La opacidad también es tóxica
El Gobierno federal está minimizando el impacto ambiental del derrame de petróleo en el Golfo de México.
De acuerdo con los últimos reportes, el derrame ocurrió desde principios de febrero cerca de una plataforma de PEMEX; sin embargo, oficialmente no se ha identificado su origen y, por lo tanto, tampoco se ha informado si la fuga de crudo continúa o si ya fue controlada.
La organización Corredor Arrecifal reportó el pasado 21 de marzo que, hasta el momento, se han encontrado sin vida siete tortugas marinas, dos delfines, dos manatíes y un pelícano.
Hasta hace una semana se contabilizaban 26 sitios que no habían recibido ningún tipo de atención. De acuerdo con el portal contra la desinformación Verificando, la mayoría de las acciones del gobierno se concentraron en playas turísticas, mientras que las zonas sin población visible fueron dejadas de lado.
Justamente en estas áreas sin presencia humana es donde las tortugas anidan. Por ejemplo, la tortuga lora, una especie protegida, inicia su anidación en marzo y la extiende hasta septiembre. Por otro lado, la tortuga carey y laúd, también especies clave, comienzan este proceso en abril. ¿Dónde van a dejar sus huevos?, ¿cuántas tortugas marinas han muerto realmente?
Las tortugas marinas no son las únicas afectadas; también se desconoce el estado de más de cien arrecifes coralinos y rocosos impactados por el derrame de crudo.
Al menos 16 mil familias dependían de la pesca y ahora llevan por lo menos un mes sin poder trabajar. En la desesperación por retirar el chapopote del agua, habitantes de las costas desde veracruzanos hasta tabasqueños, así como organizaciones civiles, se han organizado para limpiar el crudo, pero sin el equipo adecuado.
El crudo es altamente tóxico para la salud. Provoca dolores de cabeza, mareos, vómitos, problemas respiratorios e incluso afecta el sistema hormonal y el inmunitario. La gente se está intoxicando mientras intenta salvar los 630 kilómetros de litoral.
Aunque en los últimos días han surgido campañas para donar cabello y absorber el crudo, la organización especializada Matter Of Trust emitió un comunicado el pasado 25 de marzo en el que explicó que no existen condiciones para implementar esta medida de forma segura y efectiva. Esto se debe a que la población no cuenta con los permisos ni el equipo adecuado, por lo que intentar absorber el petróleo con cabello representa un riesgo para la vida. Además, la organización detalló que, debido a la alta viscosidad del crudo, la forma más adecuada de retirarlo es mediante palas y herramientas especializadas.
El derrame en el Golfo de México nos afecta a todos, no solo a Tabasco y Veracruz. Puebla recibe mariscos de zonas costeras del Golfo y, más allá de ello, el desastre impacta a largo plazo en todo el país.
Los arrecifes ayudan a limpiar el agua, sirven como refugio y zonas de crianza para numerosas especies, y funcionan como barreras naturales que reducen la erosión costera. Las tortugas marinas, por su parte, controlan la población de medusas y esponjas, además de que los cascarones de sus huevos aportan nutrientes esenciales a la vegetación costera.
Lo que ocurre en el Golfo de México no es un episodio aislado ni un daño colateral menor: es un síntoma de la forma en que se administra o se evade la responsabilidad ambiental en el país. Minimizar el derrame, retrasar la información y concentrar los esfuerzos donde hay reflectores no solo agrava el desastre ecológico, también expone a comunidades enteras a riesgos sanitarios y económicos que podrían evitarse.
Cada tortuga que no llega a anidar, cada arrecife cubierto de crudo y cada familia que pierde su sustento son piezas de una misma factura que, tarde o temprano, todos terminaremos pagando. Negar la magnitud del problema no lo hace desaparecer; al contrario, lo hunde más profundo, como el petróleo que hoy contamina el mar y evidencia que, frente a la emergencia, la opacidad también contamina.
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