Hace unos días tuve la oportunidad de visitar el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Nuevo León (IEEPC), en Monterrey. Más allá de la visita institucional, fue una experiencia que me dejó pensando en algo que a veces damos por sentado: la forma en que se presenta la información pública también es una forma de hacer política. Y, en ese sentido, lo que conocí ahí me pareció digno de atención.
Durante la visita se presentó el Micrositio de Estadística Electoral, una herramienta que, en términos sencillos, permite consultar información electoral de manera clara, ordenada y, sobre todo, útil. No estamos hablando únicamente de datos sueltos, sino de bases de datos y análisis que abarcan desde el año 2000 hasta la actualidad. Lo interesante es que esta información no se queda en lo general, sino que permite ver, con cierto nivel de detalle, quiénes han sido candidatos y candidatas, su edad, su sexo y si pertenecen a grupos históricamente en situación de vulnerabilidad, como personas con discapacidad, de origen indígena, de la diversidad sexual o jóvenes.
En este sentido, el micrositio incluye resultados electorales desagregados por distintos niveles, así como datos sobre participación ciudadana, lista nominal, casillas instaladas y votación recibida. Incluso cuenta con un glosario que ayuda a entender mejor los términos técnicos. Puede parecer un detalle menor, pero no lo es, porque cuando la información es comprensible, se vuelve verdaderamente accesible.
Como académico y como alguien que constantemente analiza temas políticos, no pude evitar pensar en lo útil que resulta una herramienta así. Para investigadores, estudiantes, analistas, partidos políticos o instituciones públicas, contar con datos organizados de esta manera facilita mucho el trabajo. Pero lo más importante, a mi juicio, es que no está pensada únicamente para especialistas. Cualquier ciudadano con interés puede entrar, revisar y formarse una opinión con base en información concreta.
Y aquí es donde me parece que está el fondo del asunto. El acceso a la información no es solo un derecho que aparece en los textos legales; es una condición básica para que la democracia funcione mejor. Una ciudadanía que tiene acceso a datos claros y confiables está en mejores condiciones de cuestionar, de exigir y también de participar. Sin información, la participación se vuelve limitada y, en muchos casos, superficial.
Por eso, inevitablemente, pensé en mi estado: Chihuahua. En el Instituto Estatal Electoral de Chihuahua sería muy pertinente avanzar hacia una herramienta de este tipo. No se trata de copiar modelos, sino de entender que hay buenas prácticas que pueden adaptarse a nuestra realidad. En un contexto donde la desconfianza hacia las instituciones es un tema recurrente, abrir la información y facilitar su consulta puede ser un paso importante para reconstruir la confianza con la ciudadanía.
Aunado a lo anterior, no hay que perder de vista que en 2027 habrá elecciones en varios estados del país, incluido Chihuahua. Llegar a ese momento con información ordenada, accesible y concentrada en un solo espacio no solo sería útil, sino necesario. Nos permitiría entender mejor nuestro pasado electoral y, sobre todo, tomar decisiones más informadas hacia el futuro.
Salí de Monterrey con una idea bastante clara: la democracia no solo se construye en las elecciones, sino también en la manera en que se genera, organiza y comparte la información. Y ahí todavía tenemos mucho por hacer.
Quiero aprovechar para agradecer al Dr. José Fredman Mendoza, de la Universidad de Monterrey, por la invitación, así como a la Dra. Beatriz Adriana Camacho, consejera presidenta del IEEPC, por el recibimiento. Este tipo de espacios de diálogo siempre dejan algo valioso.