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Radar Inteligente
El Economista 29 Mar, 2026 23:55

¿Les quedó mal el carpintero?

No me trago eso de que la inteligencia artificial viene por todos nosotros. Menos ahora que descubro hacia dónde va el dinero que también puede cambiarnos el planeta.

He tenido mala suerte. A uno le confié una pequeña mesa de diseñador a la que se le había quebrado una pata. Vino por ella y por un pequeño anticipo; prometió repararla en unos días. No supe más de él ni de la mesa.

Otro carpintero me quedó mal con un par de piezas que habría de trabajar con resina epóxica. El presupuesto inicial subió exponencialmente cada semana, al punto que le pedí mejor detener el trabajo y pasé por lo que había.

Insisto, debí toparme con quien no debía. Estoy seguro de que la mayoría de los carpinteros son gente confiable.

Ahí quedó la experiencia y no pensé mucho más en carpinteros, hasta que la semana pasada conocí una compañía que trabaja para ellos.

No solo eso: es una empresa que atrae la atención de fondos de inversión conformados por dueños de family offices que buscan oportunidades en tecnología profunda (deep tech) capaces de dar ganancias de alto rendimiento en el largo plazo. Quizás a otra escala, pero que multipliquen el dinero como lo hicieron en su momento los proyectos de los Zuckerberg o los Musk.

Ignoro cuál sea el destino de la startup The Lumber Manufactory (TLM) y si llegue a tener éxito o fracase, pero de entrada me abrió un dato desconocido: cada vez hay más árboles. Sí, cada vez más.

“Cada año, nuestros bosques crecen (en Estados Unidos) y reabastecen un volumen enorme de madera, renovando así uno de los recursos más importantes del país”, advierte el sitio web de la compañía.

Revisé. En efecto, hay 119% más árboles que en 2007 y, por cada árbol que se tala, crecen dos nuevos, de acuerdo con la North American Forest Foundation.

Ojo: si ustedes van con frecuencia a Home Depot, ya saben que los mexicanos dependen de esa producción ante la falta de una industria maderera integrada en el país.

Pero esa abundancia de madera no ha ido acompañada de una expansión proporcional de la capacidad de los aserraderos. ¿Resultado? Un desajuste estructural: abundan troncos, faltan sistemas de fabricación para transformarlos en madera procesada.

Sobre esa hipótesis, TLM desarrolló una startup que muy probablemente está usando IA, pero que en lo esencial no se separa de lo que provoca el nacimiento de cualquier empresa industrial: busca un problema, corrígelo, vende el servicio.

Ellos presumen estar construyendo una red de aserraderos, diseñando cada uno en función de las características de su región (perfil de la madera, logística, mano de obra y demanda de los clientes), todos con una plataforma tecnológica estandarizada que les pertenece.

El resultado del negocio debe provocar paralelamente bosques más saludables e impulsar el crecimiento de economías rurales. Muy lejos de la presencia de Sam Altman.

Seguiré el futuro de TLM, a la par de Woodgenix, una empresa instalada en Yucatán que ha venido ampliando sus instalaciones.

¿A qué apuesta? A resolver problemas de carpintería. Fabrican cocinas.

Desde 2019, esta compañía de capital emprendedor chino abrió y amplió dos veces sus instalaciones en los municipios de Umán y Kanasín. El anuncio más reciente, de hace tres años, contempló una inversión de unos 15 millones de dólares.

Sus clientes están en distintas partes del mundo occidental, donde la mayoría de la gente tiene entre 25 y 50 años.

En México, ese nicho está en crecimiento ante el paulatino envejecimiento poblacional que habrá de darse a partir de 2030, cuando los centennials se conviertan en treintañeros.

Entiendo la preocupación por la llegada de la IA a la economía actual, pero critico el pánico.

¿No será que estamos distraídos en lugar de buscar problemas para resolverlos? Abunda el agua, pero falta la potable; faltan nuevos materiales y nueva atención de la salud…

Ya estaré hablando aquí de esos temas, que esta columna es precisamente para revelar Parteaguas.

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