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Quadratin 30 Mar, 2026 05:20

¿Te afecta?

Siete mil millones: entre el delirio y la oportunidad

“En política, el problema no es cuánto dinero hay, sino en qué se decide gastarlo.”

Siete mil millones de pesos. Dicho así, suena abstracto, lejano, casi irreal. Pero en Puebla esa cifra no es fantasía: es el tamaño de decisiones que pueden cambiar el rumbo de un estado… o enterrarlo en otro monumento al ego.

Porque seamos claros: con ese dinero no alcanza para todo. Y ahí empieza el verdadero problema. Gobernar no es repartir, es elegir. Y elegir implica renunciar.

En Puebla hemos visto de todo: ciclopistas elevadas que nadie pidió, distribuidores viales que resuelven un crucero y colapsan tres más, parques bonitos para la foto pero abandonados al año siguiente. Obras que no nacen de la necesidad, sino del capricho. Del aplauso inmediato. Del corte de listón.

Siete mil millones alcanzan para hacer historia… o para repetir errores.

Con ese dinero podrías construir hospitales y dejar de condenar a miles de poblanos a esperar horas —o días— por atención médica. Podrías llevar servicios de salud a regiones donde hoy enfermarse es prácticamente una sentencia. Pero eso no luce tanto como el concreto. No genera renders espectaculares.

Tan solo el Instituto Mexicano del Seguro Social gastó 7,400 mdp en la construcción de cuatro hospitales grandes.

Con ese recurso, podríamos construir dos hospitales grandes, con entre 200 y 300 camas, y quizá entre tres y cinco clínicas de especialidades.

También podrías transformar el transporte público. No parches, no rutas improvisadas, sino un sistema digno que reduzca tiempos, contaminación y caos. Pero eso implica enfrentarse a intereses, a concesionarios, a inercias políticas. Y eso cuesta más que dinero: cuesta voluntad.

Incluso, podríamos tener las líneas 5, 6 y 7 de RUTA en Puebla, además de corregir los errores de la línea 4.

También se podría destinar ese dinero a crear un tren Puebla–Cholula–Atlixco, o Puebla–Cholula–Huejotzingo, que conecte con el aeropuerto.

O podrías irte por lo “seguro”: más obras viales, más distribuidores, más carriles. El eterno ciclo de construir para los coches mientras la ciudad se vuelve cada vez más inhabitable para las personas. Pan para hoy, tráfico para mañana, producto de la demanda inducida.

Y luego está lo que casi nunca se prioriza: el agua. El problema silencioso. El que no da votos hasta que estalla. Con siete mil millones podrías empezar a resolver fugas, tratamiento y captación. Podrías evitar que el futuro de Puebla sea abrir la llave y que no salga nada. Pero claro, eso no se inaugura con banda y mariachi.

También podrías apostar por algo más ambicioso: educación, tecnología e innovación. Preparar a Puebla para competir, no solo para sobrevivir. Pero eso no se ve en tres o seis años. Y aquí gobernar suele medirse en sexenios, no en generaciones.

Otra opción sería crear entre cinco y diez parques urbanos nuevos, para que las colonias populares tengan acceso a áreas verdes y reducir, aunque sea un poco, la desigualdad ambiental, donde los más privilegiados cuentan con mayor acceso a la naturaleza y espacios de esparcimiento, mientras que los más desprotegidos no cuentan ni con un solo árbol.

La pregunta no es qué se puede hacer con siete mil millones. La pregunta es qué tipo de gobierno tenemos.

Uno que reparte el dinero en pequeñas obras para que todos “queden contentos”, aunque nada cambie de fondo.

O uno que apuesta por un proyecto grande, incómodo, transformador, aunque no todos aplaudan.

Porque al final, el presupuesto es un espejo. Refleja prioridades, pero también revela miedos.

Y en Puebla, demasiadas veces, el miedo a no ser popular pesa más que la responsabilidad de ser útil.

Siete mil millones no son solo una cifra.

Son una oportunidad brutal.

Ojalá, por una vez, no se desperdicien en lo de siempre.

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La entrada ¿Te afecta? se publicó primero en Quadratín Puebla.

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