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AM 29 Mar, 2026 06:00

Control de daños

Carlos Arce1

Cuando un navío sufre daños severos —especialmente si el impacto ocurre bajo la línea de flotación— un capitán experimentado no da discursos ni organiza festejos: ordena, de inmediato, el control de daños. Se identifican las vías de agua y se taponan. Así, sin poesía.

En política debería ser igual. Cuando un gobierno entra en crisis, lo primero es contenerla. Pero aquí suele ocurrir lo contrario: mientras el barco hace agua, la tripulación sale a cubierta a tocar música, confiando en que el ruido distraiga a los pasajeros antes del hundimiento. Eso es exactamente lo que estamos viendo.

La administración de Libia García comienza a resentir el costo de decisiones que nunca fueron gratuitas. Porque en política —aunque a veces se les olvide— todo se paga. Y más caro cuando, en lugar de corregir el rumbo, se opta por montar un espectáculo.

El problema se agrava cuando los encargados de “dirigir la orquesta” son personajes como Juan Pablo Pérez Beltrán y Samantha Smith. Difícil imaginar una peor selección. Bueno, quizá solo faltó sumar a Melanie Murillo para completar el cuadro.

Ahora pretenden convencernos de que aumentar un descuento del 35 % al 40 % en el peaje de la autopista Guanajuato-Silao, es una especie de acto de generosidad histórica. Como si esperaran que los ciudadanos salieran en estampida a agradecer el “ofertón”, entre aplausos y vítores a sus benefactores. La realidad es bastante menos festiva.

El secretario de Obra Pública, Juan Pablo Pérez Beltrán, no es un actor neutral. Su paso por la empresa VISE lo coloca, inevitablemente, bajo sospecha en medio de una concesión otorgada en condiciones más que cuestionables el último día del gobierno anterior. Y no solo eso: fue parte del propio aparato que diseñó ese esquema. Así que la pregunta es inevitable: ¿de verdad pretenden que confiemos en quien ayudó a construir el problema ahora nos venda la solución?

El paquete de promesas es amplio, casi desbordado: estudios, modernizaciones, embellecimientos, gestiones federales, evaluaciones integrales… una lluvia de compromisos que, en el papel, suenan a redención. En los hechos, parecen más bien un catálogo de distracciones. Porque el fondo del asunto sigue intacto: una concesión que huele mal desde su origen y que ahora intentan legitimar a base de anuncios y “beneficios”.

Como era de esperarse, Samantha, la alcaldesa, no perdió la oportunidad de subirse al escenario. Desde sus redes sociales intenta apropiarse del logro, como si todo fuera resultado de su intervención. Nada nuevo. Su oportunismo es tan constante como su desconexión con el ánimo ciudadano, que por cierto no mejora, aunque ella finja ignorarlo. ¿De verdad piensa que a estas alturas de su desgobierno alguien le cree? Seamos directos: ella y su esposo han sido los responsables directos de la tragedia cuevanense. Mejor despejen el camino.

Mientras tanto, a los guanajuatenses se nos pide entusiasmo. Que celebremos el obligarnos a pagar durante décadas una autopista entregada bajo sospecha. Que aplaudamos ser los patrocinadores involuntarios de futuros proyectos carreteros. Que agradezcamos lo que, en el fondo, es una carga eterna.

Eso sí, el futuro —nos dicen— será brillante: carreteras rehabilitadas, accesos modernizados, glorietas relucientes y un centro histórico embellecido. Todo perfectamente orquestado. Todo cuidadosamente anunciado. Solo queda una duda incómoda: ¿ya le preguntaron al INAH si están de acuerdo con tanta creatividad?

La famosa “evaluación integral” merece capítulo aparte. Porque si de verdad quieren credibilidad, no bastará con estudios internos ni diagnósticos a modo. Se necesita una auditoría seria, independiente, incluso internacional, que revise legalidad, transparencia, costos y beneficios reales. Una revisión forense, pues. Lo demás es simulación.

Reflexión final: la gobernadora aún tiene una oportunidad —estrecha, pero real— para salir de este enredo heredado. Pero no lo logrará con anuncios ni con descuentos cosméticos. El verdadero control de daños exige decisiones de fondo, no maquillaje.

Si de verdad quiere evitar el hundimiento, tendrá que dejar de escuchar a la orquesta y empezar a tapar los agujeros. Desde la ciudadanía podemos darle buenas pistas para salir del brete; solo si abre un espacio de diálogo que propicie una solución inteligente, basada en la honestidad. Recomendamos hacerlo pronto.

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