iraní: existen varios precios para una misma moneda y el cambio que determina buena parte de la vida cotidiana es el del mercado.

La consecuencia es directa. Cuando el rial pierde valor, los productos importados se encarecen y la capacidad de compra de los salarios disminuye. El problema adquiere mayor dimensión cuando la depreciación coincide con una inflación elevada y con dificultades para acceder a financiación internacional.

Los alimentos ofrecen una referencia especialmente visible. Según los datos aportados en las informaciones disponibles, desde el comienzo de la guerra el arroz ha aumentado alrededor de un 60%, mientras que la carne de vacuno ha registrado incrementos superiores al 150%. El Fondo Monetario Internacional prevé además una contracción de la economía iraní superior al 5%.

El deterioro, por tanto, no se limita al mercado cambiario. Afecta al consumo, a las empresas, a las importaciones y a las expectativas de los ciudadanos.

La nueva ofensiva de Washington llega en el peor momento

La Administración de Donald Trump pretende aprovechar precisamente esa vulnerabilidad. Washington prepara nuevas medidas contra la economía iraní y amenaza con aplicar sanciones secundarias a gobiernos, empresas y entidades financieras que continúen manteniendo relaciones comerciales con Teherán.

El objetivo declarado por Bessent es cortar las vías económicas que todavía permiten a Irán obtener ingresos —especialmente las relacionadas con el petróleo, los mecanismos financieros, las casas de cambio, las zonas francas y las operaciones marítimas— bajo una lógica conocida: si el país tiene menos acceso al dólar y a otras divisas, sus importaciones se encarecen; si sus exportaciones energéticas encuentran mayores obstáculos, disminuyen sus ingresos; y si, además, se restringe su acceso al sistema financiero internacional, mantener el valor del rial resulta todavía más complicado.

Sin embargo, esta estrategia también conlleva el riesgo de que, al reducirse aún más la capacidad iraní para importar alimentos, combustible, maquinaria o medicamentos, la presión se traslade con rapidez desde las cuentas públicas hasta los hogares. Por eso, la verdadera cuestión no es únicamente cuánto puede caer el rial, sino hasta dónde puede soportar la economía iraní una nueva ronda de aislamiento sin que aumenten las tensiones internas y regionales.

La situación actual, marcada por un escenario transformado tras seis meses de guerra, tampoco puede entenderse sin incorporar el factor militar. Irán ya llegaba debilitado a esta nueva fase de confrontación debido a años de sanciones, inflación elevada, dificultades estructurales y un crecimiento débil; sin embargo, el conflicto iniciado tras los ataques de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero agravó profundamente esas vulnerabilidades. De este modo, las nuevas necesidades militares, la alteración del comercio y la incertidumbre sobre las exportaciones energéticas han añadido una presión insostenible sobre una economía que ya funcionaba bajo restricciones severas.

No obstante, existe una paradoja. La debilidad económica de Irán no equivale necesariamente a una pérdida inmediata de capacidad de negociación.

Teherán conserva un instrumento que tiene un valor estratégico extraordinario: el estrecho de Ormuz. Por esa vía circulaba antes del conflicto aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado mundialmente por vía marítima. La reducción del tráfico a través del estrecho ha convertido el control de esta ruta en uno de los principales puntos de confrontación entre Irán y Estados Unidos.

Ormuz, la carta que todavía tiene Teherán

La estrategia iraní parece buscar una compensación: si las sanciones estadounidenses intentan estrangular la economía iraní, Teherán puede elevar el coste económico de la presión internacional dificultando el tránsito energético por Ormuz.

Irán ha amenazado con imponer condiciones a los barcos que atraviesen el estrecho e incluso con confiscar embarcaciones que incumplan las normas que pretende establecer. El Parlamento iraní ha avanzado además una iniciativa para cobrar por determinados servicios relacionados con el tránsito, aunque todavía debe completar su proceso legislativo.

En este punto aparece también Omán, que mantiene canales diplomáticos con ambos lados. Su ministro de Exteriores tiene previsto desplazarse a Teherán para abordar precisamente la situación del estrecho. La diplomacia omaní podría desempeñar un papel relevante si se busca establecer algún mecanismo que permita reabrir progresivamente la navegación.

 

La reciente declaración en redes sociales del presidente estadounidense Donald Trump afirmando que "¡¡¡IRÁN ESTÁ COLAPSANDO POR COMPLETO!!!" responde a la narrativa de presión máxima de Washington, intensificada tras el inicio del conflicto bélico en febrero de 2026. Sin embargo, no constituye por sí misma un diagnóstico económico definitivo. El panorama financiero es crítico: el rial iraní se ha hundido en el mercado paralelo, la inflación proyectada escala al 70% tras la eliminación de topes a las tasas de interés y el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé una contracción del PIB del 5,4% para este año.

A pesar del colapso de importantes entidades (como Bank Noor y Ayandeh Bank) y de un embargo petrolero que ha reducido drásticamente los ingresos estatales, los analistas internacionales coinciden en que la economía de Teherán se encuentra en un estado de "depleción estructural", más un agotamiento profundo que una desintegración absoluta. El Estado mantiene a flote sus servicios básicos y el pago de salarios públicos apoyándose en una fuerte economía sumergida, el contrabando marítimo y la importación de ayuda humanitaria desde socios estratégicos como Rusia y China. Históricamente, las estructuras políticas, militares y administrativas de la República Islámica han demostrado una alta resiliencia para sostenerse en pie aun bajo escenarios de insolvencia extrema.

A pesar de las sanciones, Irán todavía conserva importantes recursos energéticos, capacidad industrial, redes comerciales alternativas y sólidas relaciones con países que no participan plenamente del régimen de restricciones estadounidense. Por esta razón, la presión económica aún no se ha transformado de forma proporcional en una presión política real contra el régimen, lo que representa precisamente una de las mayores dificultades para la estrategia de Estados Unidos.

La caída del rial tiene, por tanto, dos dimensiones. En el interior, significa pérdida de poder adquisitivo, inflación y mayor incertidumbre. En el exterior, constituye una señal de que Teherán tiene cada vez más dificultades para proteger su moneda y mantener abiertas sus vías tradicionales de financiación.

La decisión de Emiratos Árabes Unidos de suspender el comercio con Irán añade presión a un país que durante años ha utilizado a Emiratos como uno de sus principales canales comerciales y de importación. Pero también aumenta el incentivo iraní para buscar nuevas rutas y socios. China, Rusia, India y otros actores mantienen intereses propios en la región y no necesariamente comparten la estrategia estadounidense de aislamiento absoluto.

Ahí se encuentra el límite de la ofensiva de Washington: cuanto más amplia sea la red de sanciones secundarias, mayor será también el coste diplomático de imponerlas.

Teherán, mientras tanto, responde con amenazas. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, ha advertido de que una escalada "tendrá consecuencias" y ha insistido en que las opciones de respuesta siguen abiertas. Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, ha llegado a advertir de que una prolongación de la “guerra económica” podría afectar a las exportaciones de petróleo de todo el golfo Pérsico. @mundiario

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