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Quadratin 30 Mar, 2026 07:41

Tiempos Modernos: UAEM, se abrió la puerta

Sin ánimo de idealizar, vale la pena reconocer algo que también ocurrió el viernes pasado: las autoridades universitarias, y en particular la rectora, mostraron una actitud respetuosa, congruente y sensible frente a sus interlocutores. No hubo gestos de soberbia ni intentos de imponer condiciones. Hubo disposición a escuchar, a seguir protocolos definidos por los estudiantes y a sostener un diálogo en términos de igualdad. En un contexto donde la distancia entre autoridades y comunidad suele ser abismal, ese comportamiento no es menor.

Sin emoción de más, pero con la claridad de que algo significativo sucedió, lo del viernes fue histórico: por primera vez en la UAEM contemporánea, un grupo amplio de estudiantes fue escuchado públicamente por sus autoridades. No como trámite, no como simulación, sino como parte de un proceso formal, con reglas, tiempos y compromisos.

Los liderazgos que vimos —con el rostro cubierto por razones que no necesitan explicación— no surgieron de la nada. Son fruto de un proceso orgánico, de semanas de organización interna, de discusiones, de acuerdos y desacuerdos. Jóvenes que tienen claridad sobre lo que quieren, pero también sobre lo que no están dispuestos a ceder. Que llegan con ánimo de negociar, sí, pero también con sus irreductibles. Y eso, lejos de ser un obstáculo, es parte natural de cualquier movimiento social que se toma en serio a sí mismo.

Y hubo algo más, quizá lo más revelador del encuentro: la democracia radical que ejercieron los estudiantes. Cada vez que un tema tensaba la conversación, lo ponían a votación ahí mismo. La mayoría de los puntos se aprobó sin mayor conflicto, pero hubo uno que no. Y entonces pidieron un receso para escucharse entre ellos. Ese gesto —pausar, deliberar, regresar con una postura colectiva— mostró que nadie estaba ahí por sus cualidades personales, sino en representación de otros. Una práctica política que, en su sencillez, dice mucho sobre la legitimidad del movimiento.

Lo del viernes dejó anécdotas que ayudan a entender el clima del encuentro, más allá de los documentos y los comunicados.

1. La banqueta como sala de espera. Fuimos los primeros en llegar y nos tocó esperar sentados en la banqueta. Nada solemne, nada ceremonioso. Y, sin embargo, ese gesto inicial —dejarnos entrar por considerarnos un punto “objetivo”— marcó un tono: el de un proceso que intenta cuidarse a sí mismo.

2. La credencial de la rectora. Cuando la Resistencia pidió a todos los funcionarios tener a la mano su credencial de la UAEM o la INE, la rectora dijo: “Ah, la dejé en la bolsa, voy por ella”. La joven que la recibía se rió: “No, rectora, con usted no tenemos ese problema, sabemos que es usted, pase”. Risas de ambos lados. Un pequeño momento que relajó el ambiente y permitió que la mesa iniciara sin tensiones innecesarias.

3. El punto que casi empantana todo. El tema del plan para salvar el semestre tensó la conversación. Para la administración, la fecha de regreso a clases es crucial para cumplir con los plazos oficiales. Para la Resistencia, hablar de regreso antes de resolver sus exigencias es inaceptable. Ahí pudo romperse todo. Pero se logró avanzar dejando el tema abierto, con la urgencia —eso sí— de definir plazos claros. Fue un equilibrio delicado, pero funcional.

4. Un convenio histórico. La UAEM publicó el acuerdo de no represalias para el estudiantado participante en el movimiento. No es un gesto menor. Es vinculante y tendrá efectos reales en la relación entre estudiantes y profesores. Es un paso que, sin resolverlo todo, sí marca un antes y un después en la cultura institucional.

5. Lo que sigue. Ambas partes salieron relativamente satisfechas. No porque todo esté resuelto, sino porque se abrió una puerta que llevaba años cerrada. Lo que viene será largo, complejo y lleno de resistencias internas. Pero ya hay un camino. Y urge seguirlo, incluso en vacaciones.

El viernes no fue una victoria total para nadie, ni un cierre, ni un punto final. Fue, simplemente, un día en el que la universidad decidió escucharse. Y eso, en tiempos como estos, ya es un avance enorme.

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