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El Diario 29 Mar, 2026 07:26

¿Cómo le pega a México la Guerra?

Cd. de México.- El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán dejó de ser un fenómeno lejano para México y comenzó a impactar de forma directa en su economía, seguridad energética y estabilidad interna, en un escenario donde expertos advierten que el País enfrenta una vulnerabilidad estructural frente a choques internacionales.

El alza en los precios del petróleo detonada por la tensión en el Golfo Pérsico ya presiona los costos de combustibles en México, particularmente el diesel y la gasolina premium, lo que golpea de inmediato a sectores estratégicos como el transporte de carga, la logística y la producción de alimentos.

El problema, coinciden expertos, no es el conflicto en sí, sino las debilidades internas. México produce petróleo, pero importa la mayor parte de los combustibles que consume, lo que lo coloca en una posición de alta exposición ante cualquier alteración en la oferta global.
Esa contradicción se traduce en presión inflacionaria y en un efecto dominó sobre toda la economía.

El diesel, considerado por especialistas como un insumo crítico, encarece el transporte, eleva los costos logísticos y termina trasladándose al precio de alimentos y productos básicos.

Más del 80 por ciento de las mercancías en México se transporta por carretera, lo que convierte al sector logístico en el primer receptor del impacto. A partir de ahí, la presión se traslada a la industria, el comercio y finalmente al consumidor.

El escenario se agrava por la falta de reservas estratégicas. México cuenta con apenas unos días de abasto de combustibles, lo que limita su capacidad de respuesta ante una disrupción prolongada en el mercado internacional.

A nivel fiscal, el Gobierno ha recurrido a estímulos al IEPS para contener el alza de precios, pero esto implica dejar de recaudar recursos, generando una presión adicional sobre las finanzas públicas.

En el plano de seguridad, el conflicto también abre un nuevo frente. Aunque el riesgo de ataques directos en México es bajo, especialistas advierten que el País puede convertirse en un punto de presión indirecta por su cercanía con Estados Unidos y por la presencia de redes criminales que podrían ser utilizadas con fines logísticos o financieros.
Además, la tensión internacional podría traducirse en mayores exigencias de cooperación por parte de Estados Unidos en materia de seguridad e inteligencia, en un contexto donde el combate al terrorismo y al crimen organizado convergen cada vez más.

'Encarece combustibles y presiona alimentos'

El impacto del conflicto entre Estados Unidos e Irán ya comienza a trasladarse a la economía mexicana más allá de los combustibles y amenaza con extenderse a productos básicos, en un efecto en cadena que podría presionar la inflación si la tensión internacional se prolonga.


"Si la guerra se prolonga, va a haber incrementos en precios de otros productos", alerta el economista Luis de la Calle, al advertir que el encarecimiento energético no se limitará a gasolinas y diesel, sino que impactará insumos clave para la producción.


Entre los sectores más expuestos se encuentran aquellos vinculados al gas natural, como fertilizantes, amoniaco y urea, lo que podría traducirse en presiones directas sobre el campo y la producción de alimentos.


El especialista explica que estos insumos son fundamentales para la actividad agrícola y que su encarecimiento se refleja rápidamente en los costos de producción, lo que eventualmente se traslada al consumidor.


Aunque el aumento en los precios del petróleo genera mayores ingresos para el Gobierno federal, el efecto en la economía interna es adverso, debido a la dependencia de México de combustibles importados.


"El impacto neto es positivo para las finanzas públicas, pero negativo para la economía mexicana", sostiene.


Indica que México produce petróleo, pero importa una proporción significativa de gasolinas, diesel y derivados del gas natural, lo que lo vuelve particularmente vulnerable a choques externos como el actual conflicto en Medio Oriente.

Esa dependencia implica que cualquier incremento en los precios internacionales se refleje casi de inmediato en los costos internos, especialmente en sectores estratégicos como el transporte, la industria y la producción agrícola.


En el corto plazo, el Gobierno ha intentado contener el impacto mediante estímulos fiscales como la reducción del IEPS, con el objetivo de amortiguar el alza en los combustibles. Sin embargo, De la Calle advierte que estas medidas tienen un alcance limitado.

Si el conflicto se extiende, el encarecimiento de insumos energéticos comenzará a impactar otras cadenas productivas, particularmente aquellas que dependen del gas natural como materia prima.


El efecto podría ser gradual, pero acumulativo: primero en costos industriales, luego en alimentos y finalmente en la inflación general.


A pesar de este escenario, el economista señala que México mantiene una ventaja relativa frente a otras regiones debido a su cercanía con Estados Unidos, donde los precios del gas natural son más bajos que en Asia o Europa.


No obstante, advierte que esta condición no elimina el riesgo interno.


"El principal riesgo es no entender la oportunidad", dice, al plantear que el País debe aprovechar este contexto para fortalecer su sector energético y reducir su dependencia de importaciones.


De lo contrario, México seguirá expuesto a un fenómeno que ya comenzó a manifestarse, principalmente en aumentos de precios en la canasta básica.


Alerta que el traslado de estos costos no sólo afecta a productores, sino que permea en toda la cadena de valor, por ejemplo, el aumento en fertilizantes y derivados del gas natural impacta desde la siembra hasta la distribución, elevando los precios en centrales de abasto y puntos de venta.


Además, el encarecimiento del diesel intensifica el efecto inflacionario.


Esto, recuerda, porque más del 80 por ciento de la carga en México se mueve por carretera, lo que convierte al combustible en un factor crítico para la estabilidad de precios.


En este contexto, sectores como el transporte, la industria manufacturera y el comercio minorista comienzan a resentir el impacto de manera simultánea, generando presiones que pueden amplificarse si el conflicto se extiende por semanas o meses.


De la Calle advierte que el Gobierno enfrenta un dilema: mantener estímulos fiscales para contener precios o preservar ingresos públicos.


La reducción del IEPS ayuda a amortiguar el impacto en el corto plazo, pero implica menores recursos para el Estado.


El escenario, dice, obliga a replantear la estrategia energética del país.

Apostar únicamente por la exportación de crudo sin fortalecer la capacidad de refinación y petroquímica mantiene a México expuesto a la volatilidad internacional.


"México debe reducir su dependencia de importaciones y fortalecer su capacidad productiva", plantea, al insistir que el contexto actual es una señal de alerta para acelerar cambios estructurales.


De no hacerlo, agrega, el País seguirá enfrentando un patrón recurrente: cada crisis internacional se traduce en presiones internas sobre precios, producción y consumo.

Riesgos de inflación y seguridad

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán no sólo está encareciendo los combustibles, sino que se ha convertido en un riesgo sistémico para México, con efectos que alcanzan la economía, la seguridad nacional y la estabilidad social, advierte el especialista en seguridad Eduardo Vázquez.


Desde una perspectiva estratégica, explica, la tensión en rutas clave como el Estrecho de Ormuz -por donde transita más del 20 por ciento del petróleo mundial- tiene un impacto inmediato en la oferta global y, por ende, en los precios internacionales del crudo.


El problema para México, dice, no es el conflicto en sí mismo, sino la combinación de ese evento con las debilidades estructurales del País, particularmente su dependencia de combustibles refinados en el exterior.


"México es productor de petróleo, pero depende de gasolinas y diesel importados, lo que lo vuelve vulnerable", señala.


Esta asimetría implica que cualquier alza en los precios internacionales se refleje de inmediato en el mercado interno. El impacto es especialmente crítico en el caso del diesel, que, más allá de ser un combustible, funciona como un eje de la economía nacional.


"El diesel es un vector de la economía: mueve mercancías, sostiene cadenas de suministro y permite la operación industrial", explica.


Más del 60 por ciento de la carga en México se transporta por carretera, lo que genera una dependencia directa de este insumo. Su encarecimiento incrementa los costos logísticos, presiona la distribución de alimentos y bienes esenciales, y termina trasladándose a la inflación.


El especialista advierte que este fenómeno puede escalar rápidamente hacia un problema de seguridad nacional, al generar tensiones sociales derivadas de la pérdida de poder adquisitivo y el aumento en los precios de la canasta básica.


"A mayor duración del conflicto, mayor probabilidad de efectos paralelos en distintos sectores", alerta.


Agrega que el impacto no es homogéneo. En una primera fase golpea al transporte y la logística; posteriormente alcanza a la industria, el comercio y, finalmente, a la producción de alimentos. Productos básicos como tortilla, huevo, leche y pollo podrían encarecerse ante el aumento en costos de producción y distribución.

A esto se suma el efecto en el transporte público y en la movilidad urbana, donde el consumo de diesel es elevado. El incremento en costos podría derivar en ajustes tarifarios o mayores subsidios, con consecuencias sociales y fiscales.


El Gobierno ha recurrido al IEPS como mecanismo de contención para evitar incrementos abruptos en combustibles; sin embargo, Vázquez alerta que este instrumento tiene límites y genera presión sobre las finanzas públicas.


"Los subsidios muestran que la estabilidad interna depende de la capacidad fiscal del Estado para absorber impactos externos", señala.


En el plano de seguridad, el conflicto también amplía los riesgos.

Aunque México no es un objetivo directo, su cercanía con Estados Unidos y su papel en flujos migratorios y comerciales lo convierten en una zona de interés estratégico.


El especialista advierte sobre la posibilidad de que redes criminales transnacionales puedan ser utilizadas como plataformas logísticas o financieras en escenarios de conflicto, así como el riesgo de operaciones indirectas contra intereses estadounidenses en territorio mexicano.


No obstante, considera que el mayor riesgo inmediato no es un ataque directo, sino fenómenos como ciberataques, campañas de desinformación o acciones de influencia digital que puedan afectar infraestructura o percepción pública.


En este contexto, subraya la importancia de fortalecer la inteligencia preventiva y la cooperación internacional,

especialmente con Estados Unidos, en materia de contraterrorismo.


En el ámbito económico, el conflicto también genera efectos mixtos. El aumento en los precios del crudo puede beneficiar a Pemex y a las finanzas públicas en el corto plazo; sin embargo, este efecto es limitado por la dependencia de importaciones de combustibles.


"El beneficio es engañoso, porque también aumenta el costo de importación", advierte.


Además, el Gobierno enfrenta un dilema: contener los precios mediante subsidios o preservar ingresos fiscales. Si el conflicto se prolonga, la presión sobre el balance público podría intensificarse.


Para Vázquez, el principal riesgo para México es la combinación de inflación energética, presión fiscal y vulnerabilidad estructural.

Expone vulnerabilidad de México

El conflicto en Medio Oriente ya comenzó a impactar a México en múltiples frentes, desde el encarecimiento de combustibles hasta riesgos en seguridad nacional, en un contexto que evidencia la fragilidad estructural del País frente a choques internacionales, advierte Humberto Valverde Prado, especialista del Centro de Estudios en Seguridad, Inteligencia y Gobernanza del ITAM.


"México no puede escapar a la dinámica global de escalada de los precios de los energéticos", señala, al explicar que, aunque el País no depende directamente del petróleo de Medio Oriente, sí está atado a un mercado internacional altamente sensible a tensiones en puntos estratégicos como el Estrecho de Ormuz.


El problema de fondo, sostiene, es la dependencia energética.

México importa más de la mitad de los combustibles que consume, lo que lo coloca en una posición vulnerable ante cualquier alteración en la oferta global.


Esa exposición ya se refleja en el mercado interno. En cuestión de semanas, el diesel aumentó más de 6 por ciento y la gasolina Premium cerca de 7.4 por ciento, impactando directamente sectores estratégicos como el transporte de carga.


Alerta que los cárteles mexicanos pueden ofrecer infraestructura logística y territorial a redes internacionales, aprovechando la debilidad institucional.


"El interés central es hacerse de recursos para financiar sus actividades y usar la frontera como puerta de entrada al vecino del norte", expone, al señalar que esta convergencia entre crimen organizado y actores internacionales introduce un componente adicional de riesgo para México.


El efecto no se detiene ahí. El encarecimiento del transporte se traslada a la distribución de alimentos, bienes básicos y productos industriales, generando una presión que permea en toda la economía.


A esta situación se suma una debilidad crítica: la falta de reservas estratégicas. México cuenta con apenas alrededor de seis días de abasto de combustibles, lo que limita su capacidad de respuesta ante una crisis prolongada.


"Es una de las mayores vulnerabilidades en términos de seguridad nacional", alerta.


El especialista también cuestiona la narrativa de autosuficiencia energética. Aunque se han impulsado proyectos como la refinería de Dos Bocas, la producción nacional de crudo ha caído y la capacidad de refinación no opera al máximo, lo que mantiene la dependencia de importaciones.

En el ámbito geopolítico, el escenario también podría traducirse en mayores presiones de Estados Unidos sobre México. Bajo una lógica de seguridad ampliada, Washington podría exigir mayor cooperación en inteligencia, control territorial y combate a amenazas transnacionales.


A nivel fiscal, el impacto ya es tangible. Para contener el alza en combustibles, el Gobierno ha aplicado estímulos al IEPS, lo que implica dejar de recaudar cientos de millones de pesos diarios y presiona las finanzas públicas.


El País enfrenta así una paradoja estructural: exporta petróleo, pero importa combustibles en mayor proporción.


"México importa aproximadamente el triple de lo que exporta en valor de productos petroleros", señala Valverde, lo que agrava el déficit en un entorno de precios altos.


El impacto también alcanza las cadenas globales. El Golfo de México es una ruta estratégica por la que circula una parte significativa del comercio marítimo de fertilizantes, lo que incide directamente en el campo y en los precios de alimentos.


Para el especialista, el conflicto evidencia que la seguridad nacional debe entenderse más allá del ámbito militar.


"El concepto de seguridad nacional debe analizarse desde un enfoque mucho más multidimensional", sostiene.


En ese sentido, advierte que alteraciones en los mercados energéticos pueden detonar efectos en cascada: inflación, presión fiscal, tensiones sociales y riesgos de gobernabilidad.


"Entender el mundo como sistema complejo implica reconocer que cualquier intervención tiene el potencial de producir efectos desestabilizadores", concluye.

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