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El Economista 31 Mar, 2026 01:52

Una provocación para la banca central

Cayó en mis manos un interesante libro que ofrece el punto de vista de la ciencia política sobre los bancos centrales. La autora es Manuela Moschella, profesora politóloga de la Universidad de Boloña, y el título es “Unexpected Revolutionaries: How Central Banks Made and Unmade Economic Orthodoxy”. Esencialmente, el texto es una reinterpretación heterodoxa, audaz y provocadora del papel de los bancos centrales en las últimas décadas. Desafía la visión ortodoxa que tradicionalmente ha predominado de que son organizaciones tecnocráticas y políticamente neutrales, diseñadas para lograr la estabilidad de precios y controlar la inflación. En ese paradigma, la independencia formal se consolidó como dogma. Pero sostiene la autora que esa autonomía no fue una garantía de estabilidad inmutable, sino una reputación que las propias instituciones debían proteger frente a crisis económicas sucesivas.

El mensaje de la autora puede resultar doblemente perturbador para los ortodoxos: por un lado, cuestiona la idea de que la independencia es una isla de racionalidad técnica aislada de la política y, por otro, sugiere que la política monetaria moderna está profundamente entrelazada con las estructuras de poder y legitimación democrática. Afirma: “la política monetaria no es puramente técnica. Es una construcción institucional dinámica que equilibra estabilidad, autonomía y legitimidad”.

Para Moschella, la crisis financiera de 2008 y la pandemia del COVID-19 fueron un parteaguas para que varios bancos centrales adoptaran políticas no convencionales (como la expansión cuantitativa), que ampliaron significativamente su poder e influencia. Su tesis central es que estos cambios no fueron simples ajustes técnicos, sino movimientos estratégicos para proteger su reputación y mantener autoridad en contextos de alta incertidumbre política y económica. En ese proceso, los bancos centrales “hicieron y deshicieron” la ortodoxia económica.

Si hipotéticamente la doctora Moschella se reuniera con la Junta de Gobierno del Banco de México, seguramente les diría: son una institución que los define como actores políticos con capacidad de moldear el marco institucional, intelectual y práctico de la política económica contemporánea, más que como meros guardianes neutrales de la estabilidad de precios. Su propia supervivencia institucional dependería de saber cuándo ajustar la ortodoxia sin declararlo explícitamente y de que, ante posibles crisis futuras (climática, financiera global, fragmentación comercial), el Banco debería ampliar su mandato de facto.

En conclusión, “Revolucionarios inesperados” es una lectura provocadora que desafía la narrativa tradicional sobre los bancos centrales. Al mostrar cómo estas instituciones han moldeado y reformado su propia ortodoxia en respuesta a presiones políticas y económicas, el libro invita a reconsiderar que las fronteras entre tecnocracia y política no son tan claras como muchas veces se piensa y que comprender a los bancos centrales exige atención tanto a su rol institucional como a su función en el entramado político global contemporáneo. El libro abre las puertas a un interesante debate para pensar en cómo serán los bancos centrales en los años futuros.

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