Historia 150
Esta es la historia 150 de 450 que te contaremos sobre León
Alfonso Sánchez López —Don Alfonso—, combinó durante toda su vida la actividad empresarial con la atención a causas sociales.
Al morir en 2023, a los 91 años, su familia desconocía el alcance de su ayuda: primarias, orfanatos, asilos, misioneros, asociaciones y maestros recibían apoyos mensuales, incluidos jóvenes becados por él.
Construyó aulas, canchas, techos, bardas y sanitarios en más de 150 escuelas; apoyó la apertura del Instituto Tecnológico Regional, impulsó la creación del Centro de Investigación y Promoción Educativa y Cultural (CIPEC), encabezó la reconstrucción del Teatro Doblado y colaboró con comunidades campesinas a través del Patronato de Desarrollo Rural.
También promovió la construcción de la Casa del Maestro Jubilado y donó el terreno para el Centro de la Asociación Leonesa de Adaptación del Down.
Becó a hijos de sus trabajadores en universidades privadas, aportó recursos para restaurar obras de arte y capillas, y sostuvo un dispensario gerontológico. Participó en la Fundación Servir, que dotaba de prótesis a personas de escasos recursos.
En una visita a una escuela beneficiada, dijo a los alumnos y maestros: “¿A qué hemos venido al mundo, sino a servir y ser felices?”, describe un reportaje de la revista Selecciones Reader’s Digest, dedicado a él, en la sección “Héroe entre nosotros”.
Selecciones tituló el reportaje como “Zapatero, a tu servicio”.
Don Alfonso aprendió la generosidad de su padre, Antonio Sánchez Herrera, quien en su fábrica ayudaba a los obreros con préstamos y servicios médicos antes de la existencia de Infonavit o Seguro Social.
Sánchez López también incursionó en la vida pública: fue presidente del PRI municipal, formó parte de la Junta de Administración Civil encabezada por Roberto Plasencia Saldaña; fue senador suplente y presidente del Equipo León.
También presidió el Patronato de Apoyo a la Mujer y aportó recursos para la restauración de obras de arte.
“¿Qué le gusta de la vida?”, le preguntó Selecciones para el artículo “Héroe entre nosotros”.
Ayudar al prójimo, viajar, convivir con la familia, escuchar música, leer sobre todo novela policíaca y costumbrista, ver deportes por TV”, respondió.
De Tampico a León
Alfonso nació en Tampico y a los tres años, llegó a León con sus padres: Antonio Sánchez Herrera y Ángela López, y sus tres hermanos. Era 1934.
Alfonso Sánchez López con el cuadro de Antonio Sánchez Herrera. Foto: Especial
En esta ciudad instaló un taller de calzado y comenzó la marca “Bonitas” y, posteriormente, fabricó calzado para niños bajo la marca “Ponchito”. Tres años después, en 1937, inició Destroyer, zapato para caballero.
En tanto, Alfonso cursó la primaria en el Colegio Jovita Medina e inició la secundaria, pero reprobó el primer año y desistió. Su padre lo envió al Instituto Potosino, en San Luis Potosí, donde permaneció un año antes de regresar. Quería trabajar.
Tenía 16 años cuando aprendió a hacer calzado en Destroyer, junto a su padre y su hermano Alfredo.
Se casó con Luz María Romo y tuvieron cinco hijos: Alfonso —murió a los 18 años de edad—, Antonio, Constanza, Liliana y Luz María.
Durante más de 40 años trabajó con su padre, hasta su muerte en 1981.
Don Alfonso continuó con Destroyer y, al mismo tiempo, se asoció con empresarios para fabricar otras marcas: Caravella, Vaqueras, Safari y Artigiano. También incursionó en el desarrollo de fraccionamientos La Florida y Julián de Obregón, en Tenería Continental y en la fabricación de plásticos.
Con Vaqueras entró al mercado estadounidense a través de Welt Johnston & Murphy.
En 2003, vendió la marca Destroyer a sus socios.
Su nieto mayor, Alfonso Chico Sánchez desconoce por qué la vendió, pero recuerda las palabras de su abuelo: “Un par de zapatos más es un problema más… ten cuidado. Mantén un trabajo hasta que no te estreses de más”.
Alfonso Chico Sánchez, nieto de Don Alfonso. Foto: Arcelia Becerra
Cuando era niño, Alfonso iba a Destroyer y convivía con los trabajadores; después en Artigiano, “veía que llegaban personas a verlo, pero nunca me dijo por qué…”.
“Él ayudaba con la mano izquierda para que no se enterara la derecha”.
El joven estudió diseño de calzado en Milán y, a su regreso instaló un taller en el que producía hasta 30 pares diarios que le compraba don Alfonso, hasta que en 2007 asumió la dirección de Artigiano.
“Platicaba con él sobre nuevos modelos para entrar en más mercados, de innovaciones, de avances y ahí tomó la decisión”.
Padre e hijo, reciben San Crispín de Oro
En 2010, después de varios intentos de la Cámara del Calzado, Alfonso aceptó el máximo reconocimiento a su labor como zapatero: el San Crispín de Oro.
Cuarenta años atrás, los zapateros querían entregarle la presea, pero la rechazó, “Mi padre es quien la merece”, dijo.
En 1970, Antonio Sánchez Herrera recibió el primer San Crispín de Oro otorgado por la Cámara del Calzado y, cuarenta años después, Don Alfonso aceptó la presea. Era el 2010, tenía 79 años de edad.
Antonio Sánchez herrera al recibir la presea San Crispín de Oro. Foto: Especial
¿Por qué Destroyer?
Los padres de Don Alfonso, Antonio Sánchez y Ángela López, eran leoneses, nacidos en el Barrio del Coecillo, de origen humilde.
En 1921 se trasladaron a Tampico en busca de un mejor futuro. Allí abrieron la Zapatería Imperial, aprovechando el auge de los campos petroleros.
Ya en León, cuando iniciaron la fabricación de calzado y buscaron un nombre para la marca, decidieron llamarla Destroyer, en referencia al primer barco destructor que sirvió de base para la fabricación de buques durante la Primera Guerra Mundial.
DAR
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